
Virginia Rivas. El color del ruido.Foto, cortesía CAB de Burgos
Proceso y poética en «El color del ruido» de Virginia Rivas.
Por Mareta Espinosa
La exposición «El color del ruido» de Virginia Rivas, es una investigación artística ambiciosa y meticulosa que crea un puente sensorial entre el mundo del sonido y el de la imagen. Comisariada por Javier del Campo, esta propuesta se basa en una sólida conceptualización: la clasificación científica de los ruidos dentro del espectro sonoro y su identificación cromática posterior. Este proceso se apoya en lo que se conoce como la densidad de potencia del sonido, una medida que permite a Rivas establecer una analogía precisa entre las ondas audibles y las visibles. La artista parte de una clasificación técnica aceptada, donde un ruido con una densidad espectral de potencia uniforme se asocia con el color blanco, mientras que las variaciones en esta densidad, influenciadas por tonos graves y frecuencias bajas, dan lugar a una paleta de colores específica. A partir de este principio, Rivas no se queda en una representación metafórica; en su lugar, adopta un enfoque casi científico, generando espectrografías de sonidos concretos para extraer de ellos colores únicos, creados especialmente para este proyecto con el fin de capturar la misma dispersión cromática que provoca la estridencia sonora. La materialización de esta investigación se organiza en cinco instalaciones principales, que son independientes pero se complementan profundamente, cada una dedicada a un binomio color-ruido: blanco, rosa, gris, verde y marrón. La elección de estos cinco ruidos no es casual; responde a su uso común en terapias de sonido para tratar problemas contemporáneos como el insomnio, la falta de concentración, la ansiedad y el tinnitus (la percepción de ruidos internos en el oído). Este vínculo con lo terapéutico añade una capa de significado antropológico y social a la obra, conectando la abstracción científica con el bienestar humano. Cada color está vinculado a un sonido particular: el rosa evoca el murmullo de las olas del mar; el verde, el suave caer de la lluvia; el gris, las interferencias electrónicas; el marrón, la tensión de los elementos naturales; y el blanco, las señales estáticas. La artista menciona que ha decidido dejar fuera los ruidos azules y violetas, ya que su tono agudo puede resultar molesto y no tiene las mismas propiedades terapéuticas, subrayando así la experiencia sensorial y casi táctil de los colores elegidos. El espacio de exhibición se transforma con la inclusión de columnas o estructuras translúcidas que invitan al espectador a una inmersión física y sensorial. El visitante no es solo un observador pasivo; puede sumergirse en estas texturas sonoras, alterando su percepción del entorno. Desde el interior de cada instalación, la vista del espacio y de las demás piezas se transforma, matizada por el color dominante de la columna, lo que refuerza visualmente la conexión entre el espectro sonoro y la tonalidad cromática. Esta interacción directa convierte la experiencia en algo personal y variable, donde la obra se completa con la presencia y el movimiento del público, un aspecto esencial en la poética de Rivas, quien considera al espectador como un agente activo cuya interpretación y participación son parte integral de la pieza. La calidez de los tonos elegidos, que contrasta con la frialdad de los azules y violetas ausentes, crea una atmósfera envolvente y reflexiva, adjetivos que la propia artista utiliza para describir su obra.

Virginia Rivas. El color del ruido.Foto, cortesía CAB de Burgos
Un elemento clave de la exposición, que va más allá de simplemente mostrar resultados, es la creación de una «sala de procesos». En este espacio, Rivas revela el intrincado desarrollo de su proyecto, mostrando la investigación teórica, notas, apuntes, diapositivas, configuraciones electrónicas, pruebas y, lo más importante, las paletas de color y las mezclas de pintura que se hicieron específicamente para cada sonido. Esta elección curatorial es fundamental, ya que no solo brinda claridad sobre su método de trabajo, sino que también resalta la profunda investigación que sustenta la experiencia sensorial final. Permite entender el extenso proceso de experimentación, desde la captura de la espectrografía del sonido hasta la conversión de esos datos en un pigmento único, desvelando la habilidad tanto intelectual como manual que hay detrás de la aparente inmaterialidad del sonido y la luz.

Virginia Rivas. El color del ruido.Foto, cortesía CAB de Burgos
La exposición «El color del ruido» se puede ver como un hito o incluso un «proyecto total» en la trayectoria de Virginia Rivas. Como menciona Alfonso de la Torre en su texto crítico para el catálogo, la muestra tiene un aire de cierre, como si las investigaciones anteriores de la artista —que a menudo han indagado en el paisaje sonoro, la sinestesia y la conexión entre el individuo y su entorno— se unieran y alcanzaran su expresión más refinada en este «bosque sonoro» que ha creado en el CAB. Rivas, quien tiene un título en Bellas Artes y un sólido historial de exposiciones, ha mostrado un interés constante por plasmar gráficamente las profundidades de la experiencia humana y su dimensión social. Su trabajo anterior, como la exposición «Soundscape» en el DA2 de Salamanca, ya reflejaba esta inquietud por el ruido ambiental y su capacidad para generar diversas interpretaciones y evocaciones en el espectador. En «El color del ruido», este interés se intensifica y se presenta con un marco conceptual extraordinariamente claro. La artista no se aleja de la pintura —su disciplina de origen—, sino que la expande hacia la instalación, creando un espacio experiencial donde, como dice de la Torre, «lo invisible de esta realidad visible» emerge del encuentro del visitante con la obra. Así, se forma un «jardín sonoro» o un «bosque acotado» que invita a una experiencia de escucha y contemplación, alejándose del ritmo cotidiano.
La exposición de Virginia Rivas en el CAB, se convierte en una experiencia que amplía nuestra percepción. Con una base conceptual sólida que entrelaza la acústica y el color, y a través de una instalación que promueve la inmersión y la interacción, la artista logra hacer que la sinestesia cobre vida. «El color del ruido» nos invita a reflexionar con calma sobre cómo procesamos los estímulos sensoriales que nos rodean, y cómo podemos organizarlos, traducirlos y, al final, utilizarlos para influir en nuestros estados internos, como la tranquilidad o la concentración. Esta exposición, producida por la Fundación Caja de Burgos, se establece como una de las propuestas más coherentes y mejor logradas en la carrera de Rivas, reafirmando su habilidad para tratar temas complejos con un lenguaje visual y sonoro que es a la vez puro y evocador.
3 de octubre de 2025 hasta el 18 de enero de 2026
Centro de Arte Caja de Burgos (CAB)
C. Saldaña, S/N, 09003 Burgos

