Gema Polanco. Una mano azul me sostiene

Gema Polanco. Toda mi casa es un altar

Hasta el 25 de octubre de 2026.

Museo Nacional de Artes Decorativas

Montalbán 12. Madrid

Toda mi casa es un altar: el hogar como territorio sagrado

La artista Gema Polanco, (Valencia,1992) ha transformado la segunda planta del Museo Nacional de Artes Decorativas en un espacio íntimo e híbrido. Esta exposición entrelaza sus obras con la arquitectura y las colecciones del museo, creando un diálogo fascinante entre lo doméstico y lo sagrado, así como entre el arte contemporáneo y la memoria material de los objetos que llenan nuestros hogares.

La muestra surge de una pregunta sencilla pero profunda: ¿qué es lo que convierte un espacio en un hogar digno de cuidado, fe o memoria? El recorrido comienza con un impresionante tapiz que cuelga en la escalera, sirviendo como umbral al mundo imaginativo de la artista. Desde ahí, banderas, collages, trajes, amuletos y talismanes crean un paisaje poético que nos invita a ver los materiales cotidianos desde una nueva perspectiva. Cada pieza se presenta como un gesto de transformación, capaz de desvelar la dimensión espiritual que reside en los objetos más cercanos a nosotros.

El trabajo de Polanco se alimenta de procesos artesanales, un espíritu autodidacta y los lenguajes de la cultura popular. Su conexión con los textiles y los oficios manuales es orgánica e intuitiva, donde aprender, adaptar o inventar métodos es parte integral de su proceso creativo. Su trabajo fusiona lo doméstico y lo sagrado con elementos punk y performativos, dando lugar a un lenguaje corporal y sensorial. Obras como «La feroz» (acuarela, bordado, collage, conchas y plumas sobre papel, 2026) y «My Private Pool of emotions» (textil, bordado y pigmento, 2024) son ejemplos perfectos de esta mezcla de técnicas y materiales.

En esta convivencia entre las obras y el patrimonio del museo, se produce una transformación: la autora se sumerge en sus espacios y lo que antes parecía fijo ahora adopta una nueva esencia. Así, la casa se abre a lo que no se ve: un lugar donde lo cotidiano puede convertirse en ritual y donde cada objeto tiene el potencial de ser refugio, ofrenda o promesa. El visitante es invitado a cruzar ese umbral, a moverse entre la memoria personal y la creación contemporánea, redescubriendo que, tal vez, cada casa puede ser un altar.

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