
Jordi Teixedor. Foto. Ramón C.S.
JORDI TEIXIDOR. HOMENAJE A LA ABSTRACCIÓN PICTÓRICA
Por Ramon Casalé Soler
“Puro dibujo es una abstracción. El dibujo y el color no son contrarios, todo en la naturaleza es color”
Paul Cézanne
“El negro es al mismo tiempo un color y un no-color. Cuando la luz se refleja en el negro, la transforma y transmuta. Abre un campo mental propio”.
Pierre Soulages
En la Sala Alcalá 31 de Madrid se está celebrando No-res, exposición del pintor valenciano Jordi Teixidor, considerado uno de los artistas más representativos del expresionismo abstracto español. De hecho, se trata de una pequeña retrospectiva, ya que las obras abarcan el periodo 1965-2025. La propia arquitectura del edificio permite que en las dos plantas dedicadas a mostrar las obras se puedan exhibir cuadros de grandes dimensiones, lo que permite observarlos cómodamente gracias a la amplitud de las salas. Asimismo, se exponen obras sobre papel, ensamblajes y esculturas.
El comisario es el crítico de arte gallego Ángel Calvo Ulloa que ha reunido una cincuentena de obras, además de 30 cuadernos de trabajo que sirven para profundizar en el tratamiento de sus creaciones contribuyendo a conocer más de cerca cómo piensa y reflexiona el artista. De hecho, es la primera ocasión que estos cuadernos aparecen en público. Algunos de estos proyectos no se llevaron a cabo, pero sí que representan su ideario.

Jordi Teixedor. Foto. Ramón C.S.
En el centro de la sala principal se han ubicado los cuadernos y a su alrededor y en el primer piso se encuentran el resto de obras, que no siguen un orden cronológico concreto. Además, hay un apartado denominado la capilla, cuya finalidad es la de ser un espacio de reflexión y meditación en el que, en este caso, se han colocado tres enormes cuadros a modo de tríptico, aunque separado por las paredes.
Jordi Teixidor (Valencia, 1941) reside en la capital de España desde hace más de cuatro décadas. Anteriormente estuvo dos años viviendo y trabajando en Nueva York gracias a una beca otorgada por la Fundación Juan March. Su obra se ha expuesto en diversos museos y fundaciones, entre ellos el Guggenheim de Nueva York, el IVAM de Valencia, el de Arte Abstracto de Cuenca, el UNAM de Ciudad de México, la Fundación Juan March de Palma de Mallorca y el Centro de Arte Santa Mónica de Barcelona. Estuvo presente en la Bienal de Venecia de 1976 a través de la exposición España: Vanguardia artística y realidad social. 1936-1976. En 2014 se le concedió el Premio nacional de Artes Plásticas del Ministerio de Cultura.
De todos modos, su primera retrospectiva fue a principios de los 90 en el Palau dels Scala de Valencia, organizada por Artur Heras con motivo del X Premio Alfons Roig de la Diputación de Valencia, que engloba el período 1975-1991, de la que Vicenta Jarque en El País, señalaba que lo importante se basaba en “la huella del pincel sobre la tela, la presencia hipnótica del color y la determinación de los confines en los que se hace posible la compleja experiencia que nace de todo ello”.
Se formó en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. Su primera exposición individual tuvo lugar en su ciudad natal, concretamente en la Sala Mateu. Durante los años 1966 y 1967 fue conservador del Museo de Arte Abstracto de Cuenca, relacionándose con el grupo de Cuenca, o sea, Fernando Zóbel, Gustavo Torner y Gerardo Rueda.

Jordi Teixedor. Foto. Ramón C.S.
Su obra destaca por representar la abstracción desde diversas maneras de expresión, tanto si son a partir del empleo de un solo color, en este caso el negro, tal como hacia Pierre Soulages, o de varios como por ejemplo figuras del expresionismo abstracto americano y del minimalismo: Ad Reinhardt, Barnett Newman o Mark Rothko, entre otros, sobre todo durante su estancia en Estados Unidos.
La primera vez que tuve la oportunidad de conocer su obra fue en 1987 con motivo de una exposición que hizo en la galeria madrileña Soledad Lorenzo, en que mostraba obras de 1986 y 1987. Francisco Calvo Serraller comentaba que en “su obra actual hay una búsqueda de tensión figurativa, no tanto por lo que en ella literalmente se pueda considerar elementos anecdóticos, sino de quebramiento de lo puramente atmosférico, de un cromatismo delicuescente y una ingravidez compositiva”.
Respecto a No-res hace referencia al concepto de la nada que, según el propio artista, se trata que a partir de “la ausencia total es donde nace la posibilidad de una presencia”, o lo que es lo mismo, es una incitación a la reflexión mientras se forja un paréntesis entre la obra y el artista.
Como se exponen un gran número de obras, solamente haremos mención a algunas que hemos considerado más representativas de cada momento creativo. Hay algunos óleos de 1978 y 1994, que Margit Rowell, exdirectora de exposiciones de la Fundación Miró de Barcelona de finales de los 80, los relacionaba con el Color-Field, preguntándose “¿Dónde está la textura que asociamos con la pintura española?, y ¿Dónde están los gestos, los contrastes de colores agresivos, las imágenes abstractas, surrealistas o descaradamente políticas?. Se refiere a cuatro obras monocromas, dos de ellas de color amarillo y dos de neutras. Tienen la particularidad de que una sucesión de líneas horizontales ocupa todo el espacio del cuadro. Se advierte, pues, su interés por el minimalismo.

Jordi Teixedor. Foto. Ramón C.S.
Curiosamente del mismo período hay una serie de dibujos en negro donde se aprecia un gestualismo muy exacerbado que ocupa todo el papel, evocando a Franz Kline y Hans Hartung. En cambio, de 2010 hay un conjunto de seis óleos sobre papel en los que la línea vertical -sea gruesa o delgada- pintada en negro es la protagonista, aunque lo importante es la disposición de cada una de ellas en una superficie de color blanco.
Para Teixidor es esencial la figura de la cruz mostrándola a modo de T, que se refiere al apellido del artista. De alguna manera la podríamos relacionar a la T tapiana, en clara alusión a su mujer Teresa. Por ello la aparición de la cruz, es “un aspecto formal de una horizontal con una vertical (…) puede estar esquinada, puede ser más larga la horizontal que la vertical, pero es una constante y, efectivamente, no eludo la relación que se pueda establecer con la cruz”. Un claro ejemplo de ello es un óleo sobre lienzo pintado en 2010 donde la base horizontal es de color negro y encima aparece un cuadrado de color rojo situado en medio de la pieza.
El óleo sobre lienzo En el Jardín ,1974, está dividido en cuatro partes, tres horizontales y una vertical. A nivel cromático es más suave respecto a etapas posteriores. Aquí representa un paisaje, aunque no lo parezca. En cambio, si la comparamos con otras realizadas veinte años más tarde o incluso más recientes, solamente surge un solo color: el rojo. Un rojo que se acerca cada vez más a lo espiritual, próximo al Mark Rothko de los campos de color rectangulares con unos contornos ilimitados.

Jordi Teixedor. Foto. Ramón C.S.
La aparición de las cruces, por decirlo de alguna forma, surgen en varias piezas pintadas en negro y gris que invocan lo inmaterial desde la óptica pictórica, de la que Marilyn Zeitlin, directora del Museo de Arte de la Universidad Estatal de Arizona, observa que no existe una “tentativa de lectura narrativa ni análisis formal que consigan aclararlo”. La presencia de Ad Reinhardt, conocido principalmente por sus pinturas negras, aunque desde diferentes tonalidades, se hace patente en este tipo de piezas.
Respecto al espacio denominado la capilla al que hemos aludido anteriormente, el artista ha dispuesto tres obras de gran tamaño en las que predomina el negro, que aparece mediante unas bandas horizontales y verticales, tanto en el centro como en uno de los lados del cuadro.
Finalmente hay un políptico pintado totalmente de negro del que Teixidor comenta que “el negro acaba siendo no un símbolo sino “persona” en el cuadro. Casi nunca funcionan los símbolos en la pintura, tampoco en la poesía, si lo hacen es como escuela, como actitud.” Relaciona el negro con la pintura española, desde El Greco a Goya y Solana, pasando por Velázquez, aunque en realidad la figura de Soulages se hace bien patente en esta obra que forma parte de la colección del artista y que debería exhibirse permanentemente en un museo.

