
Irene Anguita, “Dark Room 3”, 2025
Nueva-Vieja Pintura
Del 13 de mayo al 19 de julio de 2026
Sala de Arte Joven
Avda. de América, 13. Madrid
La Sala de Arte Joven nos trae “Nueva-Vieja Pintura”, una exposición que forma parte de los proyectos ganadores de la decimoséptima edición de la convocatoria Se busca comisario. Esta iniciativa se enfoca en nuevos modelos curatoriales y busca abrir las puertas del mundo profesional a jóvenes comisarios. La muestra ofrece una exploración experimental de la pintura contemporánea, organizada en torno a cuatro conceptos clásicos que han influido en la creación del arte moderno y contemporáneo: formalismo, historicismo, figuración y conceptualismo. Estos cuatro ejes museográficos no buscan dar una visión completa sobre el estado actual de la pintura, sino que ofrecen un acercamiento necesariamente parcial a la idea de un posible regreso a lo pictórico. Es un ejercicio tentativo y en tiempo real que surge de un contexto inmediato y de la práctica de siete artistas que forman parte de él, quienes no necesariamente comparten un mismo marco generacional o epistemológico, ni se definen estrictamente como pintores.
El binomio nuevo-viejo crea un espacio temporal que se puede expandir, como un futuro que se entrelaza con el pasado y un pasado que se refleja en el presente. Es una metodología un tanto desarticulada que responde a esa retórica causal que todavía se encuentra en muchos discursos institucionales. La exposición plantea que si el tiempo ya no es lo que era y la historia ha perdido su significado, entonces una historiografía de ese no-tiempo debería incluir narrativas que se superponen, que tienen múltiples significados o que son dialogantes, permitiéndonos así ampliar, o al menos experimentar, nuestras perspectivas sobre el presente. De esta manera, el trabajo de Irene Anguita, Álvaro del Fresno, Andrés Izquierdo, Esther Gatón, Iris Sanmartín, Raúl Silva y María Tinaut muestra cómo los lenguajes del pasado siguen resonando en nuestra imaginación pictórica, aunque esos códigos ya no se comprendan como antes.
La exposición no busca un regreso nostálgico a la pintura tradicional, ni se adentra en las controversias sobre su muerte o resurrección. En cambio, ofrece un recorrido que mezcla tiempos y significados, revelando cómo ciertos métodos y debates históricos resurgen en el presente de manera inevitablemente distorsionada. Cada uno de los cuatro ejes curatoriales actúa como un filtro que permite revisar obras contemporáneas a través de viejas preguntas formales, históricas, figurativas o conceptuales, sin imponer conclusiones ni jerarquías. Así, “Nueva-Vieja Pintura” se transforma en un laboratorio de escritura histórica no lineal, donde el espectador puede apreciar las tensiones entre lo que permanece y lo que evoluciona en la práctica pictórica actual.

