
Roberto Urbano. Dislates y Greguerías
Del 28 de marzo al 23 de mayo de 2026
Galería Daniel Cuevas
c/ Santa Engracia, 6 Bajo Centro
En este proyecto, Urbano crea un diálogo entre dos formas de pensamiento que, a primera vista, pueden parecer ilógicas: el dislate y la greguería. Estas se entienden como herramientas para explorar dimensiones de la realidad que se escapan a la lógica común. Ambas se atreven a romper con la lógica convencional a través del absurdo, la paradoja o el humor, con el objetivo de desvelar significados ocultos. El dislate se conecta aquí con la figura de San Juan de la Cruz, el místico carmelita del siglo XVI, cuya escritura utiliza contradicciones para describir la experiencia espiritual. Los dibujos de Urbano se inspiran en esta tradición, incorporando la verticalidad, la ascensión y la levitación como elementos formales que evocan la elevación espiritual. A partir de esto, el artista propone un dislate personal que enlaza la obra del pintor barroco Juan Sánchez Cotán, especialmente su bodegón «Cardos y zanahorias», con la mística carmelita. Sugiere que la austeridad en la composición, los objetos suspendidos sobre un fondo oscuro y la sensación de silencio pueden interpretarse como equivalentes visuales de los procesos espirituales que se describen en textos como «Subida al Monte Carmelo» o «Noche oscura», donde la nada se convierte en el verdadero protagonista.
Frente a esta vertiente mística, la segunda parte del proyecto se centra en la greguería, tomando como base la rica tradición literaria española. Aquí, se hace referencia a la obra de Ramón del Valle-Inclán y su profunda exploración de la tensión entre lo sagrado, lo grotesco y lo político. Urbano introduce la fricción entre lo espiritual y el poder político a través de dos trabajos concretos. Por un lado, reinterpreta la escultura romana Apoteosis de Claudio (Museo del Prado), un símbolo propagandístico de la divinización imperial, para mostrar cómo lo espiritual puede ser utilizado como una herramienta de legitimación política. Por otro lado, presenta una obra que surge de una experiencia personal en Guatemala, relacionada con la teología de la liberación. Durante un proyecto con teólogos en 2011, Urbano recibió una llamada anónima que decía “El perro está suelto”, un mensaje que funcionó como advertencia en los años más oscuros del conflicto armado guatemalteco en la década de 1980, cuando religiosos y activistas eran perseguidos bajo el régimen de Efraín Ríos Montt. La obra El perro traduce esa experiencia en una figura latente que actúa como metáfora del miedo político y la persistencia de las estructuras de violencia. Roberto Urbano, Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Granada y con una amplia trayectoria tanto nacional como internacional, reúne en esta exposición dos registros que a primera vista parecen opuestos —el místico y el crítico— para construir una reflexión sobre cómo el absurdo, la paradoja y el silencio pueden convertirse en vehículos de sentido tanto en la experiencia espiritual como en la memoria política.

