
Santiago Serrano. Ahuecar: 50 años de pintura
Por Jesús Cámara
Conocí a Santiago Serrano con motivo de su participación en el I Salón de los 16, dirigido por el crítico Miguel Logroño. Se inauguró en junio de 1981 en el antiguo MEAC(Museo Español de Arte Contemporáneo) y, por aquellas fechas, yo me encontraba de coordinador de la inolvidable antológica de Picasso, presentada en los primeros días de septiembre en ese mismo museo, comisariada por Ana Beristáín y Rosa María Subirana Un breve tiempo después, mientras trabajaba con mi querida Catherine Coleman en la exposición Libros de Artista -en las salas del Ministerio de Cultura del Paseo de Recoletos- incluimos en el proyecto a Santiago. Así quedó constancia en el catálogo del mismo, con la ficha técnica de tres cuadernos (uno de ellos de fotocopias) y su reproducción fotográfica en la página XIII. Desde entonces he seguido su trayectoria, -yo diría con fervor-, y recuerdo especialmente la individual que le dedicó mi gran amiga Ana Jacob, en su galería Depósito 14, en 2003, Ese fervor es debido en gran parte debido a mi estudio, conocimiento y promoción de otro de los grandes abstractos del pasado siglo: Salvador Victoria, cuyo museo organicé y dirigí. Esa afinidad ha hecho que la creación de Serrano me resulte, todavía hoy, aún más, particularmente cercana.

La exposición Ahuecar (50 años de pintura), que actualmente presenta Marquesa Gallery, propone una lectura fresca y generosa. En esta ocasión el comisariado corre a cargo de Mariana Rey, directora de la galería, lo que marca una diferencia respecto a la muestra anterior, Geometrías del Silencio (octubre de 2024), con la que se inauguró el espacio y que contó con el comisariado de Mariano Navarro.
Conviene recordar ese precedente porque ambas propuestas dialogan de forma natural. Geometrías del Silencio no era una retrospectiva, sino un ensayo de depuración extrema. Navarro, profundo conocedor de Serrano, planteó allí un montaje casi ascético: grandes piezas donde la geometría se tensaba hasta volverse pura respiración. El color aparecía con una sobriedad calculada y el espacio expositivo se concebía como una caja de resonancia para que la pintura, despojada de todo accesorio, se ofreciera como experiencia de silencio. Aquella inauguración estableció el tono de Marquesa Gallery: un lugar para mirar despacio, donde la obra de Serrano se mostraba en su forma más esencial, casi como un pensamiento visual suspendido en el aire.

En Ahuecar, Mariana Rey recoge ese espíritu de concentración y lo expande hacia el tiempo. La propia comisaria relata el origen del título: “Este verano, en su estudio de Caracenilla, mientras hablábamos de arte y de lenguaje, Santiago Serrano pronunció una palabra: ahuecar… Nos habló de cómo esa palabra comienza con una apertura —la ‘a’—, atraviesa un silencio —la ‘h’—, y se recoge en la ‘u’, vocal cerrada y grave. ‘Es casi una meditación’, dijo. Y entonces lo supimos: ese sería el título de la exposición”. Para Rey, ahuecar “no nombra solo una acción formal, sino también una actitud. No se trata de llenar, sino de crear espacio, de preparar el lugar para que algo pueda surgir. De sugerir. Como en su pintura, donde todo se reduce a lo esencial: plano, materia, ritmo. Nada sobra, nada distrae”.
Ese enfoque marca el recorrido de la muestra, que abarca cinco décadas de trabajo. Los años setenta son el punto de partida de una voz singular. Tras su regreso de París, Serrano abandona la representación para centrarse en la construcción de planos cromáticos. Dípticos, cartones y modulaciones de color definen un lenguaje que encuentra su icono en el Tríptico Propac (1976), superficie aparentemente monocroma formada por capas de color que se depositan como estratos de tiempo. Para Serrano, “el cuadro no era una idea, sino una idea de trabajo”: la pintura como proceso más que como imagen.

En los ochenta, su obra se vuelve aún más introspectiva. Los colores se apagan, la geometría adquiere resonancias simbólicas y el cuadro se convierte en ámbito de recogimiento. Navarro lo describía en términos de “estado musical” previo a la idea poética, una definición que también encajaba con el clima de Geometrías del Silencio: allí, en 2024, ese silencio había alcanzado una forma casi absoluta, como si toda la experiencia de esa década se hubiera destilado en un lenguaje mínimo.
La década de los noventa abre un momento de síntesis y expansión. Serrano recupera la frontalidad del cuadro mientras explora la dimensión objetual y espacial, como en la serie Instrumentos de Pasión. Es también la etapa de su incursión en procesos digitales, que le valió el Premio Nacional de Grabado en 1996, signo de una curiosidad técnica que nunca lo abandonó.
Con el cambio de siglo su pintura se depura aún más. Polípticos, construcciones de madera y grandes formatos mantienen una coherencia conceptual reconocida en 2001 con la compra de obra por el Museo Reina Sofía. El color reaparece con fuerza contenida y el soporte se fragmenta o queda en blanco, creando campos visuales suspendidos.
Santiago Serrano. Ahuecar: 50 años de pintura.
Desde el 12 de septiembre, hasta el 15 de noviembre de 2025
Marquesa Gallery
C. Marquesa de Argüeso, 38, Carabanchel, Madrid

Jesús Cámara
Jesús Cámara ha desempeñado cargos de presidencia en asociaciones artísticas, conservación de colecciones pictóricas, dirección de museos y exposiciones, y ha participado activamente en el ámbito de la crítica de arte a nivel nacional e internacional. Trabajó en el Ministerio de Cultura como cordinador de exposiciones y en el Museo Nacional Reina Sofía. Ha sido Conservador de la Colección de Pintura de Unión Española de Explosivos desde 1995 hasta 2005, Director del Museo Salvador Victoria durante el periodo 2003-2010, Director de Exposiciones del Distrito de Ciudad Lineal entre 2009 y 2012, Ha sido Patrono de la Fundación Caballero-Thomás de Carranza.

