Formalismo escultórico en la era de la ideología

Jardín de Sandra Val
Por Pablo Montalbán
Tres maneras de entender la escultura contemporánea. Tres formas de hacer bajo el prisma de tres artistas diferentes. Núria Fuster, Clara Montoya y Sandra Val protagonizan la exposición Tres experiencias formales, comisariada por el crítico de arte Miguel Cereceda en la primera planta de Centrocentro, el espacio expositivo del Ayuntamiento de Madrid, que puede verse hasta el 26 de octubre y con acceso gratuito. La muestra toma el libro Naturaleza Historia, Dios del filósofo donostiarra Xabier Zubiriri, publicado en 1944, como punto de partida de los contenidos e ideas evocadas en las obras. Para su comisario, como explica en el texto de apertura de la exposición, el formalismo y los contenidos no son incompatibles en el arte. Un arte donde actualmente la búsqueda formal ha sido sustituida por la ideología política. Contra eso, estas tres artistas proponen un justo equilibro y sobreviven la investigación formal de la escultura.
Abre la exposición —o cierra, según por dónde se haya entrado— la obra de Núria Fuster (Alcoy, 1978), basada en el concepto del vacío como elemento central en la investigación escultórica que obtiene a través de la perforación de volúmenes. En esta idea fue pionera la artista Barbara Hepworth, a quien la artista reivindica. El vacío de Hepworth es, para Fuster, una grieta, como leemos en un hermoso poema que acompaña a sus piezas: “Barbara Hepworth lo supo: la herida no destruye, da luz. Como una boca abierta al grito, como el borde mordido de la noche.” Y concluye: “Mira la grieta: nos ha devorado. Mira la grieta: es todo lo que queda”.

Piezas de Núria Fuster
Fuster toma objetos cotidianos para sus esculturas que, a modo de ready mades, recontextualiza y dota de nuevo significados. Estos objetos encontrados son perforados para lograr el vacío, se atraviesan para hacer aflorar la grieta. Abrigos agujereados que cuelgan de pie —se ve la fotografía de la artista con uno puesto—; sillas blancas unidas por sus largas patas, una imagen bella en una sala que abraza el agujero y da cierto aire de desolación; y otras sillas, negras, propias de una antigua taberna o sacadas del espectáculo Café Müller de Pina Bausch, que se juntan por su respaldo o por su espalda, ya que dan cierta sensación de humanidad.

Piezas de Núria Fuster
A continuación, las piezas de Clara Montoya (Madrid, 1974). La artista divide sus tres espacios dentro de la exposición en Yo, Tú y Nosotros. Según cuenta la artista en un vídeo grabado para Artepuntoes, el Nosotros se compone de espejos enfrentados que hablan de lo que se considera realidad, una convención colectiva, y del multiverso y del universo espejado. Montoya defiende que es una pieza para usarse, verse repetido de muchas maneras, marcarse un baile entre los reflejos, o pensar.
Para el Yo, se encuentra la obra Perdidas, compuesta por dos espejos iguales que giran. Los espejos hablan del entrelazamiento cuántico y de los dos hemisferios del cerebro. La personalidad humana se forja a partir del diálogo entre esas dos partes, luego la idea del Yo nunca es una unidad. Sobre el Tú, Montoya recurre a la naturaleza y recupera una investigación que realizó en la Tabakalera de San Sebastián. En ella, parte de que los maoríes habían declarado persona a un río y que, también en Nueva Zelanda, se había dotado de personalidad jurídica a un bosque. A través de esta idea que refleja en esculturas verticales iluminadas que caen del techo, cubiertas a modo de cortinaje con un papel grisáceo, la artista reflexiona sobre lo que consideramos el Tú.

Sala del Nosotros, de Clara Montoya
Por último, las piezas de Sandra Val (Tarragona, 1979). La más grande de ellas refleja, en la cerámica característica de la artista, un jardín, acompañado de su componente filosófico y semántico. El eje de su jardín traza un recorrido largo y estrecho a modo tal vez de Generalife granaíno que atraviesa una pared con un arco. En uno de los extremos del jardín, se alzan dos hermosas esculturas que emulan los prodigios vegetales. Es lo único vertical de una pieza centrada en el suelo cerámico, compuesto por varios colores.
Tres experiencias formales logra su objetivo: ilustrar diferentes formas de entender y trabajar la escultura. Una escultura preocupada por la forma pero no por ello exenta de contenido, que consigue, gracias también a una buena museografía, crear cierto placer y juego visual en su despliegue en el espacio. La exposición requiere cierto esfuerzo del espectador por tratar de entender el significado de las piezas. La muestra incluye algunos textos que recomiendo leer para su comprensión, pero también se ha de dejar fluir por los espacios y las formas de manera natural. Yo me puse a bailar en la sala del Nosotros, y escucho ahora en el vídeo que Clara Montoya concibe en parte su pieza como una pista de baile.

