
Valentina Cardellino y Andrea Ghuisolfi. Exótica
Valentina Cardellino y Andrea Ghuisolfi son dos artistas que se apoyan mutuamente en sus proyectos personales y que este año se han embarcado en una exploración conjunta en el ámbito del arte performativo. Como parte de su trabajo en curso, presentan «Exótica», una performance seleccionada para el ciclo Visión y Presencia del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza en 2025. Sus intereses artísticos se entrelazan y complementan, adoptando diversas formas de expresión. Ambas artistas se interesan por adoptar una perspectiva crítica sobre los procesos de colonización que influyen en nuestra forma de pensar y crear arte. Al mismo tiempo, se sienten atraídas por los rituales, las tradiciones y las cosmovisiones, que consideran espacios para habitar, cuestionar y explorar. Su trabajo colaborativo aborda el espacio público como punto de encuentro para el diálogo, la problematización y la construcción de comunidad.
La elección de este ritual se debe a su naturaleza colectiva, colaborativa y efímera, con un origen colonial que ha evolucionado en materialidad y simbolismo a través de diferentes regiones. Las artistas toman este ritual, que se crea en el suelo utilizando materiales vegetales y que se monta y desmonta, para hablar de tradiciones, contaminaciones y migraciones transcontinentales. Abordan específicamente el concepto de «exótico-invasor» para reflexionar sobre el movimiento de las plantas a medida que viajan de un lugar a otro.

«Exótica» se inspira en el ritual de creación colectiva de las alfombras de Semana Santa, una tradición que se practica principalmente en Guatemala y El Salvador, y que se encuentra en varias ciudades de América Latina. Estas alfombras, arraigadas en la cultura popular guatemalteca, forman parte de lo que se conoce como arte popular efímero, cuyos orígenes están vinculados a la época colonial. La performance pretende romper con las narrativas coloniales, cuestionando los hilos históricos y especulando sobre las memorias ancestrales como un acto creativo y restaurador.
Los materiales principales que se utilizan son serrín de colores y plantas que se consideran exóticas e invasoras, como la hierba de la Pampa en España y la acacia de tres espinas en Latinoamérica. La creación de la alfombra es un trabajo en conjunto de las dos artistas, mientras que el desmantelamiento estará a cargo de Andrea Ghuisolfi, quien tiene una formación en danzas folclóricas que respalda esta acción. Este proceso de armar y desarmar reorganiza signos, mezcla texturas y recompone imágenes a través de una danza tradicional de carácter sincrético, donde se entrelazan la herencia colonial y la cultura originaria.
El diseño de la alfombra y los materiales que se eligen abordan temas relacionados con el uso del suelo y las migraciones de especies vegetales entre hemisferios, que se consideran exóticas o invasoras dependiendo del punto de vista. La palabra «exótica» se entiende como un elemento dentro de la trama tradicional, impulsada por esa fuerza que imprime pasados en el presente y sitúa la experiencia como su raíz.
En el aspecto sonoro, se crea una atmósfera utilizando tres canciones de la tradición popular que serán procesadas electrónicamente: «Mate Amargo» de Amalia de la Vega, «Charrúa» de Alberto Mastra y «Tabaré» de Silvia Meyer. La performance llegará a su fin en el momento en que la alfombra se deshaga por completo.

