
Dos autos inmóviles en La Elipa – vista de tres cuartos .Óleo sobre lienzo, 46 x 74,5 cm, Madrid, 2023.
Félix de la Concha. Perpetuum auto-mobile
Hasta el 31 de octubre de 2026
Galería MÄA
Paseo Uribitarte 1, Bilbao
La exposición de Félix de la Concha en la galería MÄA de Bilbao presenta una colección de pinturas donde el automóvil y la ciudad son los protagonistas indiscutibles. El artista se cuestiona por qué pinta coches —una pregunta que le hizo Fran en su momento— y, más allá de eso, se pregunta por qué pinta en general. Para él, el motivo, el móvil y el auto-móvil son parte de una misma búsqueda. De la Concha recuerda al escalador George Mallory, quien, al ser preguntado sobre su deseo de escalar el Everest, respondió: “Porque está ahí”. Mallory desapareció en la montaña sin alcanzar la cima, y esta frase se atribuye erróneamente a Sir Edmund Hillary, quien sí logró coronarla y dijo: “No es la montaña a la que conquistamos, sino a nosotros mismos”. El pintor aplica esta idea a su trabajo: aunque no siempre encuentra una razón clara para lograr ciertas metas pictóricas, sí puede hablar de sus experiencias y del proceso que lo lleva a ellas.
De la Concha ha plasmado esa experiencia en lo que él llama su “Diario de pintura autista”. Al llegar a casa, se desahoga escribiendo reflexiones y anécdotas. Por ejemplo, recuerda una vez que tuvo que lidiar con alguien que aparcó en un paso de cebra, bloqueando por completo la escena que estaba intentando capturar. Aprendió que no sirve de nada argumentar que no se puede aparcar allí: cuando uno se pone en modo policía, la gente se molesta. Es más efectivo pedir las cosas por favor y explicar que están dificultando su trabajo. Sin embargo, no siempre ceden. Aparcar en la ciudad es un verdadero desafío.
Este tipo de situaciones surgen porque no se apoya en la fotografía. Al pintar siempre del natural, au plein air, cada sesión está expuesta a todo tipo de imprevistos. La composición depende de factores naturales y de la acción humana. Los automóviles son, por su naturaleza, móviles. De la Concha tiene que capturarlos en su momento de descanso, cuando están aparcados, aunque no puede prever si ese reposo será un largo sueño o una breve siesta, ni si otros coches se unirán a la escena. De ahí el título “Perpetuum auto-mobile”.
El artista es el que nunca se detiene. Tiene que poner en juego toda su destreza en una actividad que requiere una concentración total: cada movimiento debe ser minimizado, mientras que el impacto de cada pincelada se maximiza. No es necesario buscar el accidente, porque siempre estará presente. La exposición en MÄA nos muestra cómo De la Concha transforma esa tensión —la del paisaje urbano en constante cambio, la de los coches que van y vienen, la del pintor que persigue una luz y una composición efímera— en pura materia pictórica. Sus obras no son solo simples imágenes de automóviles, sino el reflejo de una lucha diaria contra el tiempo, el tráfico y la incertidumbre misma. Así, lo que al principio parecía una pregunta sencilla —¿por qué pintar coches?— se convierte en una profunda reflexión sobre el arte, la perseverancia y la búsqueda de uno mismo a través de la pintura.

