Joan Fontcuberta

Percepción e Incertidumbre en el CGAC. El vértigo
como método

Por Ainhoa Fernández Moreira

El simulacro es una imagen que reemplaza a la realidad hasta el punto de aniquilarla, creando un estado de hiperrealidad donde se vuelve más verosímil que la propia realidad. Pese a que Baudrillard escribía esto en 1981, y su texto ha sido traído a colación hasta el aburrimiento, si ha habido un momento en que su simulacro ha cobrado su significación más literal es en el tiempo actual en el que las imágenes no solo reproducen el mundo, sino que lo generan, lo sustituyen y lo agotan. En este paisaje saturado de representaciones, la percepción se ha vuelto un terreno incierto, constantemente mediado por la tecnología y el artificio. Esa sensación acompaña al espectador desde el instante en que cruza la primera planta del CGAC (Centro Galego de Arte Contemporánea) para adentrarse en Percepción e Incertidumbre, la exposición comisariada por Santiago Olmo que reúne obras de Jaione Camborda, Joan Fontcuberta y Max de Esteban (26 de septiembre de 2025 – 8 de febrero de 2026).  

En los archivos del centro se conserva el registro de un antecedente visionario. Un ciclo internacional sobre ciencia, tecnología y arte celebrado en 1999, que hoy puede leerse como el prólogo natural de esta exposición y, a la vez, como la semilla de un diálogo que el CGAC retoma con nueva urgencia.

Más de dos décadas después, esa conversación ya no puede sostenerse desde la mera curiosidad interdisciplinar. El arte ha dejado de observar la tecnología como un objeto externo; ahora la habita, la interroga y, con frecuencia, la padece. De ahí que esta exposición no se limite a tematizar el vínculo entre imagen e inteligencia artificial, sino que lo problematiza desde dentro, incorporando la incertidumbre como elemento catalizador. Aquí lo incierto no es sinónimo de ignorancia, sino un modo de estar en el mundo, el reconocimiento de que toda percepción, incluso la más nítida, se asienta sobre una grieta.

La curaduría de Olmo se distingue por su precisión y sobriedad. Sin recurrir al efectismo tecnológico ni al exceso discursivo, el comisario articula un recorrido en el que cada artista dialoga con los otros desde una distancia justa, construyendo un discurso coral sobre los límites de la percepción y la fragilidad del conocimiento. 

Joan Fontcuberta: «Génesis.IA», 2025

A lo largo de más de cuatro décadas, Joan Fontcuberta ha construido una de las reflexiones más lúcidas sobre la veracidad de la imagen y su estatuto cultural. Desde Sputnik, la célebre odisea del cosmonauta ficticio Ivan Istochnikov, con la que el artista desenmascaró los mecanismos de legitimación de la fotografía documental, su obra se ha desplegado como una crítica persistente a la confianza moderna en la imagen como testimonio de lo real. Allí donde Roland Barthes veía en la fotografía la huella indudable de lo que ha sido, Fontcuberta sitúa el artificio. 

En Génesis.IA, el artista prolonga esa investigación sobre la verdad y el simulacro en el contexto de la inteligencia artificial, el nuevo gran productor visual de nuestro tiempo. La propuesta traslada al espectador una sucesión vertiginosa de imágenes generadas artificialmente acompañadas por una recitación continua y simultánea del Génesis bíblico. Lo que emerge no es una ilustración del mito, sino su traducción tecnológica. Un mundo de apariencias donde la creación es simulacro y la fe, algoritmo.

Jaione Camborda: «Ensayo cinematográfico sobre la ceguera», 2025

Jaione Camborda, autora de reconocido prestigio dentro del ámbito cinematográfico, ganadora de la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián con su cinta O corno (2023), traslada su lenguaje una vez más al arte contemporáneo revelando una capacidad extraordinaria para traducir y adaptar su retórica cinematográfica a otro medio de una manera singular y coherente. Camborda incorpora aquí su interés por la empatía y la sororidad, presentes en su filmografía, al territorio del video arte. Ensayo fílmico sobre la ceguera articula una invitación a la empatía con una persona sordociega, situando al espectador literal y simbólicamente, en la piel del otro. 

En la penumbra de la sala, a través de vibraciones, pulsos y frecuencias, carecemos de la vista y del oído para acceder a la percepción. No hay representación de la carencia, sino apertura a otras formas de sentir. La obra no se contempla, sino que se experimenta. Camborda transforma el hecho de percibir en lenguaje y la incertidumbre en tema.

Max de Esteban: «Un bosque», 2019

Max de Esteban, por su parte, ofrece un análisis lúcido sobre la tensión entre lo natural y lo artificial, entre la creación humana y su deriva tecnológica. El artista traza su relato a partir de la tensión entre el texto que escuchamos y las imágenes que vemos, una relación en la que lo visual se convierte en contraste del artificio textual del discurso narrado. Tanto en Lamb of god como en A forest, contrapone la imagen de lo natural frente a la construcción artificial de la obra humana, algo que podría evocarnos inevitablemente al romanticismo alemán y esas atmósferas de Friedrich donde la niebla, hecha trascendencia, termina por subsumir el paisaje. Aquí, sin embargo, la opacidad no proviene del medio natural reflejado por el artista, sino de la superposición del relato textual que lo coloniza como voz en off.

Fiel a los procedimientos que ya había explorado en obras anteriores como Propositions o Heads Will Roll, de Esteban vuelve a recurrir a un lenguaje visual esteticista que, en su aparente frialdad, hace que su trabajo se convierta en una metáfora del agotamiento perceptivo de nuestro tiempo.

El mérito de Santiago Olmo reside en articular un marco de reflexión abierto, donde ciencia y arte dialogan sin buscar conclusiones. Percepción e Incertidumbre no ofrece respuestas, sino que propone habitar la duda como forma de conocimiento. La incertidumbre, lejos de paralizar, se convierte aquí en una actitud que impulsa a repensar las categorías con las que comprendemos el mundo. La muestra como medio es capaz de trasladar parte de lo que en 1999 fue una intuición de futuro y que hoy se transforma en un mecanismo capaz de mejorar algunas de las preguntas más urgentes del presente, tal vez su enseñanza más valiosa sea esa; que el pensamiento no se consuma en la teoría ni en el dato, sino en la experiencia de mirar sabiendo que algo, inevitablemente, siempre se escapa.

CGAC, primera planta. Curaduría: Santiago Olmo. Artistas: Jaione Camborda, Max de Esteban, Joan Fontcuberta. Fechas: 26.09.2025 – 08.02.2026.

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