
Madera alada como símbolo de crecimiento personal en el Museo Once
Por César Serna
Lejos de cualquier superstición, ahora que se acerca el Samhain, el auténtico Halloween, el Museo Tiflológico Once nos adentra, sin miedo, en Tocar madera, una noble exposición, donde reina este material, que siempre realza y define las formas, y alza el vuelo que completa el titulo de esta acogedora muestra como un canto al esfuerzo, la superación personal, a pesar de las dificultades que trae y conlleva la vida, más si portas una discapacidad visual.

La rectangular sala arqueada anexa al museo de ver (numerosas maquetas sobre relevantes monumentos) y sobre todo tocar, tocar recuerden, queda salpicada hasta comienzos de año, de forma sinóptica, por estas magistrales piezas escultóricas, depósito coleccionista del mismo, resultado maestro de las mágicas y aladas manos de sus potenciales creadores.
Así encontramos Alzando el vuelo, en madera torneada de Pablo Miranda Osuna, que da contexto a esta carrera de fondo para deleite de todos. Esculturas que vienen a reconocer el sacrificio, la satisfacción del progreso y el sí se puede… como único listón hacia lo más alto del ser.
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Testimonios de historias con tesón, valentía y determinación como la talla Espíritu de la garza, firma de Pedro Monago, la representación ornitológica siempre muy presente como la de Teo Calvo y su águila real rasante con picos de metal. Plano central para Enrique Cabildo y su fuego purificador, porque aquí la madera no se quema, sino que es símbolo de alumbramiento hacia delante. El toque femenino lo aportan como un soplo de aire fresco Idilia Fernández con su Aéreo II (ya hubo una obra precursora) o la robusta talla ascendente de Ana Delgado. Piezas que recorren años de vida, de 1992 a 2020, en diferentes alturas y grosor, con sus claroscuro a través del reflejo del metal empleado, como la estilizadísima figura presente de Jesús Curiá, muy inspiracional del arte africano, egipcio, que pretende alzar el vuelo sobre una gran peana raíz. Como la del olmo que sujetan las elevadas manos labradas ya de Carlos Purroy, símbolo de triunfo que cierra Emilio Sánchez con su noche ya eterna, donde la estrella brillante es, sin duda, él, se introduce y luce un tercer elemento la piedra para dar forma a un particular vuelo donde las alas no es otra cosa, sin adornos, sin aditivos, que la gran creatividad innata de este elenco artístico.
Ya lo decía Manolo Tena allá por el 92 en su mítica canción Tocar madera, para eliminar todo rastro de maleficios. En este caso, la ausencia total o parcial de visión. Darse un paseo por esta exposición es todo un revulsivo, una verdadera invitación a reflexionar sobre el gran potencial de la capacidad humana, de aprender de las experiencias adversas, si porque lo negativo también enseña el camino hacia la virtud, para acabar con los malos augurios que trae la vida. Toquen, sientan y experimenten el calor del conocimiento existencial
Toca madera, alza el vuelo. Museo Tiflológico Once.

