
Concha Gómez-Acebo. El lugar intacto
Por Jesús Gironés
La pintura de Concha Gómez-Acebo comparte emoción con la poesía que prefiero. El aliento poético de su obra es muy depurado. Es pintora del “momento que suceden las cosas”, ese momento único que solo queda breve, pleno y a la vez inalcanzable una vez ha sucedido. Ella consigue que perviva en cada obra.
¿Cómo es capaz la artista de tanta sutileza, como es capaz de pintar la emoción, eso que con Duane Michals o Max Aub me parece esencial en el arte?

Charlotte, Anne y Emily 2025. Óleo sobre lienzo 38 x 46 cm.
Y es bajo la apariencia de la espera, o quizá sucedió ya… ¿Las Brönte vienen, estuvieron, siguen ahí? Es esa presencia ausente la esencia.
La ausencia -aparente- es quizá la clave. El bosque, el mar la nieve, el jardín… La pintura lo cuenta todo, pintura dentro de la pintura, ensimismamiento.
Lo dice Maria Zambrano, y hay mucho bosque en la obra de Gómez-Acebo: «El claro del bosque es un lugar intacto que parece haberse abierto en ese solo instante y que nunca más se dará así. No hay que buscarlo. No hay que buscar. Es la lección inmediata de los claros del bosque: no hay que ir a buscarlos, ni tampoco a buscar nada de ellos. Nada determinado, prefigurado, consabido. Si nada se busca, la ofrenda será imprevisible, ilimitada».
Son los de Concha Gómez-Acebo bosques [espacios] vividos, y por eso brotan.
Son sus obras “lugares intactos” en los que se ha fijado el tiempo.

Anunciación 2025. Óleo sobre lienzo 33 x 41 cm.
Hay en la exposición de Utopía Parkway un cuadro extraño en estos tiempos, una “Anunciación”, en el que surge “un ángel sin color como los de la infancia”. Un cuadro laico en el que está presente el misterio, y seria un estupendo colofón para el ensayo incluido en “Materiales de sociología del arte” (Julia Varela y Fernando Álvarez-Uría, 2008. Siglo XXI de España Editores). En él se analiza como cambia la representación de la virgen y el ángel a lo largo de la historia, según la posición de la mujer en la sociedad.
Me interesa el constante diálogo entre lo interior y lo exterior. Esa tensión. Dentro/fuera. La realidad, la imaginación. La ensoñación. La aparición. La escena hipnótica.
La obra de Gómez-Acebo es un “claro” en el transcurrir del arte de nuestros días, así como la de Mariana Laín o Teresa Moro.
Y la pintura dentro de la pintura. La genealogía, las afinidades, lo admirado. En el caso de “Musa mirando cuadros”, en que aparecen obras de Carlos Franco, Sigfrido Martín-Begué, Peter Doig, Lucien Freud y Picasso. Aunque los diálogos sean constantes: con Ceija Stojka, Tarsila do Amaral o Bacon.

Musa mirando cuadros 2024. Óleo sobre lienzo, 50 x 61 cm.
El invitado, pienso, es el espectador. Todo está preparado, el banquete de la pintura está servido.
Es muy esclarecedor el texto, los textos que abren el catálogo [Utopia Parkway es una galería que cuida sus catálogos]. José Suárez-Inclán, desde la complicidad, se acerca al trabajo, da claves desde su visión privilegiada, conversa con la obra y la artista.
Concha Gómez-Acebo. ESPERANDO AL INVITADO
Galería Utopia Parkway. Calle reina 11, Madrid.
Hasta el 16 de octubre

