
Irene Zottola. Desplomes y revuelos, 2025. Cortesía Blanca Berlín
Desafío personal luminoso de Soledad Córdoba y flashback terrenal de Irene Zottola en la galería Blanca Berlín
Por César Serna
Tras la resaca artística de la fiesta del Arte en la capital, se retoma el calendario programado. Blanca Berlín, emblemática galerista y galería en la cuca plaza del limón, presenta, a dúo, la propuesta de jóvenes creadoras contemporáneas como Soledad Córdoba (Avilés, 1977) e Irene Zottola (Madrid, 1986).
La primera con Ad Lucen, la oscuridad se abre paso, que viene a ser un tránsito. Un viaje en sí, interior, que trata de contagiar en esencia, en origen. Hacia un destino llamado luz, claridad emocional. Desde las tinieblas, muy del significado de la época en la que estamos, Cuaresma. El trayecto de la ceguera a la visión. Hacia ése incandescente brillo natural, después de haber experimentado el desgarro, la pérdida acompañada de dolor.
Para ello, esta doctora en Bellas Artes por la Complutense y profesora de dibujo en la Universidad de Zaragoza, se apoyo en anteriores trabajos ahora reformulados en un solo renacer: Devastación (2015), Trilogía del alma (2019) y Mater Oblatio (2024),. Una línea que atraviesa diferentes conceptos que viene a concluir en el proceso inherente de la vida.

Soledad Córdoba. LUCESCENTIA I. 2025-2026. Cortesía Blanca Berlín
El esfuerzo reconocido a través de residencias artísticas internacionales (Université de París, TATE Britain o The Hyman Kreitman Research Center en Londres) trayectoria premiada. El eterno dilema del reinventarse o morir, quemar para liberarse, aunque en este caso, desde la óptica personal con su cuerpo y la fotografía como herramienta de trabajo, lo denomina sanar. La fuerza innata que todos llevamos dentro, que ayuda a superar las adversidades innatas de la vida. Una huida hacia delante. El destino.
Cuatro fotografías de gran formato y un audiovisual (video HD Ed5+2PA) columna vertebral de la muestra que constituye el origen de esta fábula, marcada por la ruina, la fractura literal (una rama de madera que ella quiebra) dando motor a la muestra, y el consiguiente colapso, no solo físico, donde se dan cita tintas pigmentadas en papel baritado sobre dibond, de extrema delicadeza, o papel Kozo Thin. Así como dos instalaciones Transmutación III y IV (obra única, pertenecientes a la serie Trilogía del alma) en cristal y pan de oro de 4 y 6 piezas respectivamente.

Soledad Córdoba.TRILOGÍA DEL ALMA. Cortesía Blanca Berlín
Hasta llegar a esa ansiada luminosidad que actúa como bálsamo personal, donde el concepto de maternidad, la capacidad de crear una nueva vida se aborda desde una perspectiva poética, un leitmotiv en su carrera. Un proceso universal de tránsito que es en sí, el verdadero sentido de la obra.
Sufrir para poder sentir la verdadera felicidad de nuevo. No implica una renuncia total al doloroso pasado, sino el hecho, el origen, del que a través de éste llegamos a la sanación pura. A esa Luz que aporta calma y esperanza al ser. Pero como en todo buen viaje que se precie, hay una parada introspectiva (pieza de Trilogía del alma), un área de meditación, una escala técnica para retomar fuerzas y proseguir el camino inicial donde los dos mundos que refleja, el terrenal y espiritual, casi onírico, se avituallan.

Irene Zottola. Dónde estás, 2024. Cortesía Blanca Berlín
No con esto, la galería aborda otra reflexión hecha muestra, la de Irene Zottola, que bajo el titulo Lejos de la Tierra se podría decir que viene a deshacer el camino recorrido antes. Es decir, un flashback terrenal, una retrospectiva, donde el destino es el punto de partida y la estación final, el germen del mismo. Como el andar de los cangrejos.
Esta educadora social, ha trabajado con diferentes colectivos con discapacidad utilizando la fotografía como terapia, ya que concibe la palabra al unísono en importancia con la imagen, fruto de la mucha lectura, con un trayecto estructurado también en tres fases, basado en su experiencia creativa (exposiciones, festivales en Italia, Marruecos…) que se cimentan en el dejarse llevar. Tomando como vehículo emulsiones liquidas en papel de fibra, baritado, japonés Hokusai (6 gm.) en caja americana con y sin cristal.
Asistimos así a un particular desinfle del mundo vivido por la artista. Espacios que ya componen el organigrama viajero de su memoria, que actúan como recuerdo resorte.
Con instalaciones en suspensión que vienen a determinar la volatilidad de su naturaleza. Como canticas o poemas que recorren el espacio de la galería arropados por el resto.

Irene Zottola. Desplomes y revuelos, 2025. Cortesía Blanca Berlín
Donde el mito de Ícaro (premio recibido junto a otros como el certamen Fotocanal) , el pájaro volador derretido que se encarna ahora en guía turístico y nos conduce a su antojo y recuerda la fragilidad de volar, la importancia de la moderación y el desquite de arrogancia, la fugacidad hecha metáfora, y el deseo de mantener siempre las buenas ideas, los pensamientos, que Zottola transfiere a la experiencia humana. A través de las imágenes que materializa.
Los brochazos nos recuerda a diálogos vegetales alternativos donde se mimetizan y confunden el ser humano con la naturaleza viva. “Cada imagen es una hoja, un poema, juntas una arboleda”, señala la artista de varios trabajos editoriales en Lumen, La Bella Varsovia o la revista Fisheye. En la muestra, álbum “Langt Fra Jorden” (2024) resultado de la colaboración con el músico danés ojeRum.
Dos maneras distintas de afrontar quizá un mismo sentimiento: el viaje de la vida. Una huida hacia delante, huyendo de un pasado pesadilla en busca de un destino sanador donde la luz es la estación anhelada o el punto de partida hacia el origen, retroceso, dejarse caer y fluir en un movimiento constante hacia ese pasado, somos lo que vivimos, que nos marca y determina el destino final soñado.

