500 años paseando por el parque. Iñigo Navarro

Íñigo Navarro, un reto para la pintura en el Lázaro Galdiano

El Museo Lázaro Galdiano de Madrid se prepara para recibir, del 25 de septiembre al 23 de noviembre, una de las exposiciones más sugestivas de la temporada: “Ayer pisó tu sombra un tigre”. Esta muestra exhibe la obra del pintor Íñigo Navarro, uno de los artistas figurativos españoles con mayor proyección internacional, estableciendo un cautivador diálogo con los grandes maestros de la colección permanente del museo, teniendo a Francisco de Goya como figura central. La exposición, que actúa como un alegato en favor de la pintura como medio protagonista, situará los lienzos de gran formato de Navarro en las salas de la propia casa-palacio, creando paralelismos inesperados y enriquecedores con la historia del arte.

La pintura de Íñigo Navarro (Madrid, 1977) se inscribe dentro de una figuración no convencional que busca, ante todo, generar una atmósfera singular y perturbadora. Aunque español de nacimiento, su obra se aproxima estéticamente más a la tradición del centro y norte de Europa que a la mediterránea. En sus cuadros es posible rastrear la influencia de Michaël Borremans, con sus inquietantes retratos que oscilan entre el sueño y la pesadilla, y los ecos del realismo mágico de Neo Rauch, donde se fusionan referencias históricas con escenas cotidianas en un estilo que bebe de fuentes tan dispares como el realismo soviético y el muralismo mexicano. Esta afinidad con la sensibilidad centroeuropea ha catapultado su carrera internacional, con exposiciones en galerías de Alemania, Dinamarca, Reino Unido, Suiza, e incluso en mercados lejanos como Japón y China. Curiosamente, esta muestra en el Lázaro Galdiano representa su primera exposición institucional en su país natal, marcando un significativo regreso a sus orígenes.

Sin embargo, en lo que respecta a la técnica, Navarro dirige su atención hacia los grandes maestros españoles. El artista ha expresado en múltiples ocasiones su admiración por Velázquez, cuyo proceso creativo le gustaría observar con una máquina del tiempo. De los pintores del Siglo de Oro, adopta una paleta cromática limitada y la solidez de sus composiciones, a las que luego añade elementos desconcertantes e irónicos inspirados en el cine, especialmente en la obra de su director favorito, Luis Berlanga. Navarro valora en Berlanga ese sentido de la ironía donde «nunca sabes si viene o va», una ambigüedad que traslada a sus propias creaciones. El resultado son piezas oníricas donde la belleza coexiste con un humor sutil y una palpable melancolía.

Estudio en Madrid de Íñigo Navarro

Si hay un maestro con el que la obra de Navarro establece una conexión profunda, tanto temática como emocional, ese es Francisco de Goya. La relación del artista con el genio aragonés se forjó en su infancia, mientras observaba a su madre, restauradora en el Museo del Prado, intervenir algunas de sus obras. Aquellas experiencias despertaron en él el deseo de ser pintor, un sueño que, tras un primer paso por los estudios de matemáticas, acabaría cumpliendo al licenciarse en Bellas Artes. Es Goya quien actúa como el nexo perfecto para esta exposición. La muestra incluirá el grabado goyesco “Modo de volar”, perteneciente a la colección del museo, que representa a un hombre surcando los aires con un precario artefacto alado. Ese anhelo de lograr lo imposible se erige en el hilo conductor de una exposición que persigue una meta igualmente ambiciosa: reivindicar la relevancia actual de la pintura figurativa.

Frente a las tendencias contemporáneas que orientan la figuración hacia lo pop, la animación o la estética digital, Navarro opta por un realismo más clásico, aunque no exento de elementos sorprendentes que rompen los esquemas del espectador. Los lienzos de gran formato que se exhibirán están inspirados en Goya, abrazando lo inesperado: galgos gigantes corriendo al atardecer, disputas triviales por balones rojos o vuelos sin motor sobre aguas cristalinas. Las máscaras son otro elemento recurrente en su obra, fusionando lo lúdico con lo inquietante. Navarro menciona que le atraen «porque son un elemento de disfraz, algo divertido, pero también porque, al eliminar el retrato, la figura se convierte en un universal». El resultado son escenas que evocan la nueva figuración europea, pero realizadas con la maestría técnica de la escuela española. Como pieza central, y profundizando en el tema del vuelo, la exposición presentará una escultura en madera policromada y bronce de una joven a punto de levitar, vestida por el diseñador de alta costura Marcos Luengo. “Ayer pisó tu sombra un tigre” se perfila, así, como una cita ineludible para entender la vigencia de la pintura y el diálogo eterno entre el pasado y el presente.

M.E.

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