
LLUÍS HORTALÀ. ANTE LA LEY
Del 27 de Febrero al de 31 Mayo 2026
CGAC. Centro Galego de arte contemporánea
Rúa Valle Inclán, 2. Santiago de Compostela
Comisario, Santiago Olmo
La obra de Lluís Hortalà, ( Olot, Girona 1959) se presenta como un juego entre engaños y certezas, sumergiendo al espectador en el intrigante mundo del trampantojo. Con una meticulosa atención al detalle, este artista crea pinturas de un realismo extremo que no solo capturan texturas y brillos con una precisión asombrosa, sino que también logran evocar la sensación del tacto y, en ocasiones, la fría temperatura de la piedra. A primera vista, su trabajo puede parecer un despliegue de técnica impecable; sin embargo, detrás de esa superficie virtuosa se esconden significados profundos. Cada una de sus obras cuenta una historia, tejiendo una red de conexiones que invita a reflexionar sobre la historia, y, de manera fundamental, sobre la historia de la pintura y la cultura.
La evolución de su trabajo tiene un punto de partida significativo en sus series de principios de los años 2000, donde el paisaje montañoso que solía explorar como alpinista se convierte en su principal objeto de estudio. Su interés no se centraba tanto en la vista panorámica, sino en la esencia misma del paisaje: la roca, la textura geológica de la piedra, su rugosidad caprichosa y mineral. Esta profunda atención a la «piel» de las montañas, a su tacto visual, se revela como un antecedente directo de sus investigaciones posteriores, que se orientarán hacia la representación de la ornamentación arquitectónica como un reflejo de ideologías y formas de entender el mundo.
Bajo el título de la exposición «Ante la ley«, Hortalà establece un diálogo directo con el famoso relato de Franz Kafka, una parábola que explora la tensión entre el acceso y la barrera, lo visible y lo prohibido. Esta referencia a Kafka da forma a toda la muestra, que nos invita a reflexionar sobre los límites y las leyes, tanto en el arte como en la sociedad. La exposición presenta algunas de sus series más recientes, donde se despliega un juicio sobre las cambiantes leyes del gusto y el poder. El recorrido comienza con el contraste entre chimeneas rococó y neoclásicas, elementos ornamentales que, en su divergencia formal, parecen anticipar la llegada de la guillotina y la nueva legalidad que se impuso durante la Revolución Francesa. Luego, la mirada se dirige a las paredes y puertas que conectan las salas de grandes museos europeos, como el Prado o la National Gallery. Estos espacios se convierten en tribunales simbólicos desde los cuales no solo se evalúa el arte, sino también las identidades de las naciones que lo crearon. El viaje culmina con la representación de la puerta y las ventanas de la sala donde se llevaron a cabo los juicios de Núremberg. Este hito judicial, que sentó las bases del orden democrático en la posguerra, se convierte en el eje final de la reflexión. En ese proceso se juzgaron los crímenes del nazismo y se reafirmó la necesidad de leyes legítimas, cuya ausencia abre la puerta a los demonios totalitarios que, como advierte Hortalà, hoy resurgen con renovada fuerza. En este contexto, la memoria se erige como una herramienta de lucha y resistencia.

