
Nicolás Lisardo nos habla de su obra «Back to Maunsell» propuesta para Estampa 2024 en el Stand de la Galería Manuel Ojeda.
La propuesta presentada por Nicolás Lisardo en la Feria de Arte Contemporáneo Estampa 2024, marcada por la publicación de «Neodramatismo»(Ed. La Mirada Malva), representa un cambio significativo en la carrera del artista. Influenciado por pensadores como Schopenhauer y Nietzsche, su trabajo examina la alienación social y la decadencia a través de experiencias personales en Poble Nou. Estas vivencias lo llevaron a reflexionar sobre el sufrimiento como un medio para alcanzar una mayor conciencia y espiritualidad, convirtiendo la ruina en un elemento esencial de su proceso creativo.
Nicolás Lisardo (Las Palmas de Gran Canaria, 1978)
Después de haber desarrollado en mi etapa inicial esculturas de pared que se exhibían en sus embalajes y que pretendían materializarse en el terreno de las artes plásticas, la crítica, las técnicas y herramientas que con el paso del tiempo he conseguido dominar. El siguiente paso, debía ser desmarcarme de los planos que dan forma al espacio expositivo y desarrollar piezas que pudieran relacionarse más con la escultura donde finalmente se pueda visualizar todo el trabajo volumétrico, además de un mayor rigor formal.
La obra que presenté es una instalación compuesta por cuatro piezas que en origen eran estructuras militares, concretamente posiciones de artillería inglesas para repeler los ataques de la aviación alemana en la 2ºGuerra Mundial. Estas posiciones suponían la vanguardia que protegían a la ciudad de Londres. El lugar elegido para la superación del dolor se situaba en la desembocadura del Támesis. El resultado ha tenido efecto ya que la profundidad del trabajo realizado pretende sensibilizar y emocionar a los espectadores. Algunos me confesaron que su potencia llega a degenerar tanto el stimmung que experimentan ansiedad, desolación y desasosiego. La obra por tanto tiene una consecuencia psico-pedagógica para quién la contempla. Es necesario evidenciar esas sensaciones primarias cercanas al miedo absoluto, para purgar y sanar al que tiene la suficiente sensibilidad. No el que simplemente contempla la complejidad de formalizar la obra, no, lo más esencial es la crítica de esta sociedad macabra desinteresada por el verdadero papel del arte que es la superación de sus propios traumas y la consiguiente elevación del alma.

He de afirmar que ha supuesto un reto; pero también he de decir que no entiendo el arte sin este cuestionamiento constante. Algunos prefieren el confort, en cambio yo sólo sé crear al borde del abismo. El éxito es un mero artificio que sólo puede consumir la originalidad y sensibilidad del artista. Sería más sencillo seguir la senda de lo aprendido y venderme como hacen la gran mayoría. Prefiero internarme en la oscuridad como hizo Caravaggio y tantos otros. El artista necesita consumar retos desde complejidad y de dificultad como intención suprema para la superación personal. Para poder abarcar la síntesis, la simplicidad de las formas hay que comenzar el aprendizaje desde lo barroco, lo complejo y lo exuberante para entender la magnificencia de la naturaleza en su estado virginal. La espontaneidad es el fruto de un trabajo complejo y un enorme sacrificio. He tenido que enfrentarme con materiales como son acero, dominar la ingeniería que da fuerza a esas estructuras de hormigón y acero corroído, que aunque en plena descomposición, hoy se elevan hasta tocar los cielos. Contravenir el efecto fundamental que tiene la gravedad y el tiempo en nuestra existencia es fundamental para inscribirme dentro de un pecado original y poder aspirar y consumar el milagro.
Cuatro piezas, cuatro tótems, cuatro direcciones ideales conforman a un hombre unidimensional. Esos objetos que ya están desprovistos de función para la sociedad conforman esa eterna duda existencial, inquietante que hace que la duda y lo irracionalidad posea la trascendencia del hombre desde el principio de los tiempos. La respuesta es sencilla. La superación de las limitaciones que supone la materialidad y la alteridad. Entiendo que para consumar lo esencial, hay que comprender de forma trascendental, la metafísica para poder elevar nuestro estado material al estado pleno que simboliza el éter. Hay que deconstruir la forma para entender la base de un todo como energía pura. El arte no puede estar al margen de este sentir, sino su función deja de ser imprescindible para la sociedad y se convierte en un producto más de la banalización.
La consumación de esta obra es un delirio entre ciencia y espíritu, entre materia y degradación, entre naturaleza y decadencia entre esencia, pervivencia, pertenencia y existencia. En el desarrollo de esta instalación se puede llegar a entender los procesos vitalistas del ser en la naturaleza. Porque en la natura todo comporta un ciclo. y nosotros nos debemos sentir parte de ella no al margen. Todo tiene un comienzo y un final, en el caso de la sociedad, al estar al margen de ella sólo puede estimular una continua derrota. En mi caso no lo entiendo así, porque mi fortaleza mental y mi personalidad se ha forjado a base de fracasos, de plenas derrotas y un profundo autocuestionamiento de mi pensamiento.
La definición del trabajo comienza entonces asumiendo el reto como ideal que se debe consumar. Pensé y repensé hasta entender su viabilidad. ¿Podría mi ingenio soportar el peso de la carga de esas edificaciones? Esas finas patas telescópicas de hormigón unidas a un encofrado, que se conectaba a unas vigas de hierro. ¿Serían suficientemente potentes para hacer su manifiesta función de sustentación? Pude comprobar que sí, porque todo lo que pretendo realizar compete a una abstracción que, durante horas, días incluso meses únicamente pretende la superación por medio del sacrificio, para consumar una aspiración muy humanística, la plena libertad de decidir por mismo. Esa es mi verdadera misión. Todo dentro de mi concepción pasa por un registro mental. Todo ha sido definido en esa proyección de antemano.

Después de haber realizado la parte más compleja del proyecto, sobrevino el esfuerzo físico. Miles de taladros en esa superficie dura, acerina me pusieron a prueba. Después, miles de clavos fijados a la pared de acero hicieron del agotamiento un símbolo de resistencia penitente, de prudencia y moderación. Conseguí apartar a los fantasmas que me tentaban constantemente. El resultado es obvio dedicación extrema para posibilitar su divina proporción. Día a día di sentido al patrón de cada cara de su geometría ortogonal. Dando potencia estructural a este reto que jamás hasta entonces había planteado. He sufrido el vacío que podía suponer no poder superar la limitación de tiempo, la indiferencia de mis compañeros, incluso en poner en riesgo el proyecto expositivo por la actitud de aquel que finalmente que como Judas me traiciono. Apenas contaba con dos meses para realizar las cuatro piezas que componen la instalación, aun así lo he realizado.
He de reconocer, que he llegado a experimentar mis propios límites, tanto físicos como mentales. El esfuerzo ha sido tal, que hasta último minuto antes de enviarlas a Madrid estuve trabajando. Dia y noche, pero nada me venció sólo estaba yo y la consumación del reto. Nadie puede entender esto, y el sacrificio que supone erguir estas cuatro torres al cielo. Pero es de justicia que la lucha en el campo de batalla vital supone cuestionar nuestros propios límites si pretendemos hacer del arte y de la vida una verdadera vocación.

