Enric Martínez. Albufera. Mata de fang, 1986. Ajuntament de Valéncia

Albufera

Del 8 julio al 18 octubre de 2026

IVAM Centre Julio González

Guillem de Castro, 118. València

Comisaria, Sandra Moros

En 1985, un grupo de once fotógrafos y una fotógrafa —Derek Bennett, Diana Blok, Gabriel Cualladó, Vicente del Amo, Joan Fontcuberta, John Goto, Andreas Müller-Pohle, Rafael Navarro, Paulo Nozolino, Humberto Rivas, Philippe Salaün y Manuel Úbeda— recibió un encargo de la Conselleria de Cultura. Sin un guion preestablecido, se lanzaron a explorar la Albufera con sus cámaras en mano. Un año después, ese proyecto colectivo, titulado L’Albufera. Visió tangencial, se unió a la colección del IVAM. Han pasado cuatro décadas desde que se declaró este parque natural, y ahora el museo valenciano decide rescatar ese fondo para ofrecer una nueva interpretación, más rica y multifacética.

La exposición que se presenta no es solo un homenaje. Es, sobre todo, un ejercicio de deconstrucción. En lugar de mostrar la típica imagen de un humedal idílico, la propuesta curatorial se adentra en la noción de «place» que desarrolló Jeff Kelly, quien ve el territorio como un palimpsesto de capas inmateriales: históricas, políticas, económicas, sociales y culturales. La Albufera no es solo agua, cañaveral y arroz; también es un espejo de las tensiones que la han moldeado y que continúan transformándola. Para poner de relieve esas capas, el museo amplía el diálogo más allá de la generación de los ochenta, tejiendo una narrativa que abarca todo el siglo XX hasta el presente, con obras de Sorolla, Gustave Doré o Mª Dolores Casanova que conversan con los trabajos de los fotógrafos originales.

El recorrido se enriquece aún más con las contribuciones de artistas contemporáneos como Bleda y Rosa, Teresa Marín, Paula García-Masedo, Jorge Yeregui, Lucía Loren y Jorge Ribalta. Cada uno de ellos ofrece una perspectiva única que va más allá de la simple documentación; cuestionan las narrativas establecidas sobre el uso del suelo, la memoria del trabajo, el impacto de las políticas turísticas y la invisibilidad de ciertas comunidades. Sus obras se superponen a la documentación histórica y a las imágenes originales, creando un tejido denso donde el pasado y el presente se entrelazan.

En esta ocasión, el IVAM no se limita a ser un simple guardián de un acervo, sino que se transforma en un agente activo. Fomenta el diálogo con los artistas y activa una práctica museística que interviene, propone y produce. No se trata solo de ilustrar la historia de la Albufera, sino de desvelar sus contradicciones y bellezas, sus luces y sombras. Como señala Anna Tsing, el territorio se convierte en una «pista de baile» donde diversas vidas, comunidades y prácticas se entrelazan, a veces en armonía y otras en fricción.

Con esta exposición, el museo nos invita a ver la Albufera como un organismo vivo, en constante evolución. Es una invitación a dejar de lado una visión superficial y adentrarse en el corazón de un paisaje que, ante todo, es un lugar lleno de significados en disputa.

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