
Luis Pérez-Mínguez. Sin título, 1983. Imagen de la entrada de la exposición Andy Warhol. Pistolas, Cuchillos, Cruces© Luis Pérez Mínguez, VEGAP, Madrid, 2025
Un galerista fuera de serie y una exposición legendaria.
Por Carlos Jiménez.
En el Museo Nacional Reina Sofia, viene de pre estrenarse el documental Warhol-Vijande. Más que Pistolas, Cuchillos y Cruces, dirigido por Sebastián Galán, relectura de la mítica exposición de Warhol en la igualmente mítica galería Fernando Vijande de Madrid, hecha en 1983 y en clave Movida madrileña. Como lo corrobora el hecho de que espectador es guiado por Alaska en el recorrido por todos los episodios y espacios involucrados en la realización de dicha exposición, incluida la Factory, el escenario, el refugio, el proyecto sin fin, la insólita sede de la empresa del rey del Pop art. La elección de la icónica cantante de la Movida madrileña para el desempeño de este papel, es perfectamente coherente con el propósito de Galán de reconstruir con la mayor fidelidad posible la recepción madrileña de la obra de Warhol, protagonizada tanto por artistas y figurantes de la Movida como por la facción liberal y moderna de la ruling class y desde luego por los medios. Los mismos que le dieron un despliegue tan grande como el dado a la segunda edición de ARCO realizada un par de meses antes. Todos ellos comprometidos con la promoción de la alegría, la fiesta, la juventud en estado de inocencia y desde luego los <<paraísos artificiales>> baudelerianos. Por razones entre las que figura la expuesta por Martin Moniche en la entrevista incluida en este documental: «En los eventos de Fernando se produce lo que este país necesitaba: ¡divertirse!, porque había estado cuarenta años sin diversión. El cambio político no podía venir por un cambio radical. Entonces, ¿por dónde iba a venir el cambio? Por la cultura».
De esta voluntad colectiva de divertirse no tenía la más mínima noticia Andy Warhol, cuando Fernando Vijande le abordó para proponerle que hiciera una exposición en su galería de Madrid. Él aceptó y de inmediato se puso a trabajar en ella con la misma premeditación con la que solía preparar todas sus exposiciones. Tal y como explica en el documental uno de los miembros de su equipo neoyorquino, el nombre de España le trajo a la cabeza dos imágenes: la de la Guerra civil y la del catolicismo. Por este motivo eligió los temas de los cuadros que finalmente expuso: los cuchillos, las pistolas y las cruces. Con esta interpretación de la marca España, le dio un nuevo giro de tuerca a la fascinación – suya y de América – por la violencia. La que antes le había movido a hacer obras sobre la silla eléctrica, el ranking de The Most Wanted y la epidemia de los accidentes automovilísticos. El Warhol, aparente o realmente frívolo, centrado en las imágenes jubilosas del American Way of Life, la sopa Campbell, el detergente Brillo y las glamorosas estrellas de cine, fue también el artista de la otra cara del entusiasmo americano: la pesadilla recurrente de la violencia. Esa que, en los años 80 del siglo pasado, los años de la presidencia de Ronald Reagan, había clausurado definitivamente el capítulo protagonizado por los pacifistas de la Flower generation que habían animado el concierto de Woodstock, y dado paso a una época tenebrosa. Yo viví el Nueva York de aquellos años, cuando la calle 42 de Manhattan era un antro y el simple turismo en Time Square un deporte de alto riesgo. La música la ponía Sid Vicious y los Sex Pistols y las imágenes Robert Mapplethorpe. El negro reemplazó a los colores.

Luis Pérez Mínguez, Sin título, 1983. Andy Warhol y Fernando Vijande en la exposición Andy Warhol. Pistolas, Cuchillos, Cruces de la Galería Fernando Vijande. © Luis Pérez Mínguez, VEGAP, Madrid, 2025
Aquí hay que hablar de pasos cambiados: América se hundía en el autoritarismo y la violencia y España se liberaba de ambos, cuando Warhol decidió aceptar la invitación de Vijande de exponer en su galería. Por lo que no sorprende que la exposición de pistolas, cuchillos (que podían evocar el degüello de Sharon Tate por la banda de Charles Manson) y de cruces inquisitoriales o del KKK, fuera convertida en la ocasión de un festejo multitudinario. Asistió << todo el mundo>>, como suelen decir las revistas del corazón, y en esa multitud se mezclaron, en los registros gráficos de la época, Pedro Almodóvar con Alaska, Guillermo Pérez Villalta con Miquel Navarro, Costus y Fabio McNamara y un larguísimo etcétera. Todos jovencísimos, radiantes, sin que ninguno acusara en su rostro la más mínima huella dejada por las tribulaciones de sus mayores. Fue también una fiesta intergeneracional: asistieron, junto la añeja y muy mediática Pitita Ridruejo, Agatha Ruiz de la Prada y Cristina Huarte, la más joven de la saga de los Huarte, los mismos que construyeron el Valle de los Caídos y luego financiaron en 1972 los Encuentros de Pamplona. La vida que da muchas vueltas.
El escenario sin embargo era más neoyorquino que madrileño. En otro de sus gestos rompedores, Fernando Vijande alquiló un parking subterráneo en la calle Núñez de Balboa y en vez de acicalarlo lo dejo tal cual, probablemente en homenaje a los cochambrosos Loft del sur de Manhattan por entonces reconvertidos en estudios de artistas y espacios de arte independientes. También tomo otra decisión: cobrar por la entrada 100 pesetas. El crítico de arte y curador Armando Montesinos – director de la galería Vijande en su última etapa- contó en el coloquio que siguió a la proyección del documental, que en la inauguración los asistentes hicieron cola para que Warhol les firmara el tique. Y no solo el tique: cuanto papel tuvieron a mano. Los más listos incluso le hicieron firmar carteles. La exposición costó mucho y no produjo ganancias: solo se vendió un cuadro, eso sí por la entonces astronómica cifra de 7 millones de pesetas. Quién lo compró lo vendió años después por millones de dólares y no de pesetas.
La realización del documental ha sido posible por los apoyos financieros de la Fundación Gloria Soler y la Fundación Suñol. Rodrigo Navia- Osorio Vijande, hijo de Fernando, es presidente de la Colección Suñol Soler.


Como siempre Alaska (melacasca) fagocitando todo. Estuve en la inauguración y no llegué a pasar de la esquina de la gente que había. Eso si, recuerdo sobre todo a Anita Obregón como loca haciéndose sitio y a un Miguel Bosé intentando marcar distancias. Me fui de el asco que me dio todo aquello.
Ahora hay un recuerdo grato de Fernando Vijande, el galerista olvidado durante mucho tiempo. https://www.arteinformado.com/magazine/n/fernando-vijande-el-galerista-olvidado-745
Este fue el primer gran artículo escrito sobre su figura. Hace ya casi 20 años,que lo escribí, y me costó meses
y algún que otro disgusto. JG
Excelente documental, Warhol-Vijande. Lo vi primero en Cines Verdes, y luego en la proyección del Museo Reina. Sofia, en las dos proyecciones intervine espontáneamente. Conte que Andy, me llamo para que estuviera presente en The Factory, para cuando llegara este galerista español Vijande. Por supuesto fui, y conocí a Vijande, un caballero elegante, educado, simpático. Andy, luego me pregunto mi opinion, y le dije que me parecia excelente que aceptara la invitación, que España, era un pais interesante, que se estaba librando de una dictadura espantosa, el franquismo. Que Madrid, se estaba despertando de esa pesadilla, y que había un renacimiento. A su regreso me conto que la había pasado muy bien, que Madrid, esa un ciudad majestuosa, y que los españoles eran muy simpáticos, y locos. Dije en mis intervenciones que Vijande, fue un pionero de los galeristas de España, y que se necesitan varios Vijande, en los momentos actuales, lo cual repito. Saludos…