NO TODO ES FERIA. Breve genealogía del arte público reciente.

Pelotas.-Albert-Gusi.-Scarpia-2014

Por Julio C. Vázquez-Ortiz.

Ahora que se acerca la semana del arte en Madrid y la opinión pública se focaliza en ARCO como único paradigma del arte contemporáneo, cabe recordar que, durante varios años, se desarrolló un programa coetáneo que mostraba otras vías para los desarrollos artísticos actuales desde una perspectiva, cuanto menos, alternativa al mercado feriado: la del arte público. Así, durante los primeros años del siglo XXI, cuando se hablaba de arte público –más allá del monumento conmemorativo, el rotondismo o la escultura de autovía– existía un referente claro cómo era Madrid Abierto, escisión de aquel fallido Open Spaces surgido al amparo de la propia feria de arte contemporáneo. Un programa que bebía del primigenio Idensitat (aún en activo), llamado originalmente Calaf Art Públic en su primera edición de 1999, y que dejó una estela alargada, reconocible en otros proyectos con motivaciones compartidas, lejos ya de las capitales y del capital, como pueden ser la usurpada Scarpia, Genalguacil o incluso Asalto, si queremos adentramos en territorios del arte urbano y por nombrar varios. Proyectos que han marcado el camino para una forma de hacer y entender el arte alejada del circuito comercial, apelando a la responsabilidad de una cultura como servicio público, a su valor como motor social y a la ciudadanía como agente activo imprescindible.

Estado de excepción. Dier +Noaz. Madrid Abierto 2008.


Por aquellos años y en paralelo, la crítica de arte llevaba ya un tiempo analizando este tipo de actividades. Cuenta de ello pueden dar, entre otras muchas, las declaraciones de Rosalynd Deutsche en 2007, durante unas conferencias en el MACBA1, que identificaban la magnitud procesual y transformadora del arte público, al asegurar que “la condición pública de una obra de arte no estriba en su existencia en una ubicación que se predetermina como pública, sino más bien en el hecho de que ejecuta una operación: la operación de hacer espacio público al transformar cualquier espacio que esa obra ocupe en lo que se denomina una esfera pública.” Una dimensión que confirmaba la tendencia firme hacia estos terrenos alternativos, bien recogidos por el MNCARS al definir de la siguiente manera, los contenidos del archivo de Madrid Abierto que custodia en sus instalaciones desde 2018: “intervenciones y procesos que obedecen a un concepto o proyecto artístico y que se desarrollan preferentemente en un contexto público y abierto. Estas actuaciones interactúan con procesos sociales o políticos y se dirigen a los protagonistas activos o pasivos de dichos procesos, es decir, a todas las personas que de una forma directa o indirecta, habitual u ocasional, conviven en un espacio físico, comunicativo, social y simbólico concretos, en este caso el de la ciudad de Madrid”.2 Acciones y pensamiento que han amasado el poso que apuntala ahora programas como Concéntrico o Cáceres Abierto entre otros, una segunda generación de proyectos de arte público surgidos hace aproximadamente una década y que revierten en los actuales modos de la cultura, donde la mediación, la importancia del contexto y la voz de la ciudadanía son fundamentales en su aplicación, dando luz a lo que podemos vislumbrar ya como una tercera generación, liderada por programas como Concomitentes, inspirados, por su parte, en la tradición francesa de Les Noveaux Commanditaires3 de finales del siglo XX. Todas estas cuestiones han acabado poniendo en conveniente tela de juicio las relaciones verticales entre obra y espectador que se dan en el cubo blanco y que, con la sencilla clarividencia que le caracteriza, definió muy bien Isidoro Valcárcel Medina, en una entrevista concedida en 2021: “al pobre espectador se le dan muy pocas opciones: entre, mire y quédese con la boca abierta”4.  

Entender al público como agente pasivo es un error común que nos lleva a convertir la cultura en un mero objeto de consumo, obviando sus valores fundamentales como elemento transformador y generador de pensamiento crítico. Concluía el maestro que al público “hay que colocarle en un territorio expresivo sin que se entere, en una situación poco manida que le obligue a pensar”. Una confluencia obra/espectador transportable al encuentro entre artista y ciudadanía que facilite territorios para la reacción durante los procesos de arte público que nos ocupan. Incluir al ciudadano como elemento activo en el hecho artístico, es precisamente el camino para una cultura común, donde lo público y el público sean partícipes de procesos que hagan progresar una sociedad a partir de su población o, al menos, habilitar entornos para ello, tanto físicos como figurados, que encaucen un retorno que va más allá del netamente económico.
En definitiva, cabe concluir que la esfera pública ajena a los modelos comerciales son espacios que también corresponden a la creación contemporánea por derecho propio, además de fértiles para su desarrollo, mostrando metodologías de creación paralelas, que tal vez no reflejen ese glitter reservado para el mainstream, pero cuyo sedimento, probablemente, genere más raigambre que los pabellones de IFEMA.

1 Deutsche, R. (19 de noviembre de 2007). Público, conferencia en el curso Ideas recibidas. Un vocabulario para la cultura artística contemporánea, en el Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA).
2 https://ladigitaldelreina.museoreinasofia.es/colecciones/item/96482-madrid-abierto (29/02/24)
3 http://www.nouveauxcommanditaires.eu/fr/45/devenir-commanditaire (29/02/24)44 Valcárcel Medina, I. 4 (18 de marzo de 2021). Entrevista con Luisa Espino en El Cultural.


Julio C. Vázquez Ortiz

Comisario independiente y gestor cultural – Cofundador de lanzarte.art – Profesor consultor en la UOC – Consejo territorial IAC – miembro de CIMAM (ICOM) – Presidente en AVAEX – Directiva de AGCEX

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