
La huella permanente: Un diálogo entre el arte contemporáneo y la memoria ancestral
Hasta finales del mes de junio de 2027.
Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera, Málaga
Comisaria, Ángela Sánchez del Campo Moreno.
El Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera presenta la exposición «La huella permanente», una propuesta curatorial que establece un diálogo entre el arte contemporáneo y el rico legado simbólico de las civilizaciones prehistóricas. Esta muestra, comisariada con una mirada profunda y reflexiva, se adentra en la persistencia del culto a la tierra y al símbolo, elementos que han estado presentes en la humanidad desde sus inicios.
La exposición se sitúa en el contexto único de los Dólmenes de Antequera, que no solo son un entorno natural privilegiado, sino también un espacio transformado por el ser humano con un propósito trascendental. Esta idea establece un paralelismo con las obras de arte contemporáneo que exploran la dimensión espiritual en relación con la naturaleza y el cosmos, creando un puente temporal que une las manifestaciones artísticas más primitivas con las expresiones creativas de hoy.
Las piezas seleccionadas, que forman parte de la colección del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), incluyen trabajos de artistas como Ross Bleckner, José Manuel Broto, Antonio Sosa, Soledad Sevilla y Jordi Teixidor. Cada uno de ellos aborda, a través de su propio lenguaje visual, la abstracción, el símbolo y las diversas formas de representar lo sagrado, conceptos que resuenan con la monumentalidad prehistórica de los dólmenes.
La obra «Cielo invisible 3» (1994) de Ross Bleckner juega con la luz y la sombra como metáforas de la vida y la memoria, creando un espacio ambiguo que evoca la necesidad humana de encontrar sentido más allá de lo visible. Por otro lado, «Lumbre» (1991) de José Manuel Broto añade una dimensión espiritual relacionada con la tradición mística, simbolizando la energía transformadora y la posibilidad de renacimiento.
Las obras de Antonio Sosa, como su escultura «Sin título» (1985) y la instalación «38 vaciados de arena de río» (1992), exploran a fondo la conexión entre el ser humano y su entorno. Utilizando materiales naturales transformados, evocan el simbolismo ancestral que encontramos en la arquitectura megalítica. Por su parte, Jordi Teixidor, con «Todo es presagio» (2003) y «Siete maneras de mirar una mañana de domingo» (1991), logra una fusión entre lo sensible y lo conceptual a través de un lenguaje abstracto que se relaciona con la observación ritual del cielo.
Soledad Sevilla nos presenta «El Retablo B» (2009), una obra que hace referencia a lo sagrado desde la abstracción geométrica. Esta pieza invita a una experiencia de introspección, donde el color se convierte en un medio para la contemplación, estableciendo un diálogo directo con las construcciones megalíticas que están diseñadas para modular la luz y ofrecer una dimensión trascendental.
La muestra se completa con el vídeo «Rosa» (2008) de Marcela Cernadas, una obra figurativa que aporta un contrapunto audiovisual y reflexiona sobre la creación y la identidad desde una perspectiva inmaterial. Esta pieza evoca ciclos de nacimiento y renacimiento, conectando con una visión ritual del tiempo.
«La huella permanente» marca la tercera colaboración entre el CAAC y el Sitio de los Dólmenes de Antequera, estableciendo un diálogo que trasciende las barreras del tiempo y enriquece nuestra comprensión del arte como una expresión duradera de la condición humana.

