
Santos Trullo. Palomo 1976.
David Trullo.
Diario de un discurso amoroso: el hombre
Por Jesús Gironés
DOS PREGUNTAS A DAVID TRULLO
I
¿Que huella crees que te dejó Eiichiro Sakato?
-Libertad y disfrute. Él decía: “tú dispara”. Algo saldrá.
II
¿Y Duane Michalls?
-Que lo importante está fuera de la foto.
David Trullo cierra un círculo en ECCE HOMO absorbiendo, vampirizando el legado de su padre y la Tauromaquia, en que se entrelazan ejemplarmente eros y thánatos, dialogando con el mundo griego del erómeno y el erastés. Un espacio industrial -la galería- se convierte en un templo en el que se hilan y cosen mitos, como almazuelas, y cuerpos penetrados por las relaciones de
poder y el deseo. Y lo poético de las fotografías de David, ese desnudamiento de los modelos que de alguna manera los convierte en esclavos. Nos esclaviza con su mirada.
Ecce homo es una frase latina que significa “he aquí el hombre”, y según narración del evangelio de san Juan, la pronuncia Poncio Pilato al mostrar a Jesús a la multitud coronado de espinas, malherido y ensangrentado. Es el título elegido para la última exposición de David Trullo, que fusiona y culmina tres líneas de trabajo.

David Trullo. Fin de siglo, 2016.
1.
En 2016 David Trullo realiza una instalación sublime -“Findesiglo”- (https://albordedelderrumbe.blogspot.com/search?q=david+trullo) que, a lo largo de estos años ha sido un proyecto camaleónico y esencial, de instalación fotográfica que ha ido creciendo y configurándose, renaciendo, en diferentes espacios como Arriaza11/Estudio Roberto González Fernández o Est-Art
Space, hasta que 10 años después se convertirá en el “findesiglo” del Centro Niemeyer: “En el Centro Niemeyer, las obras de Trullo rehuyen los mecanismos que sostienen el relato al uso y, en lugar de plegarse a una cronología, se abren a imaginar una biografía compartida entre la memoria íntima y la memoria social. Así, señalan la fragilidad del archivo y su inclinación a
domesticar la experiencia o convertir la vida en un inventario dócil que pretende fijar lo que se resiste a ser fijado.
Consciente de que toda narración es un artificio, el artista propone un espacio movedizo para que lo personal y lo público se enfrenten en un simbólico campo de batalla. Sus imágenes no buscan ilustrar, sino interpelar”. (Ángel Antonio Rodríguez, ABC)
2.
Desde que se dedicó a poner en valor el archivo de su padre, Santos Trullo, siguió dos líneas: por un lado exposiciones exclusivamente de su progenitor, proyecto con gran éxito. Las dos últimas: “1975. Cambio de tercio”, que a través de la Red Itiner de la CAM se mostró durante 2 años en más de 20 municipios madrileños y culminó en “Cambio de Tercio. Tradición y transición en el Archivo Santos Trullo 1970- 1980”, en el centro cultural Galileo y en fecha tan simbólica como san Isidro. Una lectura de la obra paterna contextualizada en la época en que surge, finales del franquismo y primera democracia, que el paso del tiempo ha convertido en un documento sociológico de unos tiempos en que la corrida era una reunión de personalidades y famosos varios. En las fotos de Santos Trullo aparecen Amparo Muñoz, Umbral, Cela, Gloria Fuertes, Lola Flores, Forges, Massiel, Sara Montiel, Camilo Sesto, Antonio Buero Vallejo o Ana Diosdado.
No nos dimos cuenta que la transición también se vertebró en lo taurino. Y matadores, claro. Y toreras que
luchaban por un lugar en la plaza.
3.
Y luego una serie de exposiciones mixtas en que la obra de hijo y padre dialogan, juegan, se entremezclan, así la fantástica “Que te coma el tigre. Conceptual folclórico desde la transición”, en Cafebrería ad Hoc, en la que aprovechaba para reutilizar las imágenes paternas y las revistas en las que publicaba y confrontarlas con su propio trabajo, con gran sentido del humor. Escribí sobre la inauguración, arrebatado: “Apoteosis Trullo!!! Fantástica la inauguración de David Trullo comisariada por
Luis Francisco Pérez en Cafebrería ad Hoc.
Un homenaje a la obra de su padre, Santos Trullo (Madrid, 1938-1984), fotoperiodista que trabajó para prensa general (ABC, Arriba, Pueblo) y publicaciones especializadas (El Ruedo, El Toreo, El Trapío) entre finales de los 60 y principios de los 80. Su obra -más de 20.000 negativos- refleja la sociedad madrileña de la época. De su lectura, artista y comisario -cómplices- recrean una fiesta con una banda sonora alegre y sofisticada y muy pop también, en la que la obra de David es un contrapunto fascinante,
en el que se muestra discreto en esta carta de amor al padre fallecido demasiado pronto.
Eros revolotea por la muestra con esa mirada tan personal de David, junto a la sensualidad de toreros y folklóricas.
Gracias por el placer queridos. Porque además es una exposición a la que hay que volver”.

David Trullo . ECCE HOMO
¿De dónde viene un vínculo tan fuerte con la fotografía de su padre? David Trullo lo explica muy bien: “Aprendí fotografía al revés. A los 12 años hacía de ‘pinche de laboratorio’ a mi padre, fotorreportero taurino que en ese momento trabajaba para la revista ‘El Ruedo’. Era una revista semanal, y había que sacar el trabajo a toda velocidad. A mi padre le venía muy bien mi ayuda, y yo estaba encantado. A tan tierna edad ya sabía revelar película y hacer copias con la ampliadora, pero apenas había usado una cámara. Supongo que todo aquello influyó en mi mirada como ‘fotógrafo’, porque nunca me encontré cómodo con la categoría. Mi padre murió prematuramente en 1984, y entré en la Facultad de Bellas Artes en 1987, donde volví al cuarto oscuro. Había heredado sus cámaras y material de laboratorio, que utilicé sin apenas renovar el equipo fotográfico hasta que abandoné definitivamente la fotografía analógica en 2002”.
Con ECCE HOMO David Trullo consuma ambas líneas de trabajo y hace, una vez más, una apuesta deslumbrante creando un oratorio laico en un espacio industrial. Él, que bebe del catolicismo, del misticismo y de la cultura grecolatina y sus mitos y otras mitologías. Ya lo decía Emilio Sanz de Soto: “Se exige pues una doble realidad. Un doble rostro de un mismo rostro ́, que nos recuerda un Dalí aún muy joven. Todo ello nos lleva tan lejos que nos perdemos en nuestra propia identidad. Y esa pérdida es la que provoca en la cultura española esa natural profanación que nos permite una elevación espiritual que funde y confunde dioses, cristos o vírgenes en seres carnales. Seres en los que el deseo ́ adquiere su mas sublime `realidad ́ surgiendo así ese misticismo laico que nos faculta para andar por las alturas como andamos por casa, llegando incluso a perderle el miedo a lo sagrado, a jugar con lo sagrado, a imaginar con ellos, a travestirlos”. (David Trullo. Héroes, Sala El paso, Centro Municipal de las Artes, Alcorcón, mayo 2004).

ECCE HOMO subvierte muchos órdenes, podría ser vista como un extraño cortejo de erómenos y erastés. Es un clásico el homoerotismo del toreo, la admiración que provoca el torero en la cuadrilla, erótico religiosa, se podría decir. Aunque en la exposición los toreros, representan una virilidad estandar, en suspenso por la herida, por la convalecencia, o por cierta chulería “varonil”, que se presupone. Los toreros juegan el papel de erastés quizá en un cortejo suspendido, mientras que los erómenos, traspasados por diversas poéticas, dirigen el discurso.
De alguna manera, creo que David hace un amoroso diálogo con su padre, absorbiendo su trabajo, apropiándoselo en un discurso queer, o más allá: “Y el sexo no quedará atrapado en ninguna tipología. No habrá, por ejemplo, mas que homosexualidades, cuyo plural burlará todo discurso constituido, centrado, hasta tal punto que parezca inútil hablar de ellos”. Roland Barthes [cita elegida por Mario Merlino para HOMOSEXUALIDADES, El Foro de Pozuelo, 2006].
Algunos torerillos, o aprendices, o maletillas estarían directamente en el lado de los efebos, junto con el propio artista, en algunas imágenes perturbadoras, con una gran fuerza visual. Son muchas las que atrapan por la belleza de ese tiempo que los condenó a una juventud eterna, siempre actual, siempre renovada.
En David puede decirse que todo está desde el principio. Escribe en 1993: “Las fotografías son exhaustivas de un momento. No se ocupan de lo que ocurrirá después, y por eso se pueden hacer incómodas o adorables. Escrutan cada sujeto encuadrado a sangre fría según sus canones infranqueables y perfectamente definidos, entre el blanco y negro absolutos.
Así cada espectador modela y se encarga de proporcionar una evolución a sus fotografías, que se decidieron estáticas y necesariamente invariables, y que ahora forman parte de un pasado, una Historia a voluntad: es posible enterrarlo, resucitarlo, adornarlo, recortarlo, falsearlo, dignificarlo, adorarlo o condenarlo”.
ECCE HOMO
TRULLO & TRULLO
Garage Bonilla. c/ Morenés Arteaga, 15. Madrid.
Hasta el 18 de julio

