Francesc

Carlos Jiménez presentando el libro La campana hermética de Francesc Torres.

Francesc Torres: un artista beligerante.

Por Carlos Jiménez.

De Francesc Torres se puede decir lo que Miguel Hernández dijo del niño yuntero: “Empieza a sentir y siente/ la vida como una guerra”. Sólo que la guerra de Torres no es la de un niño campesino de la España profunda de antes de la Guerra civil, condenado de antemano a una vida de sometimiento y penurias, sino la de un niño de clase media catalana, cuya familia padeció ciertamente los rigores de la guerra y los de la posguerra, vividos desde el lado de los vencidos y represaliados, que sin embargo nunca se dio por definitivamente vencida. Como fue el caso sobresaliente de Francesc, quien tempranamente dio muestras de un carácter beligerante y combativo y del temple de quién jamás está dispuesto a darse por vencido. Por muy desigual que sea el combate. O por muy incierta que sea la victoria.

Su guerra no fue, no podía ser la de sus mayores, porque para bien y para mal España era otra, distinta en muchos sentidos a la que parió la Guerra civil y porque él no eligió la carrera de las armas sino la de las artes. Lo hizo en una coyuntura en la que el arte experimentaba cambios verdaderamente revolucionarios, tanto en Paris insurgente de Mayo del 68 como en el Nueva York de desafiantes movimientos de liberación de los afroamericanos y la oposición a la Guerra de Vietnam. Fue la época del minimalismo y del Pop Art, pero sobre todo del environment, el happening, el video arte, el cine experimental, el teatro callejero y de un estilo de agitación y protesta política extraparlamentaria, que se nutría del espíritu y de las innovaciones generadas entonces por los jóvenes artistas de vanguardia. También fueron los años de las comunas hippies, de irrupción de impetuoso feminismo y de las primeras protestas gay.

Francesc Torres entró en contacto por primera vez con esta proteica revolución artística, cultural y política en Paris, pero fue en Nueva York donde se convirtió en un protagonista destacado de las mismas. Él figura entre los primeros en utilizar el video y las videoinstalaciones y entre los primeros en realizarlas en los museos de arte moderno, que aún seguían fieles al modelo de las exposiciones estáticas de obras duraderas. El no tardó mucho, sin embargo, en abandonar el egocentrismo de los video artistas de entonces (denunciado por Rosalind Krauss) para dedicarse a librar con sus proyectos auténticas batallas por la historia. Las historias de los vencidos, las historias omitidas, reprimidas o tergiversadas. Convencido de que traerlas de nuevo a cuento mediante su obra, arroja luz sobre nuestro presente. Tan conflictivo como lo fue el pasado, por mucho que presumamos de una paz que resulta más ilusoria que real.

Francesc Torres. Belchite_South Bronx_ A Trans-Cultural and Trans-Historical Landscape. Foto Stephan Nichols.

Belchite- South Bronx, una compleja instalación realizada por primera vez en Madrid en los años 80 del siglo pasado, es una extraordinaria demostración de la voluntad de Torres de entrelazar el pasado y el presente. Compuesta de maquetas fantasmales de edificios, una canasta de baloncesto, un coche estrellado y doce monitores, establecía una relación entre dos campos de batallas, aparentemente muy distintos entre sí: el South Bronx y Belchite. En la batalla que entonces se estaba librando en el distrito neoyorquino no intervenían ejércitos ni armamento pesado, como si lo hicieron en la legendaria batalla de Belchite, pero no por ello la batalla fue menos violenta y decisiva para los que la libraron y padecieron. La batalla entre los especuladores inmobiliarios empeñados en remodelar la ciudad en función de sus intereses y los casas tenientes e inquilinos sometidos a un proceso, fríamente calculado, de degradación irremediable de sus casas y de sus servicios esenciales. La batalla de Belchite la ganaron los republicanos, aunque muy pocos lo recuerden. Y aunque el régimen de Franco haya intentado revertir la derrota por sus ejércitos, dejando el pueblo en ruinas y levantando en el mismo un monumento a los caídos en su ejército. En ruinas también quedó South Bronx, como resultado de la batalla entre especuladores, casa tenientes e inquilinos.

La imponente instalación Aeronáutica [vuelo] interior, realizada en 2021 en el MNAC de Barcelona, es una prueba contundente de cuán fiel ha sido Francesc Torres a lo largo de cuatro décadas al tema de la Guerra civil española. De cuanto destaca en sus numerosas obras de temática bélica, las dedicadas a dicha Guerra.  Y digo “imponente” porque es el adjetivo más apropiado para calificar una instalación que copaba literalmente el patio interior del museo catalán con las réplicas a escala 1:1 de dos aviones utilizados por el bando republicano en la Guerra civil: el bombardero Tupolev – “Katiuska” – y el caza Polikarpov – “Mosca”. En los muros de la planta baja, fotografías de época referidas a la época en la que el campo de aviación La Sènia, capturado a los republicanos, fue ocupado por los pilotos de la Legión Cóndor. Los aviones estaban suspendidos del altísimo techo, al igual que una réplica monumental de la pintura medieval El martirio de San Pedro del maestro Pere Serra. Francesc la incluyó para ilustrar el hecho de que el sacrificio por una causa, es un componente esencial de toda guerra. Y por lo tanto parte igualmente integral de la guerra como acontecimiento cultural.  Que es algo en lo que él siempre ha insistido y cuya reivindicación lo separa todos aquellos pacifistas que consideran la guerra como una anomalía que hay que condenar y rechazar per se.

Francesc Torres. Aeronáutica [vuelo] interior.

Esta instalación también actualizó convicciones y prácticas decisivas de Francesc. Entre ellas sobresale la continua transgresión de las diferencias entre materiales artísticos y no artísticos, y entre exposición, obra e instalación. A propósito de los dos aviones soviéticos incluidos en la instalación que nos ocupa, declaró: “estos aviones no vuelan, y si no vuelan son obras de arte”. Y en alguna ocasión afirmó que el Museo de Ejército de Madrid le resultaba tan interesante como el Museo del Prado. O más.

Una declaración ciertamente polémica que, sin embargo, no resulta sorprendente en los labios de quien es, además, un polemista temible. Que una y otra y otra vez ha escrito en defensa de sus ideas o en crítica de las ideas de sus adversarios, utilizando una prosa combativa como pocas.

Carlos Jiménez Moreno

Arquitecto, Historiador y crítico de arte. Director del Simposio de arte y ciencia del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas de Madrid CNIO. Ha ejercido la crítica de arte en los principales periódicos y revistas de España y América Latina. Ha publicado diez libros sobre arte contemporáneo.

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