
Mariano Yera y la posibilidad de mundos mejores
Por Nacho Ruiz
El pasado 13 de agosto falleció a los 82 años Mariano Yera Miranda, un industrial de éxito, un verdadero motor inagotable que levantó una empresa muy importante de la nada, a base de esfuerzo. Además de eso fue uno de los grandes coleccionistas de arte españoles pero, por encima de todo, fue un hombre bueno y generoso que deja esposa, Merche Blasco, tres hijas, Natalia, María y Carlota y seis nietos.
El destino ha querido que parte de la colección que reunió se exponga en La Mar de Músicas bajo el título “Islas e islarios en la Colección Mariano Yera», comisariada por Carolina y por mí. Que un coleccionista ceda sus obras para una exposición es un acto de generosidad pero hay un dato que explica claramente la dimensión de la generosidad de este tudelano. En Madrid, en el Centro de Cultura Contemporánea Conde Duque se expone hasta el 10 de noviembre “La Distancia entre A y B es la misma que entre B y A” otra parte de su colección comisariada por Bea Espejo y en Cádiz, hasta el 10 de agosto se puede ver en el Centro Cultural Fundación Unicaja “Grandes nombres del arte del siglo XX en las colecciones privadas” comisariada por Alicia Ventura y con obra de los coleccionistas que forman 9915. Entre estas piezas señeras figuran algunas de la Colección Mariano Yera, como uno de los grandes Barceló de los 80.
El volumen de obras desplazado, las cajas construidas para cada una, la gestión de cada movimiento, bajo el cuidado constante de Rosina Gómez Baeza y Lucía Ybarra suponen un trabajo enorme que no reporta nada en términos materiales pero que define la razón de la colección y, sobre todo, al coleccionista: compartir, devolver a la sociedad parte de lo que la sociedad nos da, hacer mejor este país y acercar el arte a la gente. Una colección que se articula así es un sueño de futuros mejores.
Sé que hablo de una sola virtud de un hombre que tuvo muchas pero en mi limitación es de lo que puedo hablar. También sé que no quiso que su colección fuese un escaparate personal, fue uno de los más discretos, si no el que más, entre los grandes coleccionistas. Carolina y yo tuvimos la suerte de tratarlo con frecuencia gracias, entre otras cosas, a la exposición “Atlas. Coordenadas e identidades en la Colección Mariano Yera” en el Palacio San Esteban de Murcia que comisaríamos en 2022. De aquellos días en que aún llevábamos mascarilla, en que el movimiento era tan difícil y daba tanto miedo todo, de aquellos días recuerdo un momento. Mariano y su hija Natalia entraron en la iglesia desacralizada donde se expuso “Atlas”. Estaban solos y pasearon entre tantas maravillas de Tápies, Saura, Teresa Lanceta o Sonia Navarro. No hablaban, solo miraban y en esa mirada pudimos ver de forma casi sólida el amor por todo aquello, la emoción de ver todo aquello reunido, de encontrarse con ese espejo que es toda colección. Tal vez el mejor recuerdo de aquellos días fue ese conmovedor silencio compartido de los dos coleccionistas ante el fruto articulado de tanto trabajo, de tanto entusiasmo. De tanta generosidad.
Su ausencia no es reparable para sus hijas, nietos y demás familia pero queda, como un monumento involuntario, como un recuerdo permanente, la obra y lo que la pasión por ella supuso. Esta colección, como es bien sabido, tiene dos fases encabezadas por Mariano primero y por Natalia después. Dentro de la filosofía de ambos está el que la colección sea un apoyo para artistas de media carrera dentro de una idea mecenática del coleccionismo que no es tan frecuente en España como debiera. Ese camino transitado por ellos ha sido, como apuntaba, muy importante para la generación nacida entre los años 70 y 80. En las cuatro exposiciones aludidas, entre otras muchas, se puede constatar esto.
La excepcionalidad de Mariano no es solo la generosidad con la que se entregó al coleccionismo; su discreción fue un añadido a su calidad humana. Lamento la torpeza de estas líneas que no son más que un mínimo tributo a un hombre al que el arte español tanto debe pero quisiera recordar la necesidad de un homenaje a su persona y a su labor incansable y necesaria.

Nacho Ruiz (Murcia,1972)
Cursó estudios en la Universidad de Murcia y Roma III, llevando a cabo la diplomatura en altos estudios en la UNED (Madrid). Es doctor en Historia del Arte por la Universidad de Murcia. Becario FPU por dicha universidad, impartió docencia allí entre 2001 y 2006. Posteriormente ha sido director del módulo de Mercado del Arte en el Master de Arte Actual de la Universidad de Barcelona, profesor invitado en las de Salamanca, Complutense, Universidad Pública de Navarra, Universidad de Cantabria y Universidad de Alicante. En la actualidad dirige el master Especialista en Mercado del arte en Instituto 42 (Murcia).
Ponente en los encuentros sobre Rubens del Museo del Louvre en 1999, ha participado en numerosos ciclos, impartiendo conferencias internacionalmente. Durante el periodo 2010-2015 llevó a cabo cursos sobre mercado del arte para SEACEX, impartidos en los Centros Culturales de España en Guatemala, Nicaragua y México. Ha sido director del curso sobre Patrimonio Artístico de la Universidad de Cantabria junto a Rosina Gómez Baeza en 2005 y ponente en “Horizontes del arte contemporáneo” (MNCARS). Entre las sedes en las que ha llevado a cabo conferencias destacan la Fundación Tápies (Barcelona), MUBAM, Museo de la Universidad de Alicante, Balelatina (Basilea), Instituto Cervantes (Chicago), SCAN Art Project (Londres), Museo Ramón Gaya (Murcia) etc.
Es redactor en las revistas Descubrir el Arte, Muy Historia y ABC Cultural, columnista en los diarios Huffington Post y La Verdad. Ha colaborado con una notable cantidad de revistas de arte y pensamiento, entre las que destacan Exitexpress, Arconoticias, Imafronte, Revista de la Facultad de Filosofía de Murcia y otras.

