
Abosolut by Piro en CAN. Foto: José A. Salgado.
MEDIAS TINTAS Y CLAROSCUROS. EXTREMADURA EN LA SEMANA DEL ARTE.
Por Julio C. Vázquez Ortiz
ARCO continúa siendo una de esas citas que marcan la agenda del arte contemporáneo en España. A pesar de la acumulación de programas, bienales y eventos de calado regional, nacional o internacional a lo largo y ancho de nuestra geografía estatal, seguimos empeñados en tomar la feria y sus satélites como termómetro del estado del arte cuando debe serlo, pero del mercado del arte. Ciertamente, la acumulación de instituciones artísticas y culturales repartidas entre galerías, editoriales y demás distribuidoras comerciales también nos aboca a ello, hacia este flujo de análisis escritos que pretenden arrojar luz sobre la heterogénea acumulación de stands.
En este sentido, la llamada a la tranquilidad formulada por su directora, Maribel López, parece encajar con la bajada de tono —in minor key— que lanzaba, unos meses antes, la Bienal de Venecia. Moderación que corre el riesgo de encubrir una maniobra de equidistancia frente a los conflictos globales, lo que, de algún modo, así se ha reflejado en ARCO y sus satélites. Más difícil es, en este caso, reconocer si responde a una estrategia consciente o a un progresivo desgaste mediático después de 45 años de feria. Si repasamos la fórmula, no parece haber cambiado mucho. Por ejemplo, la Galería ADN, habitual foco de las polémicas, continúa trayendo a sus pesos pesados del arte político; los retratos de líderes mundiales en actitudes comprometidas siguen apareciendo (en esta ocasión, lideresas, de mano de la artista afgana Kubra Khademi), mientras que los rituales institucionales en clave mediática, como la inauguración por parte de los reyes, se mantienen en las mismas condiciones de siempre. Sin embargo, la percepción general apunta a una pérdida de impacto, sin controversias que lleven al gran público el debate sobre el arte contemporáneo y la actualidad.

Proyecto Extremadura en ARCO. Foto: José A. Salgado.
Y entre toda esta situación, las instituciones públicas de periferias buscan hacerse un hueco entre galerías, coches en promoción y marcas de bebidas, con mayor o menor suerte. Por allí asoman las instituciones extremeñas, algunas nuevas y otras reincidentes, pero siempre relevantes para un territorio sediento de igualdad de oportunidades en la profesión, y que ponen de manifiesto tensiones recurrentes entre fórmulas de representación y los diferentes grados de compromiso con el territorio. Así, este año surgía Proyecto Extremadura, un stand impulsado por las fundaciones Caja Extremadura y Caja Almendralejo; y hasta aquí su vínculo con el la región. Una instalación del madrileño, residente en Estados Unidos, Daniel Canogar, sobre la migración de las aves extremeñas centraba el espacio, junto al anuncio de futuros talleres con comisarios y artistas no extremeños, de tal manera que el testimonio regional quedaba reducido a las fundaciones que lo promovían y al apropiacionismo del título. Por su parte, la Diputación de Badajoz renovaba su apoyo a la creación local por tercer año consecutivo, aunque reincidiendo en errores que parecían superados en 2025. La propuesta, bajo la misma dirección artística que en 2024, volvía a evidenciar un criterio inocente y una sobrecarga expositiva que dificulta la lectura de las obras y, más aún, de la intención proyectual, resucitando los fantasmas que provocaron la crítica unánime hace dos años. Cuestión que queremos entender ajena a los artistas participantes Carmen de Matos, José Luis Hinchado, Juan Sebastián González y Roberto Maqueda. En definitiva, dos formas diferentes de provincianismo que cavan el agujero del arte extremeño en la misma dirección: debilitar su proyección en contextos de visibilidad exterior.

Diputación de Badajoz en ARCO. Foto: José A. Salgado.
Frente a ello, bastaría con atender a la labor de las galerías extremeñas para identificar modelos más consistentes en cuanto a criterios de profesionalidad y responsabilidad territorial. Un caso es el de la galería pacense Ángeles Baños, que apuesta de nuevo por Abel Jaramillo como vínculo extremeño, enlazado a su vez con su reciente individual en la Sala de Arte El Brocense de Cáceres. Junto a él se levanta un proyecto con conciencia de territorios y realidades compartidas al que se unen artistas de Marruecos (Abelardo Gil-Fournier) y Portugal (Pedro Barateiro) para analizar la banalización del término sostenibilidad, que oculta problemáticas ecosociales en las que cada autor se encarga de profundizar. En una línea similar, las extremeñas de nacimiento Pilar y Mayte Castellanos, desde su galería madrileña Formato Cómodo, continúan consolidando su trayectoria y la de la artista pacense Victoria Gil, cuya proyección institucional ha encontrado siempre mayor respaldo en Andalucía, como demuestra su reciente adquisición para las colecciones públicas andaluzas durante ARCO.
Otro caso de buenas prácticas es el del nuevo proyecto galerístico afincado en Plasencia, Beatriz Pereira, el cual, con el mismo gusto por las cosas bien hechas y un criterio contrastado, reunió a dos de las artistas de media carrera más interesantes del oeste estatal, Beatriz Castela y Virginia Rivas, en su stand de Art Madrid. Una propuesta arriesgada por la unión de dos pintoras con lenguajes divergentes que, lejos de generar disonancia, constata cómo la diversidad formal no está reñida con el rigor profesional, sino que el buen hacer puede materializarse en resultados de éxito. En esta misma feria aparecía la obra del cacereño José Macías con la galería barcelonesa Uxval Gochez, y que repite también en Hybrid en un nuevo experimento galerístico online, Espacio difuso. Apoyado también por la Diputación de Badajoz, este proyecto insiste en el falso canon de «cuanto más, mejor» ya visto en el stand institucional de ARCO. Una acumulación sin argumento aparente impide valorar con calma la propuesta de los artistas, inviable en una habitación abarrotada, agravado por el formato hotelero de la feria, que aporta aperturismo a la par que requiere un esfuerzo extra en la composición expositiva. El proyecto contó con la participación de Adela Carranza, Antonio Oliveira, José Macías, José Luis Hinchado —que hace doblete en los apoyos de la Diputación de Badajoz— y Lorenzo L. Lumeras, quienes, de nuevo, preferimos considerar ajenos a estas problemáticas.

Fernando Tinoco con SC Gallery en CAN. Foto: José A. Salgado.
Por su parte, el paso del pintor cacereño Adrián Ssegura por JustMAD contrasta con la presentación del libro de Daniel Muñoz, Un tratado en torno al dibujo de contacto, que eleva el tono de la participación extremeña en esta feria, la cual, en su conjunto, parece reflejar el desgaste señalado al principio del artículo. La innegable experiencia que acerca la cita a las veinte ediciones consecutivas desprende, a la vez, cierta sensación de estancamiento; probablemente lo intrincado del espacio, el número de galerías, o la unión de ambas cosas, sea algo que sus responsables revisen en próximas ediciones.
Un panorama que parece renovar la vitalidad de CAN —heredera de Urvanity—, donde la participación extremeña adquiere una visibilidad más transversal. Artistas jóvenes como Lola Zoido, Miguel Ángel Cardenal o Fernando Tinoco participan en proyectos colectivos, mientras que, de nuevo, Daniel Muñoz presenta un solo project en la galería Gabinete de dibujos. A lo que sumar la intervención de Mr. Piro en el diseño del stand promocional de Absolut, por el que ya pasó Lola Zoido años atrás, ampliando la presencia extremeña hacia el ámbito del diseño.
El balance, en definitiva, es de claroscuros. Una escena extremeña que oscila entre la desubicada inercia institucional y la solidez de ciertas prácticas independientes, pero cuyos números acaban por certificar la reincidencia en desequilibrios vergonzantes:
18 artistas extremeños participantes.
12 hombres.
6 mujeres.


«….El formato hotelero de la feria, que aporta aperturismo a la par que requiere un esfuerzo extra en la composición expositiva..»
Las ferias de arte son solo UNA de las ventanas de oportunidad que tienen los creadores para darse a conocer. Quienes deciden qué se puede considerar creación artística «contaminan» el centro y la periferia por igual, y quizás allí esté el meollo del asunto.