Sirat: el espíritu y el cuerpo

Por Carlos Jiménez

Según mi experiencia Sirat, la exitosa película de Oliver Laxe, ha resultado ser un autentico parteaguas. La amas o la odias, sin que parezca existir entre los espectadores del común un término medio, distinto del que ofrecen los críticos de cine que hacen un balance neutral de pros y contras. No me sorprende. Oliver Laxe ha pulsado una tecla que ha convertido de golpe en polémico un tema que hasta ahora fluía tranquilamente, como las aguas mansas de un gran rio que ha apaciguado las turbulencias de los arroyos de alta montaña que originaron su caudal.

El tema es larelación con el Espíritu que, para nuestra cultura, fue definida de manera duradera por el cristianismo en el Concilio de Constantinopla de 381, con la consagración del dogma trinitario. El Dios uno y trino: el Padre, el Hijo y el Espíritu santo. La triada que la modernidad se dio a la tarea de disolver con el fin de liberar al espíritu de cualquier encadenamiento o servidumbre.

Lo hizo de dos maneras básicas: la filosófica y la mística.  En la primera, Hegel desempeño históricamente un papel crucial con la publicación de la Fenomenología del espíritu en 1807, en la que el espíritu se identifica con el filosofar y este se concibe como pensamiento en acción que, en un proceso dialectico, se genera a sí mismo y en ese generarse a sí mismo genera la naturaleza y la historia. La culminación del proceso es un saber que es absoluto porque se autodetermina, que es por sí y ante sí.

El Dios desaparece de la escena, pero no por ello su omnipotencia y su capacidad de ser el que se es por sí mismo, reafirmados en el dogma trinitario. Atributos que son transferidos a un espíritu todo poderoso capaz de engendrar el pensamiento consciente de sí mismo, el saber absoluto, la naturaleza y la historia. Omnipotencia que, por delegación o vicaría, ejerce el filósofo. Cuyo cuerpo experimenta una profunda transformación, inducida por el hecho de que, en el plano corporal, el filosofar se realiza como un intercambio circular interminable entre el leer y el escribir, que privilegia a los ojos, al cerebro y las manos y relega a una condición ancilar y subalterna al resto de los órganos y miembros que componen el cuerpo humano. El filósofo puede hacer deporte o frecuentar el gimnasio, pero son los ojos y el cerebro los que verdaderamente cuentan a la hora de filosofar. El cuerpo deviene así un cuerpo sin órganos (Gilles Deleuze dixit) Y el cuerpo expuesto y torturado del Hijo desaparece igualmente de la escena trinitaria.

Aquí probablemente radica la desaprobación cuando no la hostilidad abierta con las que el filósofo suele recibir a Sirat. No me sorprende.La película se sitúa en un extremo y muestra una relación otra con el espíritu – una relación no logificada para decirlo con Xavier Zuribi – que demanda la participación plena del cuerpo. La del cuerpo omitido u obliterado por el filosofar.

Laxe lo consigue filmando una película que es una variación del éxodo bíblico, porque narra la historia las vicisitudes de una multitud que cruza el desierto, no en busca una tierra eternamente prometida sino de la enésima celebración de la rave. La rave que buscan es el más lejano, el más extremo, el que quizás se convierta en la rave de la rave, el equivalente al paraíso en la tierra para una multitud de precarios y desahuciados, reunidos siempre por la voluntad de alcanzar lo que comúnmente resulta inalcanzable. La liberación del yo, del mundo, de la marginalidad, de su propia existencia precaria. No en el cielo prometido por el Dios padre omnipotente sino en ese Mas allá que, paradójicamente, se realiza en el aquí y en el ahora, gracias a la obra milagrosa de la música que les convoca, reúne y libera. La música que actúa sobre la plenitud de sus cuerpos como espíritu, como aliento, como soplo divino si se me permite la hipérbole, que quizás no lo sea tanto.

La voluntad de búsqueda del Mas allá la encarna en el filme de Laxe un grupo familiar de fans de la raveque se aparta de la multitud porque desobedece la prohibición del Ejército de seguir adelante y continúa la marcha hacia la rave que se les ha prometida. Se les une un hombre común y corriente y su hijo, quién conoció al grupo en la rave a donde llego en busca de la hija de la que no tiene noticias hace meses y cuyo ultimo paradero conocido fue precisamente otra rave en el desierto.

A partir de ese momento la película se convierte en una Road movie, con resonancias de Easy rider, por lo que tiene de viaje iniciático, no para los raveros sino para el padre obligado participar en la clase de experiencia vital que fue la misma que quiso experimentar su hija adentrándose en el desierto en busca de la rave más extrema.

La experiencia es dolorosa y para peor termina mal, muy mal. Por lo que no sorprende que cause desasosiego o rechazo entre muchos de quienes han decidido incorporar la totalidad de cuerpo a su búsqueda del crecimiento personal y el perfeccionamiento espiritual. Forman parte del dilatado y heterogéneo campo de creencias y practicas extendidas por todo Occidente, cuyo paradigma, cuyo emblema si se quiere, es el yoga. No el yoga tradicional sino el yoga , el yoga contemporáneo, forjado principalmente en California utilizando creencias, ritos y prácticas provenientes del hipismo, la New Age y el budismo zen, tal y como lo expuesto Zineb Fahsi, autora del libro El yoga, nuevo espíritu del capitalismo. Para este yoga el cuerpo importa como ya dije, pero las técnicas con las que lo disciplina no pretenden la anulación mística del yo sino el acceso al yo interior, la liberación de las energías espirituales bloqueadas y la sanación del cuerpo y la mente de los traumas causados por un mundo hostil. Que puede transformarse en amable y receptivo si se cambia de actitud ante él, ante sí mismo y ante los semejantes. 

Por lo que no sorprende que el optimismo radical implícito en esta estrategia vital se sienta agraviado por el final trágico de Sirat y por el espectáculo ofrecido por los cultores de la rave que protagonizan la película. Lo contradice su condición material evidentemente precaria de estos últimos, su obstinación en mantenerse como colectivo al margen de la sociedad y su permanente disposición a dejarse arrebatar por la música tecno para alcanzar el éxtasis.

 Me recuerdan la performance los shakers, citados por Dan Graham en Rock my religion, su investigación sobre el rock y sus orígenes.  Grahan, citando fuentes de la época, describe así dichas performances: “Tras una semana de trabajo sobrio, los Shakers se reunían los domingos para adorar en la Danza Circular. Hombres y mujeres formaban cuatro círculos concéntricos en movimiento. La danza los liberaba del pecado individual y los ayudaba a alcanzar la pureza colectiva. El grupo cantaba rítmicamente la Biblia y marchaba en círculos. Deteniéndose, gritaban: ´ ¡Aplasta al diablo! ´. Hermanas y hermanos giraban y gritaban: ´ ¡Shake! ¡Shake! ¡Shake! ¡Cristo está contigo! ´. Todos saltaban. Algunos se quitaban la ropa. Ataques de temblores y éxtasis recorría al grupo. `Tambaleándose, girando, retorciéndose´, unos se balanceaban. Otros se doblaban como ruedas o giraban como troncos rodantes. Algunos se ponían a cuatro patas, como perros, gruñían, chasqueaban los dientes y ladraban”.

Cierto, la performance de los fans de la rave está lejos de estos “excesos y extravagancias”. Ellos encarnan probablemente el última la secuencia de una larga historia de disciplinamiento de los cuerpos por la máquina y la cadena de montaje, en cuyos inicios están los shakers. Notable reacción mística a dicho disciplinamiento. Pero si, por comparación, sus danzas de posesos resultan más comedidas, no por ello dejan de causar el rechazo de muchos cultores del yoga contemporáneo o del mindfulness. Probablemente les resultan irritantemente caóticas, desafortunadamente paródicas. 

Fotos, Carlos Jiménez.

En el Museo Reina de Sofia está abierta actualmente la video instalación de Oliver Laxe titulada HU/هُوَ.Bailad como si nadie os viera, que proyecta sobre las paredes de la sala y en loop secuencias de Sirat.

One thought on “Sirat: el espíritu y el cuerpo

  1. Magnífico texto, cala hondo en la obra.
    Las personas retorcidas, dobladas, plegadas al criminal capitalismo reinante del emperador pelirrojo, bien lo representa en su propio país los adictos al fentanilo.

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