
Elena Gual, vibrante minimalismo femenino como elección natural
Por Cesar Serna
En la antesala de la semana grande del Arte en la capital, la siempre distinguida y pizpireta Arma Gallery, de gran proyección internacional,apuesta, de nuevo, por una de sus artistas fetiche, Elena Gual.
La joven insular (1994) de la tierra de la ensaimada, la sobrasada y el Binissalem, formada con sumo acierto en técnicas tradicionales en Italia, imprime su idiosincrasia mediterránea y vuelve a la batalla artística con un nuevo relato contemporáneo , que bajo el epígrafe El orden y el brote, se sumerge y explora de nuevo el intríngulis del cuerpo en femenino, su cuerpo, como un cerebro donde se almacena lo que han sido, son o serán las mujeres rostro que hablan de su inquietud, marcadas por la firmeza y fuerza, junto a la diversidad de un geométrico y ampuloso trazo, reconocido a simple vista, que se convierte en la piel del lienzo y son sin duda y, de manera intencionada, su seña de identidad.
Dato curioso es que no es fruto de la casualidad, sino generado por una “alteración alérgica” que le aleja del común uso del óleo lo que le lleva a dominar la técnica del empaste (pintura muy espesa generando texturas tridimensionales, volumen y relieves visibles, engrosado con geles, que captan la luz, ya utilizada por grandes como Van Gogh, Rembrandt e impresionistas varios) y el magistral uso de la espátula, su arma corporal prolongada de trabajo.

Un escenario que trata de condensar toda la energía que derrocha. De estirar la forma y la materia. No en vano, vuelve a apostar por el King size en el formato, quizá por la influencia british que derrocha, de sus relevantes estudios en el Central San Martins y Royal College of Arts de Londres, aunque también hay algún pequeño guiño al estándar, pero quizá se sienta más cómoda en el vasto mar del espacio dónde esas energías confluyen, chocan entre sí, se saludan y resuelven las diferencias para retoman su hábitat natural, el fluir de la corriente artística.
En este punto, el color juega un papel decisivo y destacado, presencia y dominio, siendo el rojo, quizá por el significado que encierra de su fuerza plena, su pasión por las cosas, y el carácter de advertencia o lo prohibido que derrocha el predomínate, aplicado incluso en los fondos, seguidos de unos verdes y tonalidades tierra desvaídos como alegoría al campo mallorquín o recuerdos vividos en sus múltiples viajes alrededor del mundo, buscando la esencia pura del sentir femenino, sin olvidar el azul celeste que evoca y envuelve el cálido cielo de la isla.

Destaca también, con una rabiosa presencia, casi como el anuncio de una esperada primavera, los llamativos adornos florales de muchas de las piezas a modo de paisajes íntimos, en complementos y vestimenta. Un canto a la belleza de la mujer en particular y el ser humano en general, cual flor, símbolo de libertad efímera, que se marchita, pero vuelve a renacer una y otra vez, la fuerza plena de la Naturaleza en sí, que nace en su interior y traspasa el lienzo, contagia, casi con su aroma la vibrante sala llena de esplendor con pequeños bouquet que embellecen si cabe más la muestra y la personalidad de esta incansable creadora de sentimientos.
Las delicadas y sutiles líneas del trazo Gual evocan la vuelta a un minimalismo anhelado que trata de buscar un equilibrio perdido, una armonía a la que da sentido la geometría aplicada en Arquitectura. Sin duda un buen aperitivo, ¡ojo! muchas de las obras ya están reservadas, antes del atracón artístico (ferias, exposiciones, debates…) que se nos avecina.
El orden y el brote, Elena Gual
Arma Gallery, calle Valverde, 30 entreplanta derecha. Madrid.
Hasta el 17 de abril de 2026.

