Vista de la exposición ‘Irma Álvarez-Laviada. Dentro y fuera del marco’. Foto. C. Jiménez

Irma Álvarez-Laviada, la conquista del espacio intermedio

Por María Sánchez Larsson

La exposición «Irma Álvarez-Laviada. Dentro y fuera del marco» en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza se presenta como un evento imprescindible, casi como una reparación histórica en el contexto institucional de Madrid. Esta novena entrega del programa Kora, comisariada por Rocío de la Villa, tiene el noble objetivo de dar visibilidad a una artista asturiana con más de dos décadas de trayectoria. A pesar de su sólida carrera y reconocimiento en el circuito profesional, nunca había tenido la oportunidad de mostrar su trabajo en una gran institución de la capital. Este hecho, por sí solo, ya es una declaración de intenciones y coloca la muestra en un ámbito de reivindicación, un espacio en el que la obra de Álvarez-Laviada se involucra, pero que también trasciende con matices que merecen un análisis más profundo.

La propuesta de Álvarez-Laviada se sitúa en una tradición rica y compleja que abarca la abstracción formal y el minimalismo. Sin embargo, su enfoque no es el de un simple imitador que repite fórmulas, sino el de una artista que explora desde los márgenes de esos lenguajes, indagando en lo que la comisaria describe acertadamente como una «lengua menor». El uso de «materiales de fábrica» —como cartones, espumas de insonorización, lijas y maderas de embalaje— no es solo un gesto de reutilización o de estética povera, sino una operación conceptual más profunda. Al optar por esos elementos auxiliares que la industria y el propio taller del artista consideran desechables o secundarios, Álvarez-Laviada cuestiona la jerarquía tradicional entre lo noble y lo humilde en la creación artística. La pregunta que subyace a obras como las que componen las series «Idea as Model» o «Modalidades de lo visible» es muy relevante: ¿dónde radica el valor de una obra? ¿En el material del que está hecha o en la operación intelectual y sensible que lo transforma?

Vista de la exposición ‘Irma Álvarez-Laviada. Dentro y fuera del marco’. Foto. C. Jiménez

El montaje de la exposición, diseñado como un recorrido educativo a través de la gramática de la artista, resulta efectivo, aunque tal vez un poco demasiado didáctico en su desarrollo. Comenzar el discurso con elementos básicos como el color, la línea y el plano, para luego avanzar hacia temas más complejos como el vacío, la relación con la arquitectura o la interacción entre lo lineal y lo pictórico, le da a la muestra una claridad admirable. Sin embargo, este enfoque corre el riesgo de simplificar en exceso una obra que, en esencia, juega con la ambigüedad y la paradoja. Por ejemplo, cuando se dice que la artista desafía las jerarquías entre lo duro y lo blando, lo profundo y lo superficial, se acierta en el análisis, pero sería interesante cuestionar hasta qué punto esa subversión es realmente efectiva o si, por el contrario, la obra termina por estetizar esos materiales humildes, integrándolos en el mismo sistema de valores estéticos que pretende cuestionar. Las espumas de insonorización, una vez enmarcadas y colgadas en la sala blanca del museo, ¿siguen hablando de su origen funcional o se transforman en un objeto de contemplación exquisito que neutraliza su potencial disruptivo?

Uno de los grandes aciertos de la exposición es el diálogo que establece con la colección permanente del Thyssen. La confrontación con artistas como Josef Albers, Nikolái Suetin, Theo van Doesburg, Guido Molinari o Mark Tobey no es solo un adorno curatorial; más bien, actúa como una herramienta para situar la obra de Álvarez-Laviada dentro de un linaje y, al mismo tiempo, medir sus distancias respecto a él. El contraste con la rigurosa investigación cromática de Albers o con la espiritualidad pictórica de Tobey nos permite apreciar la singularidad de una práctica que, sin renunciar a la reflexión formal, incorpora una materialidad más contingente y vulnerable. Además, merece una mención especial el diálogo que se establece con ‘La Anunciación’ de Gentile Bellini. Este gesto, que podría parecer forzado, resulta intrigante al relacionar la ausencia de la figura humana en la obra contemporánea con la construcción arquitectónica del espacio en el Renacimiento, subrayando cómo el soporte y el vacío han sido siempre componentes activos del lenguaje pictórico.

Vista de la exposición ‘Irma Álvarez-Laviada. Dentro y fuera del marco’. Foto. C. Jiménez

La lectura de género que atraviesa el proyecto, que forma parte del programa Kora, es sin duda uno de sus pilares fundamentales. La idea de que Álvarez-Laviada trabaja desde una «lengua menor» y desafía los binomios que se asocian a lo masculino (duro, vertical, esencial) y lo femenino (blando, horizontal, subsidiario) es realmente estimulante desde un punto de vista intelectual y está bien fundamentada. Sin embargo, esta perspectiva, aunque se aplica con firmeza, a veces parece querer abarcar toda la obra, cuando en realidad esta puede operar en niveles que no siempre necesitan ser interpretados a través de una clave de género para ser apreciados en su complejidad. La fuerza de piezas como las cajas de cartón abiertas o los ensamblajes de espuma también radica en su habilidad para hablar sobre la fragilidad de la construcción y la provisionalidad de cualquier orden, ya sea artístico, social o arquitectónico.

La exposición «Dentro y fuera del marco» cumple a la perfección su objetivo de dar a conocer la obra de una artista fundamental que, sin duda, merecía un espacio institucional de esta magnitud. La muestra es elegante, meticulosa y presenta un discurso espacial bien estructurado. Sin embargo, no podemos pasar por alto que, en su esfuerzo por legitimar y situar a Álvarez-Laviada en el lugar que le corresponde, a veces la exposición tiende a sobre-explicar y a encasillar una obra que, en su mejor versión, se define precisamente por habitar los espacios intermedios y resistirse a clasificaciones demasiado rígidas. La paradoja final es que esta exposición, que celebra la inclusión de la artista en el ámbito institucional, nos recuerda constantemente lo que significa estar fuera de él. Y quizás sea en esa tensión no resuelta entre el interior y el exterior donde la obra de Irma Álvarez-Laviada encuentra su expresión más auténtica y provocadora.

Irma Álvarez-Laviada. ‘Dentro y fuera del marco

Del 23 de febrero al 3 de mayo de 2026.

Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Palacio de Villahermosa, Paseo del Prado, 8 . Madrid

Comisaria Rocío de la Villa

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