
Sandra Gamarra, Pinacoteca migrante. Foto, L.F.Pérez
Sandra Gamarra, Pinacoteca Migrante, Biblioteca Nacional, Madrid
Por Luis Francisco Pérez
Quienes tengan la costumbre de visitar la Bienal de Venecia sabrán que el pabellón de España es el primero con el que te encuentras al entrar en los Giardini que los acoge. Recuerdo que al salir el pasado año de visitarlo me dije a mí mismo que el pabellón era muy bueno (soy poco sospechoso de practicar baratos chauvinismos sin ningún sentido crítico o cuestionador), y aún no sabía en ese momento que también era uno de los mejores de la Bienal, pues esa confirmación me llegó al finalizar el recorrido por las muchas representaciones nacionales que poseen pabellón propio. De ahí la inteligente idea de presentar en Madrid, en la Biblioteca Nacional, una versión reducida (y a su vez muy amplia, paradójicamente) de Pinacoteca Migrante, la soberbia instalación de la artista hispano-peruana Sandra Gamarra (Lima, 1972), siendo el comisario del pabellón español en la Bienal 2024 Agustín Pérez Rubio.
Cuando hago referencia a una “instalación” en su conjunto se debe a que considero Pinacoteca Migrante un extraordinario, y en su sentido lingüístico, “enunciado constatativo”, dado que describe e informa sobre determinados hechos que además de artísticos también son históricos, críticos, sociales, culturales y antropológicos. Por lo demás, la iniciativa de presentar en Madrid (o en otro lugar del territorio nacional) lo que cada dos años se muestre en el Pabellón Español de la Bienal de Venecia me parece una idea que, además de inteligente y necesaria, es un ejemplo de sabia y cívica política cultural, aun siendo conscientes que no siempre lo presentado en Venecia admite un “trasplante” o posible versión a otro espacio diferente para el que fue pensado y creado. Ello no sucede con Pinacoteca Migrante, pues incluso hasta su propio enunciado permite la traslación y la emigración, los desplazamientos y hasta los exilios, sean estos voluntarios o forzosos.

Sandra Gamarra, Pinacoteca migrante. Foto, L.F.Pérez
El diccionario de la RAE no ofrece ninguna duda sobre el significado de la palabra “pinacoteca”: Galería o museo de pinturas. No ocurre lo mismo con la palabra “migrante”, pues te deja con serias dudas sin aclárate nada: Que migra. Por suerte en una página mexicana de lingüística encuentro una definición de migrante que me interesa mucho más: “El conjunto de emigrantes e inmigrantes se conocen como migrantes. Migrantes somos quienes, sin importar el motivo, salimos, transitamos o llegamos a un país distinto al nuestro, o a un territorio en donde antes no vivíamos o trabajábamos”. O por decirlo en corto: somos migrantes cuando llegamos a un territorio geográfico y sociocultural diferente del que hemos salido, o cuando abandonamos nuestro hábitat natural por nacimiento para radicarnos en otras culturas. Son migrantes, por ejemplo, los “cantes de ida y vuelta”, como así se conocen algunos cantes flamencos originados a partir de la música popular hispanoamericana.
Pinacoteca Migrante es una extraordinaria puesta en escena (y culturalmente muy valiosa por diferentes motivos o argumentos) de múltiples estructuras -artísticas, sociales, culturales, antropológicas, costumbristas- que nos permiten avanzar en otras formas de conocimiento con respecto a realidades culturales de las repúblicas americanas colonizadas por las monarquías de España y Portugal.

Sandra Gamarra, Pinacoteca migrante. Foto, L.F.Pérez
Realidades que, sedimentadas por las costumbres, el tiempo y la historia, se pensaban inamovibles en la comprensión de su iconografía, en el ilusionismo de su estampa, en la compleja emotividad de sus efectos y afectos. Pues bien, lo que Sandra Gamarra lleva a cabo en este inteligente y grandioso libreto de ópera (opera aperta, discursiva, crítica) que trata Pinacoteca Migrante es la revisión (se equivocan quienes piensen en “reescritura de la Historia desde una vertiente política) de lo que, en coloquial expresión, “se daba por sentado”. Diría incluso que nos encontramos ante una admirable investigación artística y filológica de narrativas impuestas, de eurocentrismos de blanqueada violencia, de heridas coloniales aún no cicatrizadas (debido en gran parte a las oligarquías locales –“blancas”- que mantienen el estatus de “colonizador” con su propio pueblo), de devastaciones ininterrumpidas de materias primas y explotaciones de todo tipo.
Pero también es un impresionante derroche visual de apropiacionismos culturales en su mejor acepción (también en la peor), de magníficas y sugerentes clasificaciones y taxonomías que, desde diferentes géneros artísticos u pictóricos clasifican y agrupan elementos según sus características comunes, formando categorías y subcategorías jerárquicas en inacabables bucles que te sitúan en una fabulosa (y desde el mejor asombro visual) «mise en abyme», una puesta en escena abismada en la inserción de imágenes o narraciones dentro de otra similar (o confrontada y opuesta a ella) o de la misma temática, creando un efecto de repetición o autorreferencia abismadas.

Sandra Gamarra, Pinacoteca migrante. Foto, L.F.Pérez
En su presentación en la Biblioteca Nacional -un lugar que innegablemente influye en la recepción crítica de la exposición de muy diversa manera con respecto al pabellón español de Venecia- Pinacoteca Migrante se divide en seis apartados, muy trabajados y estudiados todos ellos, que a su vez se subdividen en una cascada imparable de imágenes y documentos. Son el paisaje en Tierra Virgen; la flora botánica en Gabinete de Extinción (magnífico título); otro no menos acertado que no necesita explicación alguna: Gabinete del Racismo Ilustrado; el espectacular Jardín Migrante; la otredad de Máscaras Mestizas; y la maravillosa representación escénica del Retablo de la Naturaleza Moribunda (de nuevo un bello enunciado). Pinacoteca Migrante (considero que es una de las mejores exposiciones que ahora se pueden ver en Madrid) es un muy civilizado y humanista discurso en torno a la violencia implícita en toda nueva enunciación, en la crueldad inherente en cada nuevo “nombrar”, vistos y clasificados esos nuevos nominalismos desde la lógica lingüística de la cosmovisión eurocéntrica. De ahí el oportuno recuerdo del inicio del “Canto General” de Pablo Neruda:
“ANTES de la peluca y la casaca
fueron los ríos, ríos arteriales:
fueron las cordilleras, en cuya onda raída
el cóndor o la nieve parecían inmóviles:
fue la humedad y la espesura, el trueno
sin nombre todavía, las pampas planetarias”

Luis Francisco Pérez
Crítico y teórico del arte contemporáneo principalmente. Aunque también es comisario de exposiciones. Desde mediados de los ochenta ha escrito y colaborado en y con todas las revistas españolas de arte. .Algunas publicaciones: “Espacios de significado. Ensayos de exposiciones de arte en España, 1983-2003” (Exit Editorial) / “Crítica en el muro. Escritura sobre arte en FB”, (Exit Editorial)

