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TORRES DE NAIPES. PATRICIA LÓPEZ LANDABASO.
La verdad padece, pero no perece
Teresa de Jesús
Por Jesús Cámara
Patricia López Landabaso presentó su exposición Torres de Naipes el pasado 13 de junio en el espectacular Mirador de Cristal de Bodegas Baigorri. La visita nos va a ir revelando un conjunto de historias que terminan reflejando muchas de las preocupaciones de nuestro presente.
La singularidad del proyecto comienza precisamente en su relación con el espacio. El edificio, con sus amplias superficies acristaladas, su estructura metálica y su apertura hacia el paisaje de la Rioja Alavesa, deja de ser un simple contenedor para convertirse en parte activa de la visita. La luz natural, las perspectivas cambiantes y la presencia constante de los viñedos participan del recorrido y establecen un diálogo continuo con las obras.
Su pintura se caracteriza por una figuración precisa y delicada, realizada mediante capas de color suaves y una pincelada contenida que otorga a las imágenes una visión casi fotográfica. Sin embargo, bajo esa aparente serenidad formal emerge un discurso crítico que conecta con cuestiones de nuestro mundo.

Tengo que contarte algo, voy a ser mama
Las obras expuestas se organizan en estructuras totémicas de contundente presencia. Lejos de la disposición lineal habitual, los cuadros se agrupan en prismas y columnas que obligan al espectador a rodearlos y descubrir nuevas imágenes en cada giro. Esta organización espacial convierte la pintura en una experiencia tridimensional que roza la instalación, reforzando el carácter multidisciplinar y sobre todo, conceptual de la artista. No existe una narración lineal, sino una constelación de imágenes que forman parte de un mismo relato fragmentario, como instantáneas, que hablan de los afectos, el miedo, el género, la moral y la convivencia, asuntos que irán apareciendo a lo largo del recorrido.
Una de las piezas “BIENVENIDOS”, muestra el rostro frontal de una mujer bajo las palabras “Welcome”, “Bienvenidos” y “Hola”. La intensidad de la mirada contrasta con la presencia de un vestido rojo de niña suspendido en un tendal y debajo el texto “Mama put my guns in the ground/I can´t shoot them anymore” (Mamá entierra mis pistolas, ya no puedo dispararlas), generando una reflexión sobre la infancia, la vulnerabilidad y las expectativas sociales. La incorporación del texto, recurso habitual en la plástica pop, adquiere aquí un significado ambiguo y crítico que invita a múltiples interpretaciones.
Otras obras combinan imágenes de carácter autobiográfico o generacional con fragmentos de mensajes, consignas y referencias históricas. El cuadro “TENGO QUE CONTARTE ALGO, VOY A SER MAMÁ”, que incorpora el lema sobre el divorcio ejemplifica cómo la artista rescata discursos del pasado para confrontarlos con la sensibilidad contemporánea, evidenciando las tensiones existentes entre tradición, derechos individuales y evolución social.

Ansia puta de llorar
Especialmente conmovedora resulta la pintura “ANSIA PUTA DE LLORAR”, en la que varias mujeres aparecen fundidas en un abrazo mientras una de ellas rompe a llorar. La escena posee una intensidad emocional inmediata evitando cualquier lectura anecdótica o circunstancial. Nos habla de conflictos contemporáneos, desplazamientos forzosos, pérdidas personales o tragedias colectivas. La artista transforma el dolor en una imagen de solidaridad. Frente al sufrimiento, la respuesta no es el aislamiento, sino el apoyo mutuo. El abrazo se convierte así en un gesto de resistencia y humanidad.
La preocupación por la violencia y sus efectos atraviesa igualmente varias de las obras presentes en la muestra. En una de ellas “UNA NOTA PARA OLVIDO”, en la que la propia artista se ve reflejada comulgando con la estética y filosofía de dos jóvenes punk, Olvido Gara y Ana Curra. Estas aparecen bajo la presencia abrumadora de un revólver de dimensiones monumentales, evidente homenaje al más pop de los artistas del siglo XX, Andy Warhol, que presentó su obra en 1983 en la galería Vijande con el título de Pistolas, Cuchillos, Cruces. En otra “RATITOS DE FELICIDAD”, un niño sonriente sostiene una ametralladora frente a un chaflán urbano madrileño de geometría repetitiva que reconozco y ubico en Paseo de la Castellana con Calle de San Germán. La contradicción entre la inocencia infantil y la presencia invasiva de las armas genera una inmediata sensación de inquietud. Patricia invita a una reflexión más amplia sobre la normalización de la violencia en el imaginario contemporáneo y sobre la manera en que determinados símbolos terminan formando parte de nuestra vida.

Ratitos de felicidad
Igualmente significativa resulta la obra protagonizada por una pareja que se besa bajo la palabra “ENVIDIA”. La escena, atravesada por marcas gráficas que recuerdan a sistemas de vigilancia, señalética o clasificación, introduce un debate sobre la diversidad, la libertad individual y los prejuicios sociales. El beso aparece como un acto de afirmación frente a la mirada ajena. La artista parece preguntarse quién observa, quién juzga y quién establece los límites de lo aceptable. Una cuestión especialmente pertinente en una época donde las identidades continúan siendo objeto de escrutinio público.
Los retratos instalados sobre los pilares vistos de hierro que sostienen el edificio. Elevados a diferentes alturas, aparecen como presencias discretas que acompañan al visitante durante una parte del recorrido. Allí donde la arquitectura muestra su estructura más desnuda y funcional, la artista introduce la dimensión humana de los afectos y las relaciones personales. Mención especial merece el retrato de nuestro común amigo, el pintor Illán Argüello, rodeado por el tubo de acero doblado que evoca la imagen icónica de la portada de Tubular Bells, de Mike Oldfield.

Envidia
Al finalizar la visita surgió una curiosa asociación relacionada con el propio título de la muestra. Teniendo en cuenta que la exposición se celebra en un pueblo de la Rioja Alavesa, pregunté a la artista si Torres de Naipes guardaba alguna relación con la proximidad de Vitoria-Gasteiz, ciudad donde nació Heraclio Fournier y donde se desarrolló la fábrica de naipes más famosa de España. La coincidencia parecía especialmente sugerente. Sin embargo, Patricia López Landabaso me confesó que nunca había reparado en esa posible conexión. El título había surgido por otros caminos relacionados con las ideas de equilibrio, convulsión e inestabilidad tan presentes en el proyecto. Y quizá precisamente por ello la anécdota resulta tan atractiva, porque demuestra cómo las obras de arte terminan estableciendo vínculos inesperados con los lugares que las acogen, más allá incluso de la voluntad de sus creadores.
Torres de Naipes confirma la madurez de una artista capaz de combinar sensibilidad pictórica y conciencia crítica sin renunciar a ninguna de las dos. El resultado es una exposición que dialoga con la arquitectura, con el paisaje y con las inquietudes de nuestro tiempo, invitando al espectador a recorrer un mundo donde la belleza de las imágenes convive con preguntas incómodas acerca de los valores, los miedos y las contradicciones que sostienen nuestra vida individual y colectiva.
Patricia López Landabaso. Torres de Naipes.
Bodegas BaigorriVitoria Errepidea, km. 5301307 Samaniego (Álava)

