Romà Vallès. Nous conceptes, 1975.

ROMÀ VALLÈS. EL PROTAGONISMO DE LA ABSTRACCIÓN

Por Ramon Casalé Soler

“Las miradas abstractas son modelos ficticios, porque hacen visible una realidad que no podemos ver ni describir, si no cuya existencia podemos postular”

Gerard Richter

“En mi obra trato de abrir un hueco, un espacio en el que el espectador pueda entrar y repensar los mensajes recibidos”

Martha Rosler

En Espais Volart de Barcelona, una de las cuatro sedes de la Fundació Vila Casas, se lleva a cabo una exposición sobre la obra de uno de los máximos exponentes del informalismo catalán como fue Romà Vallès. Está comisariada por la historiadora y crítica de arte Conxita Oliver y por la gestora cultural Isabel Vallès, hija del artista, que la han titulado El horizonte abstracto, donde no solamente se exhibe su trabajo como pintor, grabador y dibujante, sino también su faceta de pedagogo, tarea que le ha acompañado siempre en su devenir creativo. Esta es la segunda muestra que la Fundación Vila Casas le dedica, ya que la anterior fue en 2013. Hace tres años, con motivo del centenario de su nacimiento, se celebraron una serie de actividades en Catalunya, entre ellas una antológica en la Factoría Cultural de Terrassa -antiguo Centro Cultural de Caixa de Terrassa-, entidad que gestiona su legado, además de efectuar tareas de documentación y digitalización, así como trabajos de restauración y autentificación, comisariada por Conxita Oliver y el gestor cultural y crítico de arte Joan Gil.

Romà Vallès. Collage, sèrie Colorama. 1965.

Es importante destacar que se exhiben obras inéditas de la serie Collages que pertenecieron a la colección de Rafael Tous, que permiten conocer de cerca su interés por recoger “recortes de prensa, fotografías y fragmentos de la realidad contemporánea en su lenguaje pictórico”. Esta atracción por el collage es una clara alusión al movimiento del Pop-Art, aparecido a mediados del siglo pasado. En conjunto las comisarias han distribuido las obras en 11 series que ocupan todas las salas de la planta principal de la Fundación.

Romà Vallès (Barcelona, 1923-2015) se licenció en Bellas Artes en 1950. Al poco tiempo residió en París con motivo de unas becas concedidas por la Residencia de Pintores de la Alhambra de Granada y el Paular de Segovia. Posteriormente viajó por Italia y los Países Bajos, lo que le sirvió para aproximarse a las últimas vanguardias europeas. Su primera exposición individual tuvo lugar en la sala madrileña Fernando Fe en 1955. Con el historiador y profesor de arte Alexandre Cirici y el ceramista Antoni Cumella pusieron en marcha la Escuela de arte del FAD (Fomento de Artes Decorativas). Igualmente colaboró en la creación del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona que tuvo una vida efímera de tres años (1960-1963). Compaginó su trabajo creativo con la docencia, ya que fue catedrático de dibujo en un instituto de Sabadell, además de profesor de la Escuela Massana y la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona. Su vertiente como pedagogo es asimismo notable, debido a que ha publicado varios libros sobre arte infantil, algunos de ellos están presentes en la exposición. Precisamente Romà Vallès comentaba que “mi afición por el estudio del desarrollo del arte infantil, así como investigar a fondo las manifestaciones del arte de los pueblos primitivos, me llevaron bien pronto a la práctica de un arte casi totalmente abstracto”.

Romà Vallès siempre se mantuvo fiel a la abstracción. Por ello el empeño con este movimiento vanguardista y específicamente el informalismo de carácter sígnico-gestual han ocasionado que su contribución a este apartado haya sido fundamental. En el libro La pintura informal de Cataluña 1951-1970 Lourdes Cirlot señalaba que Vallès a finales de los 40 ya utilizaba la técnica del grattage, principalmente en algunas de sus composiciones de índole figurativa. Más adelante, en sus primeras exposiciones ya se adentra plenamente en la abstracción, en este caso informalista, que es cuando “se observa una profunda inquietud en Romà Vallès, originada fundamentalmente por el deseo de búsqueda y por el hallazgo de un lenguaje propio que le permite expresarse con toda la autenticidad (…) Las reminiscencias de la pintura gestual norteamericana y europea son muy lejanas”.

Romà Vallès.Homenatge a Juan-Eduardo Cirlot.1973.

A pesar de las exposiciones señaladas anteriormente y algunas otras como las de la Pía Almoina de Barcelona (1998) y el Museo de Teruel (2007), no ha tenido el reconocimiento que merecía por parte de las instituciones. En cambio, debe destacarse la publicación del libro 50 años de pintura, escrito por José Corredor-Matheos y prologado por Conxita Oliver, que ayudó a comprender y valorar su trabajo creativo.

Las comisarias han distribuido las once series de las que consta El horizonte abstracto de modo cronológico, pero con la idea de dar la misma importancia tanto al aspecto artístico como pedagógico, ya que a veces se suele obviar este apartado aun cuando es esencial para adentrarse en su obra plástica. La exposición se inicia en su etapa de formación, marcadamente figurativa como es obvio, teniendo en cuenta que recibió unas enseñanzas que se movían en esa tendencia siguiendo “los principios tradicionales de la representación y en la exigencia de una obra formalmente perfecta y fiel a la realidad”. No obstante, en estos primeros años se sintió atraído por al arte prehistórico y por el dibujo infantil.

Más adelante recibe una cierta influencia del cubismo, tal como se puede apreciar en algunas de las pinturas presentes, en las que todas ellas la figura femenina es la protagonista. Al poco tiempo de su estancia en París, a mediados de los 50, entra en contacto con el informalismo que en aquellos momentos ya estaba en pleno desarrollo. Su primera obra abstracta data de 1955 que es la que recibe al espectador y que formó parte de una exposición colectiva dedicada a la galería Dau al Set que se expuso en el Centre d’Art Santa Mònica de Barcelona en 1998. El título de la pieza es El foc s’escampa (El fuego se esparce).

Romà Vallès. Primera obra abstracta.1955.

De todas las series que se exhiben, las que tienen mayor relieve son  Cosmogonias, término acuñado por el crítico y poeta Juan Eduardo Cirlot, con quien mantuvo una estrecha relación, pues fue el primer crítico que creyó en él, en las que estuvo trabajando durante el período 1956-1964, y Collages, que solamente le ocupó un corto tiempo, concretamente entre 1964 y 1967. De todos modos, ambas fueron lo suficientemente importantes para dar mayor relieve a su aportación a las vanguardias del siglo pasado.

La serie Cosmogonias se basa en la génesis y configuración del universo. A diferencia de sus obras posteriores, donde el gesto y la mancha son bien evidentes, aquí emplea la materia profundamente sobre la tela, o lo que es lo mismo, la pintura “adquiere una presencia casi bien mineral y geológica y la materia deja de ser un simple recurso técnico para convertirse en el mismo objeto de la investigación”. Precisamente la investigación y experimentación han sido dos de sus principales objetivos creativos. Vallès explica que esta serie se originó cuando en un atardecer “después de manipular con tenacidad una tela durante todo el día, pude ver con claridad, o así me lo pareció a mí, cómo esta se había transformado totalmente, obteniendo un resultado casi mágico”.

En una de sus primeras cosmogonías, la que corresponde a 1956, se pueden apreciar una serie de formas helicoidales que enlazan con la parte superior del cuadro y su interior lo ocupan pigmentos, arenas y otros elementos como si se tratara de la lava volcánica. Estas estructuras helicoidales, aparte de generar un movimiento compositivo denotan además gestualidad. En cambio, en otra obra que pertenece a la serie Negra de 1959 es más importante el gesto que la propia materia, debido a que sobre un fondo negro surgen unas manchas blancas, como si estuvieran deslizándose enérgicamente en la superficie. Con este cuadro Vallés obtuvo la Medalla de Oro del Premio Suizo de Pintura Abstracta de 1960, patrocinado por la Galeria Kasper de la ciudad suiza de Lausana, que permitió que se diera a conocer a nivel europeo como uno de los pintores informalistas más sobresalientes.

Romà Vallès. Cosmogonies, de la sèrie Matèrica. 1956.

El orden y el caos siempre han estado presentes en sus creaciones, sea de un modo u otro no surgen de la nada, sino que están relacionados, dependiendo de la distribución cromática y de la materia ocasionando la existencia de un clima favorable entre el creador y su obra.

Respecto a la serie Collages, que aparece al poco tiempo de la de Cosmogonias, Romà Vallés se sumerge en el terreno de la realidad, pero sin dejar de lado la abstracción. Son obras donde aparecen recortes de prensa y fotografías de diferentes medios de comunicación, en las que se ve influenciado por el Pop Art americano y no por el Nuevo Realismo, movimiento surgido en Francia en la misma época.

Las temáticas que aparecen se centran en aspectos sociales, políticos, bélicos y relacionados con los mass media. De hecho, se trata de “observar el mundo que le rodea y utiliza los mismos mecanismos de reproducción y circulación de imágenes para cuestionarlos”. Los collages de la serie El mundo roto (1965) reflejan perfectamente situaciones muy diferentes respecto a temas referenciales caso de la moda, la música o el cine extraídos de revistas y periódicos alemanes, incorporando diversas manchas, consiguiendo que el espectador no sólo se fije en las imágenes sino también en su cromatismo exacerbado. Sin embargo, en la serie Colorama del mismo año ocurre todo lo contrario. La pintura ocupa la mayor parte del espacio y el resto del cuadro son imágenes extraídas igualmente de publicaciones alemanas de mujeres famosas en diferentes posiciones que complementan la obra. Otra pieza importante corresponde a la serie Homenaje al 1900 (1964), en la que una mujer joven, que podría ser una actriz, ocupa la parte central y a su alrededor aparecen un conjunto de signos arabescos sobre un fondo blanco a base de pinceladas sueltas.

Dando un salto en el tiempo, hay una pieza de 1980 perteneciente a la serie Reflexión-Proceso-Pintura que consta de cuatro apartados: Espacios gestuales, geológicos, biomorficos y constructivos, trabajada conjuntamente con el artista conceptual Jordi Cerdà, que fue su primer alumno y colaborador. Aquí se exhibe Ritmos geológicos, proyecto compartido entre la abstracción lírica de Vallés y las fotografías de índole conceptual de Cerdà. En él se observa la existencia de un diálogo entre dos maneras de representar la realidad o no realidad, pero que en conjunto aportan ideas renovadoras respecto al arte contemporáneo. Esta serie se pudo observar en la Galería Maeght de Barcelona en 1981. Junto con Nous Espais (Nuevos Espacios), de la serie Descriptiva, 1991, son las dos obras más recientes que se exhiben.

Centrándonos en otro de los ámbitos de la exposición, o sea, el de su faceta pedagógica, solamente hay que comprobar el material que las comisarias han considerado el adecuado para entender cuál fue su propuesta en este campo. Por ello, “su concepción de la educación artística se alejaba del academicismo rígido que él mismo había experimentado”, por lo que su labor se dirigía hacia la experimentación y la creatividad, tratando de desarrollar sus propuestas desde la plena libertad de expresión. No olvidemos que nos estamos refiriendo a unos años en los que había una falta de libertad debido a la dictadura franquista.

Tuve la oportunidad de mantener diversas conversaciones con él que me sirvieron para saber cómo pensaba y actuaba en el momento de crear la obra. Fue un personaje crítico y severo, pero a la vez amable y comprensivo con el mundo artístico. Su opinión era indispensable para tener conocimiento de lo que acontecía en el arte de vanguardia. Un arte donde él, como también ocurría con otros artistas de su generación, fue pionero en ahondar en el origen de la abstracción.

Su obra es de una extrema integridad. ¿O no es honesto ser fiel a una tendencia concreta como es la abstracción?. El escritor y crítico de arte Juan Perucho señalaba que “el arte de Romà Vallès es un arte romántico, que se apoya en el recuerdo, en la belleza del qué fue visto alguna vez y que cayó en el olvido”.

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