Lola López

HIPERCONECTADOS E HIPERTROFIADOS

Lola López Mondéjar. Sin relato. Atrofia de la capacidad narrativa y crisis de la subjetividad.

Editorial Anagrama. 2024. 338 páginas.

Por Rafael López Borrego 

En el año 2001 Vicente Valero publicó un texto titulado “Experiencia y pobreza. Walter Benjamin en Ibiza” que resume la estancia del filósofo alemán en la isla de Ibiza durante los años 1932 y 1933. Allí Benjamin se enfrenta a diferentes cuestiones como pueden ser una crisis personal y económica, su falta de expectativas profesionales tras sus fracasos en sus tareas de habilitación y el ascenso del nazismo que se está produciendo en Alemania con las consecuencias que tiene para los judíos como él y para una ideología de la que se encuentra en las antípodas.

Benjamin habla allí de una generación que ha luchado en la primera guerra mundial y que no ha sido capaz al acabar la guerra de expresar, no solo sus sentimientos, sino las experiencias que han tenido en el campo de batalla. Los soldados se encuentran abrumados ante el inmenso poder de las máquinas, ante el avance de una tecnología que les deja mudos para poder expresarse. Ese sería el comienzo de una pérdida en la capacidad narrativa que, desde entonces, debido a diferentes circunstancias, no ha hecho más que acrecentarse.

Se trata para Benjamin de una nueva pobreza. Una que ha sido capaz de dejar al hombre mudo. Este nuevo comportamiento tiene que ver con la técnica y como su enorme desarrollo contribuye a disminuir nuestra capacidad de narración y de conversación. Desde esos años en los que Benjamin habla de este tema los avances y el “progreso” ha avanzado hasta límites insospechados. Está bien entonces reflexionar sobre la situación en la que nos encontramos ahora mismo y determinar cuáles son los avances o retrocesos que se observan.

Lo primero que afirma Lola López Mondéjar es que ha disminuido nuestra capacidad para conversar. Vivimos en una sociedad hiperconectada, donde se producen cada día infinitos textos, vídeos e informaciones por doquier, pero no somos capaces de mantener una conversación. Asimilamos lo que nos llega, pero no podemos desarrollar una capacidad crítica que transforme una experiencia subjetiva.

Aunque tenemos el mundo a nuestros pies con solo tocar un botón, da la impresión de que la “estultofilia” se ha apoderado de muchas personas. Estas reducen el tratamiento de las noticias a eslóganes de consumo rápido donde el hedonismo cognitivo juega un papel crucial. En ese ámbito las noticias no se contrastan. Tampoco se comentan porque el diálogo se reduce a ese titular llamativo, interesado, generalista y completamente inocuo. Mensajes rápidos que enganchan al ciudadano. Apelando a sus sentimientos. Fake News manipuladoras, similares a las tácticas publicitarias que incitan al consumo.

El mundo está lleno de experiencias. Todos queremos tener una experiencia que poder contar. He hecho esto, he estado en tal sitio, pero esto no incluye una descripción pormenorizada, sino fragmentaria, no existe continuidad en esa historia. Importa más el cuerpo esculpido en el gimnasio que el tener un relato definido acerca de tu propia vida.

Ya no nos ocupamos de los grandes relatos sino que lo hacemos del storytelling. Son relatos artificiales que lo que hacen es bloquear los intercambios dialógicos. Ya no interesan las historias, los mitos, los grandes héroes, las epopeyas, sino el aquí y el ahora, en una continuidad interrumpida, quebrada, imposible de hilar.

Los grandes relatos, que ya habían caído en la posmodernidad, han sido sustituidos por una información que se ha sobrepuesto al relato. Una información donde todo vale con tal de destruir al contrario. De esta manera se pierden las referencias de identificación y esto es algo que no deja indiferente la psique del sujeto receptor.

Es posible como apunta Lola López Mondéjar que el problema no se encuentre solo en narrar sino también en la capacidad de escuchar, algo que Walter Benjamin, ya en los años 30, consideraba en declive. Situémonos en el día de hoy, donde en este mundo multitarea como lo llama Juan Martín Prada, se ha producido una pérdida importante de la capacidad de atención, posiblemente fruto del enganche digital al que estamos sometidos. El olvido de sí mismo es, decía Benjamin, muy importante para la capacidad de escucha. Pero ante el narcisismo imperante sobre todo en redes sociales, resulta casi imposible crear espacios donde podamos acoger al “otro”. Los problemas de atención derivados de la exposición a las pantallas y la multitarea que estas promueven dificultan una aproximación más profunda al conocimiento y producen un empeoramiento de la memoria de trabajo, una pérdida de la eficacia en la oscilación de una tarea a otra, y una pérdida del sentido de relevancia.

Nuestros jóvenes, nos dice Mondéjar, “se reúnen para jugar a los juegos de mesa o a los videojuegos, como dijimos para intercambiar selfies y fotos, para realizar actividades, pero rara vez para comunicarse entre sí y sus experiencias íntimas, que han dejado de inscribirse en su psiquismo, de identificarse, como un suceso significativo y de poder, así ser posteriormente narradas”.

Pensemos que la vida es una sucesión de rutinas que son alteradas por diferentes sucesos que van marcando un devenir que construye la historia de cada uno de nosotros. Pero apunta la autora que hay una serie de condiciones en las cuáles esa narratividad se pierde y tienen que ver con unas circunstancias  donde la flexibilidad laboral y la precariedad se imponen, ayudando a que prevalezca esa atrofia en la capacidad narrativa. Habrá historias pero serán fragmentadas, ya no se sabe quién vive esos acontecimientos y por qué. Así que existen multitud de anécdotas pero no narraciones contínuas.

Todo esto, nos dice Lola López Mondéjar, provoca una falta de sensibilidad, de empatía, una desconexión afectiva que se vincula con la incapacidad para comprender o dar sentido a un evento traumático.

La individualidad propia de la época no solo produce una atrofia en la capacidad para imaginar sino que origina individuos hiperconectados al sistema, sin pensamiento crítico, ni flexibilidad para oponerse a las informaciones múltiples y frecuentemente falsas a las que estamos sometidos. Ello no solo disminuye la empatía sino que se trata de evitar el conflicto interno transformando a la gente en tremendamente acomodaticia.

Ante esta falta de narración muchos escritores han vuelto hacia el “yo”, a una literatura que parece remar al contrario de un “yo” imaginario que es el que se muestra en redes o en algunas noticias. En esta literatura se habla abiertamente de sentimientos, de duelo, de afectos, de experiencias, de una realidad alejada de las pantallas. Nos cuenta aquello “que queremos esconder en nuestros sótanos”.

Todavía hay esperanza, solo hay que saber buscarla. A ello nos invita este libro de Lola López Mondéjar.

Rafael López Borrego

Rafael López es licenciado en historia del arte por la Universidad de Salamanca y ha trabajado como docente en diferentes centros. También ha sido coordinador de exposiciones y actividades de un centro de arte contemporáneo y dirigió una feria de arte contemporáneo. Sus intereses se centran en el mundo del arte, la estética y el pensamiento contemporáneo. Tiene una canal de YouTube con 40.000 seguidores y miles de visitas mensuales.

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