
CRISTINA IGLESIAS. Bosque mineral. 2025. Fotos, cortesía Fundació Catalunya La Pedrera
CRISTINA IGLESIAS. LA ESCULTURA COMO LABERINTO NATURAL
Por Ramon Casalé Soler.
“La escultura puede transformar un lugar y ofrecer nuevas formas de interacción y reflexión para quienes lo transiten. Busco crear obras que dialoguen con su entorno y enriquezcan la experiencia del espectador”.
Cristina Iglesias
En 2021 la escultora Cristina Iglesias (San Sebastián, 1956) realizó una monumental instalación en la isla Santa Clara, situada en la bahía donostiarra de la Concha, titulada Hondalea, que en euskera significa “abismo al mar”. Posiblemente se trate de la obra más atrevida y singular de la artista, ya que no le importa en absoluto afrontar nuevos retos. La instalación reconstruía una enorme gruta de bronce excavada a 10 metros de profundidad, con la idea de que en el fondo se atisbara la costa cantábrica.
Cuatro años más tarde tenemos la oportunidad de ver un conjunto de obras de diversas dimensiones en la Fundació Catalunya La Pedrera de Barcelona que, paradójicamente, aún no había mostrado su trabajo de modo individual en la ciudad, teniendo en cuenta que se trata de una de las escultoras más importantes del país. En 1999 se le concedió el Premio Nacional de Artes Plásticas y en 2015 la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. También recibió el Premio de Arquitectura de la Royal Academy de Londres, siendo la primera vez que se concedía a una creadora no arquitecta. Representó a España en diversas bienales como, por ejemplo, las de Venecia y Sidney. Además, vivió un tiempo en la capital catalana donde estudió dibujo y cerámica, antes de marcharse a Londres para formarse en escultura en el Chelsea College of Arts. Más tarde estudió en la Escuela de Bellas Artes del Instituto Pratt de Nueva York, gracias a una beca Fulbright.

CRISTINA IGLESIAS. Sín título (Habitación vegetal III). 2005. Fotos, cortesía Fundació Catalunya La Pedrera
En la primera planta del edificio modernista de la Casa Milà, popularmente conocida como La Pedrera, se suelen mostrar exposiciones temporales de gran nivel; artistas como Jorge Oteiza, Wllian Klein, Giorgio Morandi, Bill Viola, Jaume Plensa, Antonio López o Miquel Barceló, entre otros, han exhibido sus creaciones. De hecho, la particularidad arquitectónica del edificio debido a sus formas ondulantes y las columnas que lo sustentan, no hacen fácil la labor del diseñador y del comisario, como es el caso de la muestra actual Pasajes, a través de una treintena de obras que abarcan el período 2002-2025. Precisamente hay una obra que ha creado expresamente para La Pedrera. Se trata de Bosque mineral, ubicada en la planta noble, así como una adaptación de Vers la terre (Variación II) de 2011, que ha situado en el patio del Passeig de Gràcia.
Antes de nada, me gustaría señalar que algunas de las instalaciones, caso de Sin título (Habitación vegetal III (2005), Corredor suspendido II (2006) y The Pavilion of Dreams (Eliptical galaxy) (2016) son extremadamente grandes teniendo en cuenta el espacio donde se encuentran. Por ello, no se entiende que un museo como el MACBA no haya exhibido aún su obra, ya que este tipo de instalaciones se contemplarían mejor en él, debido a que sus espaciosas salas lo permiten. De todos modos, como la idea inicial de la exposición es la de representar la naturaleza a través del paisaje y sobre todo de la geología, casa muy bien con el concepto que tenía Gaudí de la naturaleza y las formas orgánicas. Por ello, las piezas que se exhiben se integran perfectamente en el espacio destinado a ellas, a pesar de sus dimensiones. James Lingwood señala que los espacios interiores de La Pedrera “se ensanchan y se angostan, se aceleran y se detienen, como un organismo arquitectónico con sus propios ritmos particulares”.

CRISTINA IGLESIAS. Growth I. 2018.Fotos, cortesía Fundació Catalunya La Pedrera
La exposición está comisariada precisamente por James Lingwood, codirector de Artangel, fundación dedicada a la producción de proyectos de creadores contemporáneos. El recorrido parte de la pieza Vers la terre (Variación II) que sirve para que el público comience a entender o comprender cuál es la intención de la artista, en que la materia vegetal es la protagonista mediante el uso de una serie de materiales que suelen ser habituales en la mayoría de sus obras, como la resina, el bronce y el agua. Es una más de las obras que ella mismo denomina un pozo, que en realidad lo es, creando un halo de misterio en que las formas vegetales y el movimiento del agua se va introduciendo en sus entrañas.
Las celosías que aparecen en el Corredor suspendido II (2005) nos indica que se trata de un laberinto, pero con la particularidad que se puede transitar en él. Está compuesto por un conjunto de alambres formando motivos geométricos en que aparecen una serie de referencias relacionadas con el mundo islámico.
Otra instalación parecida es The Pavilion of Dreams (Elliptical Galaxy), cuya celosía elíptica recurre, según la propia artista, a una obra clásica de ciencia ficción como es Solaris, que “describe una expedición a unas instalaciones científicas desde donde se puede observar el planeta oceánico Solaris”. Los materiales empleados suelen ser de metal, resina y madera en los que la luz, aunque sea artificial, representa un lugar soñado y a la vez expectante respecto al espacio formal que emerge.

CRISTINA IGLESIAS. Corredor suspendido II. 2006. Fotos, cortesía Fundació Catalunya La Pedrera
Las formas vegetales van sucediéndose paulatinamente en la mayoría de las piezas que aparecen en la exposición, tal como ocurre en Sin título (Habitación vegetal III), obra que ya se había exhibido en el Museo Reina Sofía y en el Centro Botín de Santander. El visitante va adentrándose entre las columnas decoradas de vegetales difíciles de clasificar con la posibilidad de que pueda tocarlas y sentir la textura que producen estas molduras tan extrañas. En cambio en Bosque mineral (2025), las columnas vegetales se confunden con las propias columnas del edificio, como si se fueran unos enormes troncos de madera, pero en realidad están realizados con resina, concretamente jesmonite y polvo de mármol.
En las esculturas Growth I (2018) y Entwined XI, XII, XIII (2022) los materiales empleados son el aluminio fundido y el vidrio, creando unas estructuras dantescas como si se tratara de la lava que va descendiendo lentamente pero ya oscurecida por paso del tiempo. Sin embargo en los cubículos donde se hayan los Pozos (Variaciones I, II y III), todos ellos de 2011, se palpa la idea de misterio, ya que en ellos anida la vida, fluye el agua cayendo en espiral mientras va sumergiéndose hacia el interior de la propia obra que como señala el comisario se basa en un “movimiento de ir y venir entre lo que podríamos llamar el contenido evidente de la obra (sus materiales, superficies, imágenes) y el latente (sus profundidades ocultas); entre lo que se puede ver y lo que se esconde debajo o más allá).
Aparte de las esculturas hay una serie de grabados, principalmente serigrafías sobre cobre y dibujos en tinta china, carboncillo, gouache y cera, que se basan en algunas de las esculturas de la exposición o bien proyectos como el de Hondalea. Finalmente, un video de 14 minutos de duración del cineasta David Trueba, sirve para que el espectador observe cómo es el proceso de trabajo y su posterior emplazamiento. Trueba entra en el estudio de la artista y mantiene una conversación con ella. Posteriormente se ve cómo va produciéndose el montaje y preparación de Pasajes.
CRISTINA IGLESIAS. PASAJES
9.10.2025 – 25.01.2026
Fundació Catalunya-La Pedrera
Carrer de Provença, 261, 265, Eixample, 08008 Barcelona

