
Costus, Divina providencia, 1982. Archivo Blanca Sánchez, Biblioteca y Centro de Documentación del Museo Reina Sofía
LECHE, NIEVE, LÁGRIMA, MANO. EL SABER HACER DE BLANCA SÁNCHEZ
Desde el 26 de junio hasta el 9 de octubre de 2026
Biblioteca del Reina
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Rda. de Atocha, 2, Centro, 28012 Madrid
Blanca Sánchez Berciano (Madrid, 1948-2007) fue una figura multifacética: comisaria, gestora cultural, coleccionista y artista. Su formación la llevó a recorrer ciudades como Londres, Frankfurt, París y Colonia, pero en 1971 regresó a un Madrid bajo el régimen franquista. Durante casi cuatro décadas, construyó una carrera que la posicionó como una de las personalidades más influyentes de la movida madrileña. Trabajó en las galerías Vandrés (1971-1980) y Vijande (1981-1986), además de en el Círculo de Bellas Artes (1992-2006). Su influencia también llegó al cine, participando en películas de su amigo Pedro Almodóvar, como Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980), así como en los cortos de Iván Zulueta. En 1987, tuvo el honor de comisariar la exposición de Andy Warhol en el Círculo de Bellas Artes y fue representante de artistas como Carlos Berlanga y el dúo Alaska y Dinarama. Un ejercicio curatorial colectivo.
La exposición que se presenta es el fruto de un ejercicio curatorial colectivo realizado por los estudiantes del itinerario de Prácticas en Comisariado del Máster Universitario en Historia del Arte Contemporáneo y Cultura Visual, organizado por la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad Complutense de Madrid y el Museo Reina Sofía. Este proyecto ha sido llevado a cabo por once estudiantes, bajo la guía de Rocío Robles Tardío y Alberto Medina. El collage como método de vida El título de la exposición proviene de un caligrama mecanografiado que se conserva en el archivo de Sánchez. La muestra pone el foco en su singular «saber hacer», resaltando su impulso creativo a través de la estética camp y su uso del collage como una metodología para construir una realidad conceptual, articulando fragmentos visuales y materiales de manera innovadora.
El montaje recrea el espacio de trabajo de Blanca Sánchez, donde una mesa central se convierte en el corazón del caos creativo. En ella, se entrelazan documentos, flores, envoltorios de chocolates, azucarillos, fotografías y recortes, todo dispuesto de tal manera que invita a hacer asociaciones intuitivas. Esta organización resalta cómo el ejercicio asociativo de sus álbumes, que a primera vista puede parecer desordenado, en realidad formaba una lógica collagista que le permitía navegar entre diferentes tareas y momentos. Para Sánchez, la alta y la baja cultura no eran opuestos, sino más bien zonas de contacto. La exposición también presenta sus seis cuadernos de collage y dibujo, que han sido digitalizados y se muestran en dos audiovisuales.
Leche, nieve, lágrima, mano examina la obra de Sánchez desde su propia práctica, reivindicándola como una figura fundamental en la cultura madrileña de los últimos cincuenta años. Es una invitación a acercarse a una creadora cuya influencia, aunque silenciosa, sigue resonando con fuerza en el presente.

