
Maite González Martínez¿Cómo nos presentamos al mundo? Una lección de atención
Por Saray Díaz García
A lo largo del recorrido de la exposición Strong Back, soft front en Tabakalera, Maite González Martínez propone un recorrido donde lo cotidiano se transmuta en paisaje perceptivo. La exposición convierte la sala en un laboratorio de la mirada, un espacio donde cada imagen, cada fragmento, respira entre la firmeza de la estructura y la suavidad de la sensibilidad.
El título —espalda fuerte, frente suave— no es solo un juego verbal, sino una metáfora del acto de observar: sostenerse con fuerza mientras se permanece abierto a lo inesperado, recibir el mundo sin cerrarse a su tacto o misterio. Como sugería Walter Benjamin, toda mirada auténtica implica una forma de atención que rescata en la imagen aquello que irrumpe como destello, como aparición cargada de tiempo y memoria; mirar es detener el flujo para permitir que algo nos afecte. En esa
misma línea, también podría recordarse a John Berger, quien advertía que “nunca miramos solo una cosa; siempre miramos la relación entre las cosas y nosotros mismos”, subrayando que observar es un acto atravesado por nuestra propia experiencia.
Las piezas de la exposición —collages de fragmentos, vídeos sin artificio— funcionan como crónicas de lo inmediato, como instantes robados a la memoria y al gesto, que conservan su autenticidad sin pulido ni artificio. En ellas, la mirada no se impone sobre la imagen, sino que dialoga con su fragilidad, aceptando que, como en la idea benjaminiana del aura, cada fragmento contiene una distancia irreductible que exige respeto y presencia.

Hay en la muestra una poética de lo inacabado, de la mirada que se detiene y reconoce lo singular: un rostro que emerge, un gesto fugaz, un paisaje atravesado por la luz. Cada obra se percibe como un susurro visual, una invitación a la lentitud y a la presencia, donde lo trivial adquiere densidad y lo familiar se vuelve extraño y luminoso.
El resultado es un espacio que acompaña y respira con quien observa: la exposición no dicta un significado, sino que abre un territorio donde la percepción y la sensibilidad se vuelven protagonistas.
La artista Maite González Martínez nos recuerda que mirar no es un acto pasivo, sino una forma de habitar el mundo. La exposición propone un espacio donde el espectador deja de ser receptor para convertirse en co-creador de la experiencia perceptiva. Cada vídeo, cada collage, cada fragmento se convierte en un evento que solo existe en la tensión entre la obra y quien la observa.
La muestra sugiere un equilibrio ético y existencial, es una lección sobre la fragilidad y la resistencia: la obra nos invita a reconocer que la fuerza verdadera consiste en mantener la atención y la sensibilidad intactas mientras nos apoyamos en nuestra propia estructura interna.

La materialidad de la exposición refuerza esta reflexión. Los collages improvisados y los vídeos sin artificio son un recordatorio de la temporalidad de la existencia: nada permanece inmutable, todo se construye en el instante y se deshace al siguiente. La obra se convierte en metáfora de lo inacabado, lo frágil y lo efímero que contienen en si su propia verdad y belleza.
Cada gesto cotidiano capturado por González Martínez se eleva a la categoría de
acontecimiento ontológico, un instante donde la obra y el espectador coexisten en una misma realidad.
Tras visitar la exposición una pregunta me acecha: ¿cómo nos presentamos al mundo? La exposición no da respuestas, sino que propone un espacio de reflexión y apertura, donde la percepción se vuelve ética y estética a la vez.
Hasta el 15 de marzo de 2026, Strong back, soft front en Tabakalera es una
invitación a detenerse, mirar y sentir cada instante como un acontecimiento delicado y potente.
Maite González Martínez. Strong Back, soft front
Comisario: Iñigo Villafranca Apesteguia
Tabakalera, Donostia – San Sebastián
Hasta el 15 de Marzo de 2026

