Sema D’Acosta dialoga con Joan Fontcuberta: Más allá de lo real

Con motivo de la exposición HÁPTICA de JOAN FONTCUBERTA comisariada por Sema D’Acosta en la Fundación Unicaja, 2026

La fotografía ha vivido un periodo de desmaterialización en la era digital, reduciéndose a un algoritmo volátil. Frente a ello, las series de Joan Fontcuberta reivindican la materia como argumento válido. Una imagen no es solo representación, sino un objeto modificable con biografía propia que sufre alteraciones por el tiempo. Frente al espejismo de las pantallas, considerar estos aspectos hápticos permite reflexionar sobre elementos iconográficos antes ignorados.

Sema D’Acosta: ¿De dónde viene ese interés tuyo por la materia de la fotografía?

Joan Fontcuberta: Mi trabajo tiene un fuerte componente analítico. Me interesa analizar la naturaleza de la imagen fotográfica, cuya especificidad se fundamenta en cuatro pilares: la verdad, la memoria, la materia y el lenguaje. La materia es un componente clave; de ella deriva su condición de fetiche que reemplaza mágicamente la realidad. En mi libro Desbordar el espejo me refiero a los progenitores de la fotografía: la luz (el padre) y la materia (la madre), del latín mater, que da a entender que la materia es el fundamento de todo lo existente.

Sema D’Acosta: ¿Qué sentido tiene hoy esta línea de reflexión?

Joan Fontcuberta: Nos hemos convertido en homo photographicus, inmersos en una cultura postfotográfica de abundancia de imágenes que tienden a desmaterializarse. Pensadores como Byung-Chul Han hablan de la proliferación de las “no-cosas”. Frente a este horizonte incorpóreo, planteo una estrategia de resistencia que revalora la dimensión háptica de la materia. Mi trabajo reciente incide en la transición de la imagen-objeto a la imagen-pantalla. Series como Trauma rescatan imágenes deterioradas, casi ruinas de la fotografía-cosa, como un gesto nostálgico de despedida. Paralelamente, trabajo con realismo IA (la máxima virtualidad) y regreso a la fotocerámica del siglo XIX, con su solidez monumental, como manifiesto a contracorriente.

Sema D’Acosta: ¿Hasta qué punto esa estética de la ruina entronca con un neorromanticismo?

Joan Fontcuberta: Hay una poética de las ruinas como despojos del tiempo. El arquitecto Alfred Speer recomendaba diseñar edificios pensando en la belleza de sus ruinas futuras. Trasladado a la fotografía, podemos pensar en Élevage de poussière de Duchamp. Mi proyecto Jardín de polvo insiste en ese regreso épico al polvo.

Sema D’Acosta: En torno a 2009-2011, cuando publicas el Manifiesto Postfotográfico, optaste por ir en dirección contraria a lo previsible, refugiándote en archivos y el subsuelo de las ciudades.

Joan Fontcuberta: Empecé a trabajar ese paralelismo entre archivos y mundo subterráneo con Arstusia. Me propuse explorar las entrañas del paisaje y la memoria: espacios físicos del subsuelo (minas, alcantarillas) y archivos fotográficos donde descubrí el filón de las imágenes “enfermas”. Esta idea de imágenes gimientes entronca con el metabolismo de las imágenes y la fotografía amnésica.

Sema D’Acosta: Las series seleccionadas hablan del metabolismo de las imágenes, de su vida como objetos que sufren y envejecen.

Joan Fontcuberta: Entiendo la vida de las imágenes en un sentido biológico. Me interesa el concepto de “iconofagia” de Norval Baitello Junior: vivimos en una época donde devoramos imágenes, ellas nos devoran y también se devoran entre sí. Despertamos y un icono nos enciende el mundo; nos dormimos y otro nos lo apaga. Es el animismo del siglo XXI.

Sema D’Acosta: Esa idea nos lleva a la religiosidad. ¿Esta devoción por las imágenes sustituye a la religión?

Joan Fontcuberta: Desde El beso de Judas vengo hablando de cómo la espiritualidad religiosa ha impregnado la fotografía. La luz y la revelación pertenecen a lo sagrado; la cámara como “ojo de Dios”. La fotografía también ofrece consuelo ante nuestra finitud: nuestro cuerpo desaparece, pero nuestra imagen nos pervive. El Segundo Concilio de Nicea justificó venerar imágenes porque no se venera la imagen en sí, sino el referente. Pero el precio de hacerse imagen (encarnarse) es la muerte. La fotografía, por su vínculo inseparable con el referente, está condenada a esa condición fetichista y trágica vinculada al tiempo y la muerte.

Sema D’Acosta: Las obras de este proyecto son fotografías amnésicas que pierden la memoria de lo que fueron…

Joan Fontcuberta: Son imágenes en estado traumático, agónicas, que sufren un trastorno que las inhabilita para el archivo. Su vínculo con la realidad desfallece mientras emergen los fantasmas. Resignificarlas es un gesto postfotográfico: en lugar de desecharlas, la fotografía deteriorada sobrepasa su condición de objeto para actuar como gesto simbólico. El daño deja de ser oscuridad para convertirse en una ventana de luz. La herida es la rendija por donde entra la luz. Es un programa de resiliencia: exhumar restos de fotografías dañadas, aceptar la pérdida y la caducidad, pervirtiendo el mandato pretencioso del archivo.

Sema D’Acosta: Un aspecto crucial hoy es que una imagen necesita un continente para comunicarse, y ese soporte también puede deteriorarse, una acción que descubre su potencial.

Joan Fontcuberta: La información necesita un sustrato físico. Bergson explicaba que la memoria se manifiesta a través del cuerpo. En la imagen-objeto, la materialidad es la piel; en la imagen-pantalla, es un vestido (hardware intercambiable). Por eso la postfotografía nace huérfana de madre, es decir, de materia.

Sema D’Acosta: Muchos de estos proyectos indagan en el grado cero de la fotografía.

Joan Fontcuberta: Mi profesor Joan Costa explicaba que en la fotografía participan tres agentes: el ojo (subjetividad), el objeto (referente) y el objetivo (lenguaje). El grado cero sería el centro de ese triángulo, unos “fotografemas” o signos elementales.

Sema D’Acosta: ¿De qué están hechas las imágenes? ¿Cuál es su esencia?

Joan Fontcuberta: Explicar los fotografemas es complejo. Desde la semiótica, una imagen es un signo visual; desde lo comunicativo, un mensaje; desde el arte, una expresión. En todos los casos, su mecánica se compone de puntos de tinta o píxeles. Pero su sentido depende del contexto, la funcionalidad y el entorno cultural. En mi proyecto Ça-a-été. Contra Barthes abordo esa dificultad tomando como base el legado de Roland Barthes.

Sema D’Acosta: Estos proyectos se alejan del pasado documental, restando importancia a la toma y adentrándose en la asociación de ideas o la simple visualidad.

Joan Fontcuberta: El gran saldo histórico de la fotografía es su aportación documental. Pero el olvido también forma parte de la historia. Series antidocumentales como Trauma son apostillas críticas en el umbral del bicentenario de la fotografía. El realismo IA supone la apoteosis de la postfotografía y cambia nuestro régimen de visualidad. En esta incertidumbre, es momento de recuperar aquello postergado en los márgenes de la historia.

SEMA

Sema D’Acosta 

Comisario independiente, crítico de arte, docente e investigador. Interesado en los distintos lenguajes de las artes visuales de hoy, especialmente fotografía y pintura. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla / Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Sevilla. / DEA: THE RICHARD CHANNIN FOUNDATION.Miembro del COMITÉ TÉCNICO CURATORIAL de la Feria Estampa.Director y guionista del documental LUIS GORDILLO. MANUAL DE INSTRUCCIONES.Actualmente, comisario del Premio ANKARIA PHOTO sobre Fotografía del siglo XXI, comisario del FULL-CONTAC del Festival Internacional de Fotografía SCAN de Tarragona.Asesor Artes Visuales Programa AC/E para la internacionalización de la Cultura Española (PICE).

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