Colita. La Singla con su Rolleiflex. Somorrostro, Barcelona, 1963 ©Archivo Colita

Palo Alto recupera el primer trabajo profesional de Colita, realizado a los 22 años, con los retratos de los figurantes de la película Los Tarantos

Del 10 al 27 de noviembre de 2026

Fundació Palo Alto

C. Pellaires, 30-38, Barcelona.

Comisario, Francesc Polop

En el mundo de la fotografía, a menudo se busca ese instante decisivo, pero rara vez tenemos la oportunidad de apreciar el momento inicial. La exposición «Món Gitano 1962-1963», en la Fundació Palo Alto como parte del festival FotoFest Poblenou, nos brinda precisamente eso: el nacimiento de una mirada. Este es el primer trabajo profesional de Isabel Steva Hernández, conocida en todo el mundo como Colita (1940-2023), realizado cuando apenas tenía 22 años y es una oportunidad única para explorar los cimientos de una de las trayectorias más significativas de la fotografía catalana y española del siglo XX.

La muestra, comisariada por Francesc Polop (heredero y director del Archivo Colita), reúne 37 fotografías analógicas que nunca antes habían sido exhibidas en Barcelona. Estas son copias de autor, realizadas por la propia fotógrafa en su laboratorio, y ahora están enmarcadas especialmente para esta ocasión. Nos transportan a un contexto histórico, el rodaje de la icónica película «Los Tarantos» (1963), dirigida por Francesc Rovira Beleta.

Aquel encargo, que llegó a Colita de la mano de su mentor Paco Rebés, consistía en retratar a los figurantes de la película. Para ello, Colita se adentró en los barrios de barracas del Somorrostro y en la montaña de Montjuïc. Lo que podría haber sido un simple reportaje de producción cinematográfica se transformó en un testimonio humano de una profundidad extraordinaria. La joven fotógrafa no solo documentó la precariedad del entorno; su lente capturó la alegría, el juego, el baile y el cante que llenaban cada rincón de ese mundo que estaba a punto de desaparecer.

Uno de los grandes logros de la exposición es la conexión entre el cine y el flamenco, dos pasiones que han dejado una huella profunda en la vida de Colita. A través de estas imágenes, desfilan jóvenes talentos que más tarde se convertirían en leyendas, como La Singla, Antonio Gades y el cantaor José Menese. Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegó con su encuentro con Carmen Amaya, quien regresó de México para protagonizar una película. Colita, cautivada por su talento, dedicó gran parte de su vida a honrar la memoria de esta icónica bailaora. De hecho, la muestra incluye tres fotografías de Amaya, auténticas joyas que reflejan la fascinación mutua entre la artista y la fotógrafa.

La exposición se presenta como una defensa de una mirada empática. Como solía decir Colita: «Yo no fotografiaba la miseria…». Sus imágenes, especialmente los retratos de niños y niñas, irradian autenticidad y una libertad sin prejuicios. No hay paternalismo en su lente; en cambio, hay una conexión genuina con la vida cotidiana y las fiestas flamencas de una comunidad a menudo marginada. Así, esta exposición se convierte en un documento sociológico de gran relevancia, pero también en una obra de arte visual donde la ternura y el respeto son los verdaderos protagonistas.

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