
Leandro Navarro y Conchita Valero en la inauguración de la exposición “Vázquez Díaz, Benjamín Palencia y Ortega Muñoz”, Galería Biosca, Madrid, 1961.
Hemos perdido a Leandro Navarro
Por Nacho Ruiz
Para saber quién fue un galerista hay que preguntar a sus artistas, lo que opinemos los demás es secundario. Ayer falleció Leandro Navarro, uno de los grandes galeristas españoles, y he leído a muchos de sus artistas hablar de él de una forma tan emocionante, tan agradecida y personal que, si no hubiese conocido a Leandro, pensaría que el arte español ha sufrido una pérdida irreparable. Habiéndolo conocido, habiéndolo estudiado y habiendo tenido el privilegio de colaborar con él (o más bien de recibir su ayuda generosa) puedo decir que se ha ido una parte de nuestra historia del arte.
Hace 30 años estaba trabajando en mi tesis doctoral sobre la historia de la galería de arte en España y le escribí a todas las que tenían interés en aquel momento. Solo me respondieron tres: Juana de Aizpuru, Helga de Alvear y Leandro Navarro. La carta del último estaba mecanografiada y venía en un paquete voluminoso con todos sus catálogos. Había escrito en un solo folio su biografía personalmente para un estudiante de Murcia. Guardo esa carta, tan exquisitamente redactada y firmada por él como una reliquia que hoy me entristece mirar.
La grandeza no es algo que esté al alcance de todo el mundo y Leandro era pura grandeza.
Su vida será glosada estos días convenientemente, desde su carrera como abogado a su amor por el teatro con un punto de inflexión en su colaboración con la galería Biosca. Fue un hombre por cuyas manos pasaron muchas de las grandes obras maestras con destino a los grandes museos, una persona querida y respetada por sus coleccionistas tanto como por sus colegas, que siempre lo tuvimos como una enciclopedia del arte de vanguardia español.
Más allá de esa biografía que se acaba convirtiendo en contabilidad de hechos vividos, Leandro fue la posibilidad de un gran mercado del arte en una España que acumulaba un retraso notable con el resto de países. En mi recuerdo de los 90 era la galería donde podías ver un Rothko y entender que, un día, en España habría coleccionistas para algo así. Han pasado los años, han pasado las crisis de los 90, Lehman Brothers y Covid entre otras muchas y hoy el mercado español se parece bastante al que él soñó, quél tanto hizo por dignificar y engrandecer.
Su galería marcó una línea que luego han seguido muchas otras, caracterizada por la representación de lo mejor de la pintura realista española paralela a un trabajo con los grandes maestros que ha conllevado unas dosis fundamentales de investigación. Hablo de Picasso, Miró, Matisse o Gargallo pero sobre todo de Benjamín Palencia, que siempre defendió, pero hay que hacer un apartado específico para Solana. Nadie ha hecho más por conservar y difundir el legado de José Gutiérrez Solana que él junto a su hijo Íñigo. Grandes coleccionistas meticulosos de su obra, han actuado con la generosidad de los mecenas históricos, y soy testigo de ello. Con motivo de la exposición “Solana y Romero de Torres. Una historia del arte español en negro” que comisarié en el Palacio Episcopal de Málaga prestaron toda su colección, que constituyó una sala, tal vez la más emocionante de aquella muestra. Siempre han estado para ayudar a dar a conocer mejor al más extraño e intenso de nuestros pintores.
La galería Leandro Navarro tiene la enorme suerte de estar hoy en manos de Íñigo, su hijo, un hombre a la altura del legado y la responsabilidad que recayó sobre sus hombros, que ha sido capaz de renovar y potenciar una de las grandes galerías históricas del país y, sobre todo, una buena persona y un señor generoso y cabal, como fue su padre.
Hemos perdido a un gran galerista, modelo de otros muchos y su familia ha perdido a un padre y a un marido pero todos nos despedimos de un caudal de elegancia, de estilo y saber hacer que nos hará mucha falta, Leandro era algo muy sólido en un tiempo líquido.
Este escrito es un pretexto para mandar un abrazo a su familia en estos momentos tristes.


Mi padrino, mi tío y una referencia y admiración de toda mi vida. Mu y fácil para mí porque fue un gran hombre. Su recuerdo es permanente. Una lección de vida
. Gracias