
Canta una piedra’ (2024–2025) y ‘Nekya, una película río’ (2023), Regina de Miguel. ‘Canta una piedra’, CAAC, Sevilla. Cortesía de la artista. Fotógrafo Pepe Morón.
Canta una piedra de Regina de Miguel. Geología, memoria y resistencia en el CAAC
Hasta el 11 de enero de 2026
CAAC, Centro Andaluz de Arte Contemporáneo
Cartuja de Santa María de las Cuevas
C. Américo Vespucio, 2, 41092 Sevilla
M.E.
El Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) acoge hasta el 11 de enero de 2026 Canta una piedra, una exposición de Regina de Miguel (Málaga, 1977) que transforma el Claustrón Este del Monasterio de la Cartuja en un espacio liminar entre laboratorio científico y templo sagrado. Comisariada por Jimena Blázquez, la muestra es un «laboratorio vivo» donde las bacterias extremófilas —organismos que prosperan en condiciones inhóspitas— sirven como metáfora central para explorar las capas geológicas, históricas y simbólicas del territorio andaluz .
A través de instalaciones, esculturas, piezas audiovisuales y pinturas, De Miguel desafía la dicotomía entre naturaleza y cultura, interrogándose sobre qué consideramos animado o inanimado. La exposición inicia con El último término que alcanza la vista (2010), una cartografía emocional que fusiona imágenes de icebergs con datos sobre soledad y depresión, estableciendo un «umbral conceptual» donde el paisaje exterior refleja el colapso interior. Le sigue Aimística (2023), un film que confronta a una inteligencia artificial despojada de afectividad con una mística inspirada en Santa Teresa de Jesús —quien habitó esas mismas celdas—, cuestionando los límites de la sensibilidad y la escucha .
El corazón de la muestra late en Sondeadora (2025), una instalación inspirada en la bacteria Audax viator, descubierta en minas sudafricanas. Esta obra encarna la filosofía de la bióloga Lynn Margulis: la vida como red de interdependencias, no como autonomía individual. «El individuo se diluye: no hay centro, sino vínculo», explica Blázquez. La reflexión se expande hacia lo cósmico con Polo Norte de Marte (2025) y Rising Anxiety (2019), grabados que vinculan la explotación terrestre con la colonización espacial.
La colaboración es eje estructural del proyecto. Destacan el mural La vida en Conamara II —realizado con la Facultad de Bellas Artes de Sevilla e incrustando obsidianas pintadas al óleo como tributo a Murillo— y la monumental escultura cerámica homónima Canta una piedra, creada con la Escuela de Artesanos de Gelves y descendientes de mineros. Esta última, moldeada con arcillas locales, simboliza la sanación de las heridas extractivas: «Un gesto de reparación donde la cerámica es acto de resistencia». Frente a ella, la película Nekya, una película río (filmada en Río Tinto) desciende a las capas de violencia colonial y memoria obrera, evocando la frase de María Zambrano que guía la muestra: «La herida es la que hace hablar».
Canta una piedra consolida al CAAC como espacio de creación crítica y colaborativa, tejiendo redes entre instituciones andaluzas para indagar en las «geologías del olvido». Regina de Miguel no solo expone obras: construye un ecosistema donde lo mineral canta, lo extremófilo resiste y el territorio andaluz se revela como archivo vivo de luchas y resiliencias.

