Juan Saliquet, una jornada con Carlos León

Carlos León

“Cuando Kurosawa recibió su Oscar, dijo: ‘Recién ahora estoy empezando a ver la posibilidad de lo que podría ser el cine, y es demasiado tarde. Tenía 83 años. En ese momento, pensé: ‘¿Qué querrá decir?’ Ahora sé lo que quiso decir”. Martín Scorsese. 

Ayer visitamos el estudio de Carlos León que a sus 76 años está floreciendo en una plenitud cercana a la perfección en cada pieza, las pruebas de color son constantes, acordes a la constante metamorfosis de los elementos vivos. El pálpito de sus últimas obras son el canto del Cisne, el más bello y sofisticado cántico de la naturaleza en un autor que no ha parado de desentrañarse en sus esencias y óxidos desde que comenzara su aventura hace 55 años. Con 76 y mirándole ya de frente a la muerte, el reciente Medalla de Oro a las Bellas Artes no tiene necesidad del miedo, ni de sus dudas e incertidumbres, se atreve a todo y se embarca diariamente en el trabajo, jornadas interminables de trabajo, en la epopeya total de sus sentidos, en la plena madurez del éxtasis de su rejuvenecida existencia, enfrentar a la muerte rejuvenece, liberada así, de todo lo que entorpece su pleno fluir.

Su pintura, ya de por sí sofisticadísima, se bate a sí misma, se desnuda y se esparrama como un sonajero metafísico en la madera cruda que absorbe instantáneamente los pigmentos dotándolos de una presencia que palpita. La representación, entonces, se hace cuerpo, las sucesivas capas y veladuras , la filigrana del engaño, se encarna al ser absorbida por la madera, mate, sin barniz, su nuevo soporte, que le presta su materia viva. La luz se ilumina de color y no al contrario: llevar al límite, exprimir “el estado de tal éxtasis” como el estado más dotado de vida de las cosas produce tal estallido en la materia de la pintura que esta explota en luz coloreada, la luz se expande en nebulosas de color que caen sobre el claroscuro, encharcándolo de vida. No asistimos a una representación sino a su éxtasis!. Lo que tenemos enfrente no es un cuadro, es el fluir del mismo, como una lluvia que no cesa. Es así como se produce otro estallido y su inmediato sortilegio y es que la luz nos revela ahora toda la evocación que la abstracción puede suscitar en la materia y entonces, al revés que en Velázquez, al acercarnos al magma de la pintura, a lo minuto, asistimos al milagro de la creación de las formas, los paisajes entre brumas se vislumbran, las escenas cuajan, los bosques aparecen con el fluir de los ríos, en sus meandros y el baile ditirámbico de difuminados y fugaces personajes que aparecen y bailan, la expresión del vuelo de los pájaros entre nubes y cielos, la vida, que empieza a brotar del caos en sus infinitas formas, frente a nosotros, la más pura herencia veneciana!

3 thoughts on “Juan Saliquet, una jornada con Carlos León

  1. Una experiencia maravillosa narrada desde el deleite de los sentidos. El Studio de Carlos es el Museo escondido de los alrededores de Madrid y Segovia. Todo un tesoro escondido

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