
El tejado pintado de Lluís Fuster
Han pasado 25 años desde que el artista mallorquín Lluís Fuster decidió revivir una antigua tradición de la arquitectura popular de la isla: la decoración de las tejas de los aleros con motivos pintados a mano. Esta costumbre, que fue común durante siglos, aún se puede ver en algunos edificios del valle de Sóller, donde se conservan varios ejemplos. Fuster, quien siempre había sentido una conexión especial con esta práctica, encontró la oportunidad perfecta para llevarla a cabo durante la reforma de la fachada del edificio que alberga su estudio, en el número 6 de la calle Set Cantons de Palma, un lugar que también acoge El Mirador. «Desde que las vi, siempre quise pintar algo así», recuerda el artista, quien propuso su idea a los propietarios y recibió su aprobación para realizarla.
La tradición de pintar tejas se remonta, al menos, al siglo XVI. La pieza más antigua documentada data de 1525, mientras que las más recientes son de 1889. Los motivos que se solían representar eran sencillos y a menudo estaban relacionados con elementos de la naturaleza, como el sol, la luna, animales, plantas o formas geométricas. El color que predominaba era el rojo almagre, que se aplicaba directamente sobre la teja o al fresco sobre una capa de cal. Una curiosidad de esta técnica es que la medida del dibujo solía corresponder al palmo de la mano del maestro de obras, lo que le daba a cada pieza un carácter personal y único. Algunos estudios sugieren que esta costumbre podría estar influenciada por tradiciones musulmanas presentes en la isla.
Fuster no ha sido el único artista contemporáneo que ha mostrado interés por esta forma de expresión artística. Otros creadores como Luis Castaldo, Jaume Piña, Paco Lorente y José María Sicilia también han reinterpretado esta técnica en sus obras. Con su intervención en Palma, Lluís Fuster no solo ha rescatado una técnica decorativa que estaba en desuso, sino que también ha ayudado a revitalizar una parte del patrimonio visual de Mallorca. Al integrar estas tejas pintadas en el paisaje urbano actual, ha devuelto la visibilidad a una tradición casi olvidada, conectando el pasado artesanal de la isla con la sensibilidad contemporánea.

