El artista Diego Canogar reposando en su escultura ‘Gran bioforma tetraforma’ 2023
Galería Bat Alberto Cornejo. Museo Lázaro Galdiano, Madrid

APERTURA 2025

por Vera Icon

11 de septiembre en Madrid, jardines del Museo Lázaro Galdiano. Han caído cuatro gotas y se ha quedado una tarde estupenda. Aunque todavía es pleno verano, y algún despistado va en plan turista low cost, parece que todos se han puesto de acuerdo y han sacado ya sus modelitos de otoño-invierno. Mucho marrón, mucho gris, chaqueta, rebequita, corbata, bota. Madrid es así de absurda. Conocedora del percal, acudí de blanco nuclear etéreo y semitransparente, pamela descomunal y taconazo, como si acabara de atracar mi yate de Dubrovnik. Algún sesudo crítico debería estudiar porqué las grandes semanas del Arte en la capital coinciden con las de la Moda, y porqué la gente del mundo del arte viste tan rematadamente mal.

La nueva temporada galerística da la bienvenida al público con una selección de esculturas, una por galería, estratégicamente situadas en el jardín del museo.  Mi favorita, la fantasía sci-fi vintage de Diego Canogar, que además es utilitaria. Los invitados pasean con su cerveza y su QR jugando a adivinar autores y títulos. Inmediatamente nos damos cuenta de que seguimos en un bucle ‘Back to the Future’ desde hace demasiado tiempo: alabastro, bronce, acero cortén con acabado óxido, acero pintado de minio de plomo, hormigón armado, cemento premium. Aunque parecen Oldenburg, Chirino, o Serra, los autores son casi todos millenials. Supongo que son homenajes, pero sin llegar a talla XL, para que quepan en cualquier salón. Los títulos eran muy nostálgicos también: ‘Entropía’, ‘Cartografía’… Había uno que me hizo gracia, ‘A foolish arrangement’ (‘un arreglo bobo’).

Efectivamente, las galerías son conscientes de que la burbuja actual del mercado se encuentra en modo pánico y han sacado su artillería pesada. No se venderá, pero que no tengan excusa. Llegan hasta esta semiperiferia del Mediterráneo sur las olas ya apaciguadas del sunami de New York y Basilea, donde las pérdidas en ferias se cuentan por cientos de miles de dólares y cierran en tromba esas galerías chic que abrieron hace 10 años, cuando parecía que por fin remontábamos la crisis financiera famosa.

Mirémoslo por el lado bueno, en cualquier caso. Si hacemos caso al ciclo de las burbujas de mercado de Charles Kindleberger, ya nos toca otra burbuja, con su euforia y cascada de dinero. Y eso significa que, ojalá, nos libremos por fin del formalismo zombi y de todas las metamodernidades ridículas de la burbuja anterior.

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