
Fernando Castro. Banalidades estéticas. Libros mínimos 1. 2025.
Fernando Castro Flórez, Banalidades estéticas, Libros Mínimos, Ed. Exit, Madrid, 2025
Por Carlos Jiménez
La editora Rosa Olivares justifica la inclusión de esta nueva obra de Fernando Castro Flórez en la colección libros mínimos por su evidente brevedad. Tiene 143 páginas empaquetadas en un formato Pocket book. Rosa Olivares tiene de nuevo razón cuando pone como lema de este nuevo emprendimiento editorial suyo, el lema miesiano: “menos es más”. Porque este libro mínimo ostenta la misma densidad temática que exhibe la abrumadora mayoría de los libros que componen la copiosa bibliografía de Castro Flórez. Densidad fundada en el apabullante número de citas de obras de un número igual de apabullantes de autores. Que convierten a este libro, y desde luego al resto de los libros de Castro Flórez, en un ejemplo mayúsculo de lo que significa escribir en tiempos del internet. Ofrezco un ejemplo. Busco ahora mismo en Google el termino Contemporary art y en 10 segundos me ofrece 987 títulos de artículos, libros y videos dedicados al tema. Y algo semejante e incluso más nutrido ocurriría si preguntara por neoliberalismo o la pandemia. El estado del arte exigido en el mundo académico para fundamentar la elección de un determinado objeto o tema de investigación es hoy una exigencia de imposible cumplimiento. En el tiempo que toma la consulta de una extensa bibliografía otros cuantos títulos se han añadió a la misma. Siempre aparece a última hora un artículo capaz de cambiar la perspectiva. En este contexto Fernando Castro Flórez es como el sastrecillo valiente que se enfrenta a un ogro desmesurado e intenta someterlo a fuerza de enhebrar citas que doman su poder inconmensurable de generarlas.
Los que carecemos de la energía de Fernando, de su dedicación y de su tiempo para abarcar al universo entero y sus detalles caemos rendidos de admiración a sus pies. Pero no solo porque sea capaz de leerlo todo y de encadenarlo todo. También nos seduce su prosodia. La musicalidad de su prosa, tan melódica, tan de la dulzura de flauta, que nos atrapa y subyuga y nos invita a seguirle frase tras frase, párrafo tras párrafo, página tras página, sin que nos desanimen las contradicciones e inconsistencias que en ocasiones estropean su argumentación. A los virtuosos se les perdona la nota en falso. El conjunto siempre salva el detalle, para quienes solo somos simples aficionados.
Esta es la segunda o acaso la tercera vez que escribo la reseña de un libro de Castro Flórez y, como en las dos anteriores, he intentado tomar notas para dar sustento y validación a mis comentarios sobre la misma. Pero al final desistí como ahora desisto. Para mí resulta vano el intento de entresacar y destacar algún pasaje de su discurso, porque todos tienden a igualarse entre ellos. Cada uno me parecen igual de importante que los otros. Nunca logro establecer cual puede condensar el argumento o la tesis que articula la interpretación o la lectura que Castro Flórez hace de un determinado tema. Es paradójico que resulte tan difícil citar en un libro tan cargado de citas. Pone de manifiesto el subrepticio deterioro de la cita en cuanto tal, en esta época caracterizada por el flujo interminable en la red de informaciones, opiniones, reflexiones y teorías. Las citas han dejado de ser categóricas y concluyentes, para convertirse en pasajes o eslabones de discursos por definición abiertos, heterogéneos, interminables. En este punto acudo a la invitación de Marcelin Pleynet a disfrutar de “el placer de la pintura” para apoyar la tesis de que este y otros tantos libros de Fernando Castro Flórez son una invitación al placer de la lectura. Así, sin más, por lo que la lectura vale por sí misma.

