Nacho Carbó, LA PIEL QUE RESPIRA.

NACHO CARBÓ
La piel que respira
FREIJO GALLERY. C/ Zurbano, 46. 28010, Madrid
9 de enero 2024 a 23 de febrero 2024

Por LUIS FRANCISCO PÉREZ

Si la primera exposición de Nacho Carbó (Castellón, 1975) en este mismo espacio llevaba por título “Microarquitecturas” (2019), en clara referencia a la profesión que desempeña en paralelo a la de artista, en la muestra actual el título dado –“La piel que respira”- también nos ofrece determinadas señales (con más propiedad: indicios, rastros, huellas) de una concreta producción artística que, en esencia, es la demostración de una radical y afirmativa apuesta por la creación de formas simbólicas a partir de elementos de la naturaleza que, por ellos mismos y sus particularidades biológicas, puedan auto presentarse como elementos de una forma de creación que por idea y proyecto bien podemos calificar de “viva”, o lo que es lo mismo: que surge de una consideración procesual de la naturaleza como dadora de vida por medio de la creación artística. Un proceso que contemplando detenidamente las obras presentadas en la galería podemos entender como el de “inseminar” (idea e investigación), seguido de “germinar” (transformación y presentación), para acabar en “diseminar” (irradiar lo creado como acción performativa en defensa de un radical cambio de actitud y sentido ante la grave situación de la naturaleza que nos alimenta y protege).

En el bonito catálogo diseñado por el artista podemos leer, junto a un riguroso y poético escrito de presentación de Sergio Rubira, un texto del propio Nacho Carbó en el cual se nos dice sobre la necesidad de “entender la forma final no ya como resultado del proceso sino parte de éste, como tiempo suspendido”. Entiendo o interpreto la frase final –“tiempo suspendido”- como una “mise en abyme” de los muchos materiales que, surgidos de la naturaleza, el artista utiliza a modo de “principios de incertidumbre”, asumiendo que los accidentes derivados de su misma fragilidad forman parte del proceso creativo que es el de la propia existencia. De ahí que estas esculturas pueden ser perfectamente “leídas” como ejemplos de un “Land Art” de la supervivencia de la especie humana, pero también como sofisticados y muy concienciados “Oggeti in meno”, por decirlo “a lo Pistoletto”, interesados en una desublimación de la forma artística (y sin abandonar por ello una innegable seducción visual) para proteger realidades más “fieramente humanas”. Una exposición magnífica por inteligente, rara, singular y auténtica.

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