
Custodiar el futuro: Francesca Thyssen-Bornemisza y Markus Reymann repiensan el coleccionismo desde el Museo Thyssen-Bornemisza
Por Alfredo Llopico.
En un presente marcado por crisis ecológicas, mutaciones culturales y reconfiguraciones políticas, la pregunta por el papel del coleccionismo de arte contemporáneo resulta urgente. ¿Puede el coleccionista ser algo más que un guardián de objetos? ¿Puede contribuir a transformar el mundo en lugar de limitarse a documentarlo?
Estas cuestiones atraviesan el ciclo de conversaciones que el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza dedica a coleccionistas que impulsan una renovación activa del sistema del arte. Dirigido por Rosina Gómez-Baeza y Lucía Ybarra, el programa ha convocado a figuras que han ampliado los límites del coleccionar para convertirlo en un gesto cultural, político y social.
La penúltima sesión, celebrada el pasado 4 de noviembre de 2025, estuvo protagonizada por Francesca Thyssen-Bornemisza, fundadora de TBA21 – Thyssen-Bornemisza Art Contemporary, y Markus Reymann, codirector de la institución y cofundador de TBA21–Academy. Ambos abordaron el coleccionismo no como acumulación, sino como custodia, responsabilidad y catalizador de transformación.
Durante la sesión, Francesca Thyssen-Bornemisza explicó que su forma de coleccionar se ha ido alejando de la acumulación de obras para acercarse a la construcción de contextos, vínculos y responsabilidades. Para ella, el coleccionismo tiene sentido solo cuando empieza con preguntas y no con objetos, y supone acompañar a artistas que trabajan con urgencias sociales, ecológicas y comunitarias. Subraya que el arte se convierte, en este sentido, en un espacio de imaginación crítica capaz de sostener esperanza en un momento en el que la saturación informativa y el desgaste emocional hacen difícil pensar futuros posibles. Coleccionar, dijo, era custodiar procesos que generan sentido compartido, no solo conservar aquello que ya ha sucedido.
En este marco se sitúa la trayectoria de TBA21, la fundación creada por Francesca en 2002 y que ha introducido dentro del Museo Thyssen-Bornemisza formas de activar el arte orientadas a problemáticas ecológicas, geopolíticas y sociales. Su labor no se limita a transformar la institución, sino también a repensar el lugar del coleccionista como agente cultural y político, capaz de asumir responsabilidades hacia la vida común. Frente al modelo patrimonial heredado, defiende uno basado en el apoyo, la escucha y la creación de redes de colaboración.
Por su parte, Markus Reymann situó su punto de partida en un recuerdo personal ligado al océano. Las estancias de su infancia en Escocia despertaron en él una sensibilidad hacia la naturaleza que con el tiempo se convirtió en una orientación vital y profesional que culminaría en 2011 en la creación de TBA21–Academy, una plataforma que une arte, investigación científica, activismo ambiental y acción política.
Reymann explicó que la Academy nació de la convicción de que los artistas son fundamentales para transformar nuestra relación con el planeta y que el cuidado del océano debía convertirse en una práctica cultural y no únicamente en una cuestión técnica o científica. Propuso sustituir el paradigma de la sostenibilidad —que busca mantener el equilibrio— por el de la regeneración, que implica devolver más de lo que se toma y asumir un rol activo en la reparación de los ecosistemas dañados. La Academy se define así como un centro donde investigación, creación y acción pública se entrelazan gracias a expediciones, residencias, publicaciones científicas, proyectos con comunidades costeras y creación de áreas marinas protegidas.
La sede veneciana de la institución, Ocean Space, instalada en la antigua abadía de San Lorenzo, se presentó como un lugar donde arte y ecología se piensan y se experimentan en relación directa con el territorio de la laguna. Reymann destacó la importancia de recuperar la relación entre la ciudad y su paisaje acuático, invitando especialmente a jóvenes y comunidades locales a volver a sentir la laguna como parte de su vida cotidiana y no como un elemento decorativo o funcionalmente invisible.
Ambos ponentes subrayaron también la relevancia creciente de la presencia de TBA21 en España, impulsando colaboraciones con instituciones y trabajando estrechamente con artistas locales cuya obra, especialmente en el campo de la escultura y la práctica material expandida, requiere mayor visibilidad y acompañamiento. La intención, señalaron, no era solo traer referencias internacionales, sino ampliar las redes de circulación, reconocimiento y apoyo del contexto español hacia afuera.
La sesión no fue únicamente una conversación sobre coleccionismo. Fue la formulación de una ética del cuidado, la interdependencia y la imaginación compartida. Una llamada a custodiar —no solo coleccionar— aquello que puede sostener un futuro habitable.

