ERTIBIL BIZKAIA 2026

Por Saray Díaz García

Si hay una exposición capaz de tomar el pulso a la creación emergente en Bizkaia, esa es ERTIBIL BIZKAIA 2026. La 44ª edición de este histórico certamen vuelve a ocupar la Sala Rekalde reuniendo el trabajo de dieciocho artistas vinculados al territorio y confirmando la relevancia de una iniciativa que, desde hace más de cuatro décadas, se ha convertido en uno de los principales espacios de visibilidad para las nuevas generaciones del arte vasco. Visitar ERTIBIL siempre tiene algo de descubrimiento. Frente a las exposiciones articuladas en torno a un único relato curatorial, aquí son las diferencias las que construyen el recorrido. Instalaciones, fotografía, vídeo, escultura y propuestas conceptuales conviven en un mismo espacio, mostrando la diversidad de preocupaciones, lenguajes y sensibilidades que atraviesan la práctica artística contemporánea.

Precisamente esa heterogeneidad constituye uno de los mayores atractivos de la muestra. Más que ofrecer una visión cerrada, ERTIBIL funciona como una instantánea del presente artístico, una oportunidad para observar qué cuestiones preocupan hoy a quienes comienzan a construir sus trayectorias profesionales. Identidad, memoria, cuerpo, territorio, tecnología o transformación social aparecen una y otra vez desde perspectivas muy diferentes, evidenciando la complejidad del momento actual.

La exposición reúne obras de artistas premiados y seleccionados, entre ellos Estela Miguel, Markel González Elezkano, Natalia Suárez Ortiz de Zárate y June Elorriaga Soto, junto a otros creadores cuya presencia enriquece notablemente el conjunto. El resultado es una exposición dinámica y abierta, donde cada proyecto encuentra su propio espacio para desarrollarse sin perder autonomía.

La obra ‘Begi bi’ de Idoia Leache

Durante el recorrido aparecen propuestas que rechazan las fórmulas convencionales y apuestan por la investigación y la experimentación. Algunas trabajan desde el archivo y la memoria; otras exploran las relaciones entre paisaje, tecnología y experiencia humana; varias recurren al cuerpo como espacio de conflicto y reflexión. Lejos de buscar una lectura inmediata, muchas de estas piezas exigen detenerse, observar y dejar que las preguntas emerjan poco a poco.

La arquitectura de la Sala Rekalde favorece especialmente esta experiencia. Sus espacios amplios permiten que las obras respiren y establezcan diálogos sutiles entre sí, evitando la sensación de saturación que a veces acompaña a las exposiciones colectivas. Cada propuesta encuentra así las condiciones necesarias para desplegar su propio lenguaje.

Entre las obras que más llamaron mi atención destacan Contenida, de June Elorriaga; Errariak, de Izaro Mazo Zuloaga; y Una torre en llamas, de Andoni Zamora Txakartegi. Aunque muy distintas entre sí, las tres comparten una capacidad notable para abordar cuestiones contemporáneas desde enfoques personales y críticos.

‘Contenida’ (2026). Jone Elorriaga Soto 

Una torre en llamas es probablemente una de las piezas más impactantes del recorrido. La imagen de la torre, tradicionalmente asociada al poder, la estabilidad o el progreso, aparece aquí atravesada por la fragilidad y el colapso. La obra plantea una reflexión inquietante sobre la vulnerabilidad de aquellas estructuras políticas, económicas o sociales que solemos considerar permanentes. Su fuerza reside precisamente en esa capacidad para condensar tensiones complejas en una imagen de gran potencia visual.

Por su parte, Contenida explora la vulnerabilidad y los límites físicos y emocionales que definen nuestra experiencia cotidiana. La obra transmite una sensación de tensión constante, como si el cuerpo se encontrase sometido a mecanismos invisibles de control o restricción. Su lenguaje sobrio y contenido refuerza una lectura que invita a pensar en las relaciones de poder, la intimidad y la fragilidad de los vínculos humanos.

Igualmente sugerente resulta Errariak, donde Izaro Mazo Zuloaga reflexiona sobre el desplazamiento, el tránsito y la construcción de la identidad. La obra plantea el movimiento como una condición existencial más que como un simple desplazamiento físico, convirtiendo el viaje en una metáfora de la búsqueda constante de pertenencia y sentido. Como ocurre en muchas exposiciones colectivas, ERTIBIL también asume ciertos riesgos. No todas las propuestas alcanzan el mismo grado de desarrollo ni generan la misma intensidad en el espectador. Sin embargo, lejos de ser una debilidad, esta desigualdad forma parte de la naturaleza misma del proyecto. El objetivo no es presentar un panorama cerrado ni una generación ya consolidada, sino ofrecer un espacio donde convivan distintos momentos de madurez, investigación y aprendizaje.

Hala bazan,ala ez bazan, 2025. ESTELA MIGUEL y MARKEL GONZÁLEZ ELEZKANO. 1º Premio de ERTIBIL

Y es precisamente ahí donde reside el valor de ERTIBIL; la exposición permite acceder a procesos, intuiciones y líneas de trabajo en construcción. Algunas obras destacan por su solidez formal, mientras que otras resultan especialmente interesantes por su capacidad para asumir riesgos y explorar territorios todavía inciertos.

En un contexto cultural que a menudo privilegia los nombres ya consagrados, iniciativas como ERTIBIL recuerdan la importancia de seguir apoyando la creación emergente. Más allá de los premios o reconocimientos, la muestra ofrece una oportunidad excepcional para descubrir qué están pensando, investigando y cuestionando las nuevas generaciones de artistas vascos. Lejos de ofrecer respuestas cerradas, la exposición propone preguntas, abre caminos y reivindica el arte como un proceso vivo y en continua transformación. Esa apertura, esa voluntad de permanecer en búsqueda, es probablemente su mayor virtud.

ERTIBIL BIZKAIA 2026, Sala Rekalde, Bilbao. Del 14 de julio al 18 de octubre de 2026

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