
Xoana Almar: la antropología del mural, diálogos entre paredes y pueblos
Por Sara Marseglia.
Xoana Almar es una muralista gallega con casi veinte años de trayectoria, con trabajos en Galicia y por diferentes pueblos y ciudades españolas y europeas. Sus obras no se imponen sobre los espacios: dialogan con ellos, los interrogan, los transforman desde dentro.
Hablar con la artista es descubrir un recorrido nada convencional. Desde pequeña siempre estuvo dibujando, pero nunca estudió pintura ni Bellas Artes de manera formal. Xoana estudió Antropología Social y Cultural en Granada, y fue precisamente allí donde entró en contacto con el mundo del mural: «La ciudad estaba llena de grafiti y murales, y la sensación que tenía cuando los veía es que quería hacerlo. Siempre me gustó la pintura en gran formato y pintar las paredes, mis amigas tenían murales míos en sus pisos y en casa de mis padres aún sigue uno que hice hace bastante más de 20 años”. Para canalizar ese deseo, se apuntó a un curso de ilustración en la escuela de arte pública de Granada. «Aunque en aquel momento no me lo creía mucho, desde 2008 empecé a pensar en la ilustración, en la pintura, de manera profesional: no tanto como algo que hacía yo sola en casa, sino a rodearme de gente, a hablar mucho de pintura y ver que opciones había para vivir de ella».
Su formación en Antropología, lejos de quedar atrás, se convirtió en una herramienta de trabajo. «A quien no le gusta entender el mundo que le rodea? La Antropología me parece una carrera muy interesante para entender como nos moldea nuestra cultura, empatizar con otras y cuestionar y dudar sobre todo lo que entendemos por normal». Hoy, cuando va a pintar a un pueblo, la primera etapa es siempre conocer algo el sitio: hablar con la gente, escuchar. De ese proceso emergen las relaciones del lugar: los oficios, las leyendas, las creencias.

De vuelta a Galicia tras sus años en Granada, Xoana encontró un contexto favorable. «En Galicia en 2012 había una ola que empezaba a crecer: se iniciaban festivales de muralismo y conocimos a gente que pintaba y los organizaba formando un grupo que continúa a día de hoy, ayudándonos y compartiendo experiencias y amistad. Soy consciente de la suerte de vivir ese contexto” En 2013 junto a otro muralista y una amiga constituyó “Cestola” una cooperativa de pintura que marcó su forma de entender el oficio y en la que sigue trabajando a día de hoy.
El proceso creativo en los murales varía mucho según el medio. El espacio es parte de la obra porque la condiciona. «Por ejemplo, en Pontevedra pintamos un palomar: tienes un formato de muro circular y empiezas a pensar en historias cíclicas, o a veces tienes un muro muy vertical u horizontal… También influye el entorno: en una ciudad el mural compite con todo el ruído visual; en una aldea siento más presión porque vas conociendo a los y las vecinas, sabes que es importante para ellos/as, y por supuesto los tienes mirando: va a ser un cambio en su espacio».
En cuanto a las influencias, la artista destaca lo importante que fue alejarse de Galicia durante la década de los veinte. Al volver, se reconectó con más fuerza con pintores y pintoras locales: Isaac Díaz Pardo, Luis Seoane, Maruja Mallo. A esa raíz gallega se suman muralistas mexicanos, la cartelería soviética y muralistas e ilustradoras e ilustradores actuales. Un rasgo distintivo de su obra es la representación de las mujeres —las gallegas, pero en realidad todas— de forma fuerte y tranquila a la vez. «Me gusta representarlas independientes, fuertes, pero también disfrutando, tumbadas, leyendo, descansando, pasmando… Quiero decir, que no tienes que estar siempre fuerte y trabajando».
Tras casi dos décadas de actividad, Xoana no es capaz de elegir una obra favorita. Lo que sí tiene claro es que el camino continúa: «Noto que estoy en el camino que me gusta, que voy aprendiendo, pero quiero llegar a otro punto y estoy en ese proceso». Cada obra abre una dirección nueva: el proceso creativo, como sus murales, se autoalimenta.

