Marisa

Violeta Janeiro Alfageme, Manuel Segade y Marisa González durante la presentación de Un modo de hacer generativo. Foto: Carlos Jiménez

Marisa González en el Museo Reina Sofia:  Militancia, memoria y anacronismo.

Por Carlos Jiménez

La exposición de Marisa González Un modo de hacer generativo es una cruda demostración de la tesis de Josep Quetglas de que la modernidad es una <<máquina de anacronizar>>. El hecho de que la comisaria Violeta Janeiro Alfageme haya puesto cierto énfasis en mostrar las etapas iniciales de su carrera artística, tiene como consecuencia que se incluyan en la misma abundantes ejemplos de obras generadas por tecnologías de generación de imágenes, que hoy son obsoletas y cuyos resultados nos resultan pobres y un poco tristes. Si de todas las obras de arte se puede decir que, aparte de sus valores estéticos, son testimonios de época, de las imágenes de esta gran artista se puede decir en que lo son de aquellos años 60/70 del siglo pasado marcados por el tránsito de la reproducción de imágenes a la generación de las mismas. Del Fax al computador y antes del ordenador.

Foto: Carlos Jiménez

Son por lo tanto piezas que podrían figurar también en la colección de un museo de la tecnología, donde el valioso testimonio que ofrecen de una etapa superada de la misma podría eclipsar la importancia de sus contenidos. No sorprende por tanto que la mayoría de las noticias y las crónicas dedicadas a esta muestra hayan reiterado el lema de que Marisa González ha sido pionera en la utilización de las nuevas tecnologías. Un mérito indiscutible pero que no hace suficiente justicia a la trayectoria de una arista que, aún en aquellos años augurales, se decantó por la utilización de dichas tecnologías en beneficio de contenidos de profundo compromiso político y personal.  O, mejor aún, por personales políticos, tal y como lo afirmó desafiante la activista Carol Hanish en su ensayo The Personal is political, publicado en 1969, dos años antes del primer viaje de Marisa González a Estados Unidos.

Los títulos de las imágenes agrupadas en el capítulo Una enseñanza contemporánea de esta exposición, son suficientemente reveladores tanto de sus contenidos como de las preocupaciones de ella en los años 70/80: violencia mujer, maternidad, violación. Es la época marcada por el movimiento feminista que hoy llamamos de segunda ola, de la guerra de Vietnam y de los movimientos afro de liberación y del golpe de Estado de Pinochet en Chile. Acontecimientos que la afectaron y a los que dio repuesta con dichas imágenes. Son también los años de su primera maternidad y por lo tanto del encarar cuestiones personales inéditas a las que igualmente dio respuesta. El conjunto ofrece un evidente contraste con las imágenes generadas en esa misma época por los artistas vinculados al Centro de cálculo de la Universidad Complutense de Madrid, dominadas por una voluntad de experimentación puramente formal.  Contraste que evoca la diferencia entre los contextos políticos, culturales y sociales y desde luego tecnológicos existentes entre América y España en esa época. Los motivos y los agentes de la agitación política allí no eran los mismos que los de aquí y la relación de los artistas activistas de allí con las nuevas tecnologías de la imagen no era la misma que las de aquí.

Estación fax.Foto: Carlos Jiménez

Por lo que tampoco sorprende que, a su regreso a Madrid, Marisa González adoptara dos líneas de trabajo, ambas certificadas por obras de esta exposición y que responden a su deseo de encajar en la escena artística española de entonces. La primera tiene una fuerte componente divulgativa y pedagógica. Hay que comunicar la buena nueva de las innovadoras tecnologías de imagen a un público poco o nada habituado a las mismas. Es promotora y participante de la exposición colectiva Procesos: cultura y nuevas tecnologías en 1986 en lo que todavía era meramente el Centro de arte Reina Sofia y en esos mismos años se vincula al Círculo de Bellas Artes de Madrid, donde organiza, junto con Paloma Navares, el Festival de vídeo, y participa en el programa Talleres de Actual. En uno de ellos produce Estación Fax, una instalación colaborativa que se ha convertido en una de las obras icónicas de Marisa González, que ocupa un lugar importante en esta exposición. Como lo ocupó en Registros domesticados, la exposición antológica de su obra, curada por Rocío de la Villa y realizada en la primavera de 2015 en Tabacalera de Madrid. La exposición que tendría que haberse realizado en el Museo Reina Sofia, como escribí en su momento.

Foto: Carlos Jiménez

La otra línea de trabajo que mencioné arriba, preocupaciones sociales y cuestiones relacionadas con la memoria histórica. Ella actualiza y diversifica su compromiso con la causa feminista, tal y como lo prueban las imágenes incluidas en esta muestra del proyecto Ellas, Filipinas, que tematiza la ocupación dominical por las empleadas del servicio filipinas de los espacios comunes del imponente centro financiero de Hong Kong, uno de los más todopoderosos del mundo. El interés de Marisa por la memoria histórica se ha centrado en el estado actual y la suerte de las ruinas industriales, notable ejemplo de la clase de obsolescencia que es la contrapartida de la incesante y vertiginosa innovación tecnológica. Las fabricas padecen la misma obsolescencia de la que padecen las tecnologías de la imagen. Es el caso de La fábrica, un ambicioso proyecto de Marisa dedicado a una gran fábrica de pan de Bilbao, de propiedad de su familia. En el que reivindicación del pasado se entremezcla con la preocupación social, porque incluye la instalación Luminaria compuesta a partir de la información sobre los trabajadores de la empresa recopilada por los dueños de la misma. Las imágenes de las instalaciones de las ruinas de la fallida central nuclear de Lemóniz, situadas en Euskadi, son resultado de una lógica que no es la obsolescencia. Es la lógica de la política. La central nunca se inauguró porque ETA asesinó a varios de sus ingenieros. 

Concluyo lamentando que esta exposición, a pesar de su indudable interés y su valía, no logre mostrar toda la amplitud y la complejidad de la obra realizada por Marisa González a lo largo de medio siglo. Entre otros motivos, por decisiones políticas tomadas por anteriores direcciones del museo se ha quedado corta y es una pena. 

Marisa González. Un modo de hacer generativo. Museo Nacional Reina Sofia. Madrid.

Carlos Jiménez Moreno

Arquitecto, Historiador y crítico de arte. Director de los Encuentros «en defensa del arte contemporáneo» IAC. Ha ejercido la crítica de arte en los principales periódicos y revistas de España y América Latina. Ha publicado diez libros sobre arte contemporáneo.

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