
Foto, Bruno Daureo
Olimpia Velasco: tejer el bosque, habitar la esfera
Por Javier Peñalver
La convivencia de Olimpia con el bosque, lugar de protección frente al daño, es prioritaria, habitual, muy deseada.
La instalación es el resultado de momentos de extrema atención al tejido sonoro y visual del bosque. A partir de secuencias fotográficas y un proceso de anotación no jerarquizado, la artista pinta, como si tejiera, unos hilos que deposita en aros. Llevando a lo vertical la idea del claro, las ahora esferas nos hacen saltar fuera de los círculos viciosos que conllevan pérdidas de experiencia.
Son trabajos multiescala, tan interdisciplinares como las interacciones ecológicas.

Olimpia Velasco, Javier Peñafiel
Olimpia Velasco activa el cubo blanco como un latido del bosque, un lugar de olfato entre aromas, escuchas entre filología, cuidados exentos de control. La artista celebra la idea de que la belleza es posible en la esfericidad.
¿Quién piensa el daño? Olimpia lo hace, en los vértices y las esquinas del cubo blanco, que no existen en el claro del bosque. Olimpia deposita un peso táctil y biológico pero que pasa desapercibido; son sacos de semillas que se camuflan en los suelos de la sala, al igual que la historia de la tierra está camuflada en los anillos de los árboles.
Entre el hilo pintado y el anillo del árbol se dan los niveles del bosque.
Desde hace mucho tiempo, el arte ensaya formas nuevas de intercambio, una crítica transversal de la razón poética, como porvenir de nuestras nuevas relaciones con los objetos y con el mundo. En tanto que volúmenes en la corteza terrestre, nos dimensionamos mediante infinitas relaciones de parentesco o de ternura.

Foto, Bruno Daureo
Artistas de larga trayectoria, como Olimpia Velasco, dibujan atlas de sabidurías de la generosidad, en una suerte de optimismo preventivo frente al fatalismo de la especie, desde la cultura del ecofeminismo.
Olimpia no renuncia nunca a la experiencia de la pintura como revelación y duración; su actitud minimalista hace que su práctica no sea fósil, en el sentido de que lo innecesario no se formaliza, no tiene lugar.
Descubro referencias entre los trabajos y no al contrario. Una cantidad que no olvida el 1 a 1, la supervivencia colaborativa de Anna Tsing relatada con los estudios de los anillos de la madera de Valerie Trouet, los nuevos modos de intercambio que Kojin Karatani plantea para el mundo y la razón poética con la que Zambrano escribió la vida.
La preocupación de Velasco se distribuye como lo hace la poesía, ampliando la experiencia de un mundo donde la especie humana se vuelve suave, adquiere todos los colores del bosque.
Olimpia instala dos sacos cilíndricos, coloreados desde los tonos de la luz más clara de las capas más altas del bosque hasta los de la materia en descomposición.
El sonido que ha grabado en el bosque aparece en la sala, presentado para una escucha situada y solitaria junto a cordilleras talladas en madera, del espectro de sonidos del bosque.

Foto, Bruno Daureo
Sin embargo, la muestra no ignora el daño. ¿Quién se detiene a pensar en el daño? Olimpia lo hace en los vértices y esquinas del cubo blanco, que no tienen cabida en el claro del bosque. Allí, deja un peso táctil y biológico que a menudo pasa desapercibido: sacos de semillas camuflados en el suelo de la sala, al igual que la historia de la tierra está oculta en los anillos de los árboles. Entre el hilo pintado y el anillo del árbol se entrelazan los niveles del bosque. La instalación incluye dos sacos cilíndricos, pintados con los tonos más claros de la luz que se filtra en las capas altas del bosque, hasta los colores de la materia en descomposición. El sonido grabado en el bosque se hace presente en la sala, ofreciendo una escucha íntima y solitaria, junto a cordilleras talladas en madera que revelan el espectro sonoro del bosque.
Desde hace tiempo, el arte ensaya formas nuevas de intercambio y una crítica transversal de la razón poética, como porvenir de nuestras relaciones con los objetos y con el mundo. En tanto que volúmenes en la corteza terrestre, nos dimensionamos mediante infinitas relaciones de parentesco o ternura. Artistas de larga trayectoria como Olimpia Velasco dibujan atlas de sabidurías de la generosidad, una suerte de optimismo preventivo frente al fatalismo de la especie, desde la cultura del ecofeminismo. Velasco no renuncia a la pintura como revelación y duración; su actitud minimalista evita que lo innecesario se formalice. Descubre referencias entre los trabajos y no al contrario: la supervivencia colaborativa de Anna Tsing, los anillos de la madera de Valerie Trouet, los nuevos modos de intercambio de Kojin Karatani y la razón poética de Zambrano. Su preocupación se distribuye como la poesía, ampliando la experiencia de un mundo donde la especie humana se vuelve suave y adquiere todos los colores del bosque.
Olimpia Velasco. Claros del bosque (Bell-ver) Es Baluard, Museu D’Art Contemporani de Palma. Comisario Javier Peñafiel
Del 9 de octubre de 2026 al 7de febrero de 2027

