Maruja Mallo rodeada de Juan Pérez de Ayala, Rodolfo Charria, Jaime Gorospe, Gregorio Esteban y Manolo Montenegro.1984. Fotografía de Jaime Gorospe.

Redescubrir a Maruja Mallo

Por Jesús Cámara.

Esta exposición ofrece la lectura más completa realizada hasta ahora sobre Maruja Mallo (Viveiro, 1902 – Madrid, 1995), figura clave de la vanguardia española. Comisariada por Patricia Molins y organizada conjuntamente con la Fundación Botín, amplía considerablemente la presentada previamente en Santander. Con un montaje articulado en once salas, cerca de doscientas piezas —pinturas, dibujos, bocetos, cartas, fotografías, manuscritos y documentos inéditos, se abarca toda la trayectoria de la artista y permite adentrarnos en su proceso creativo y su universo intelectual, gracias a la incorporación de nuevos elementos procedentes del Archivo Lafuente y de colecciones particulares, como la de Jaime Gorospe.

El título, Máscara y compás, resume los dos ejes fundamentales de su producción: lo festivo y lo racional, lo instintivo y lo geométrico, lo popular y lo cósmico. Las máscaras, los cuerpos, las verbenas y las estructuras ordenadas del compás se funden en una misma poética visual. 

Una mirada moderna

Se exhiben por primera vez obras consideradas desaparecidas —como Arquitectura fósil I— y se han reunido las cinco –Verbenas-, piezas que no se mostraban juntas desde 1928, cuando José Ortega y Gasset las dio a conocer en una exposición en los salones de La Revista de Occidente. y marcaron su irrupción en la escena moderna. Deslumbraron por su audacia cromática y formal situando a la artista en el centro de la vanguardia española. Aquellas imágenes no eran meros retratos de fiestas populares: convertían la verbena en un escenario donde se mezclaban la máscara, el juego, el erotismo y la identidad mutable.

La Revista de Occidente representaba uno de los principales foros de difusión del pensamiento moderno en España, y Mallo fue una de las pocas mujeres artistas en ese entorno. Su presencia no fue testimonial: sus obras y escritos contribuyeron a proyectar una nueva sensibilidad plástica y una mirada crítica sobre la realidad urbana y popular. Desde ese momento, Mallo dejó de ser una figura periférica para convertirse en una protagonista de la modernidad.

Maruja Mallo. Máscaras. Foto: J. Cámara

Exilio americano: expansión de horizontes

Tras la Guerra Civil, Maruja Mallo partió al exilio: Portugal e Hispanoamérica. Profundizó en temas que ya estaban latentes en su obra: la relación entre la ciencia y el arte, la naturaleza como estructura cósmica, la geometría como principio vital. En Argentina y Uruguay entró en contacto con círculos culturales e intelectuales de primer orden, expuso en importantes galerías y consolidó un estilo propio, más depurado y universalista. Sus Naturalezas vivas y Arquitecturas fósiles revelan un interés por el mundo orgánico —corales, conchas, esqueletos vegetales— que se conecta con una visión científica y espiritual del universo. 

Durante esos años también mantuvo vínculos epistolares y afectivos con España. El exilio no la aisló: amplió su horizonte, reforzó su identidad como artista moderna y le dio una proyección internacional que pocas creadoras españolas de su generación alcanzaron.

Regreso a España y reconocimientos

En 1965, Maruja Mallo regresó definitivamente a España. El país que encontró era muy distinto al que había dejado, y su figura empezó a ser recuperada por nuevos círculos artísticos e intelectuales. A partir de los años setenta, su nombre fue reivindicado por historiadores del arte, críticos y artistas jóvenes, que vieron en ella una pionera de la modernidad.

En esos años recibió varios premios y homenajes. Entre ellos la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (1982), y la Medalla de Galicia (1991). Su vida finalizó en 1995, a los 93 años, habiendo visto en sus últimos años el reconocimiento que se le había negado durante décadas.

Un lugar destacado en los estudios sobre Maruja Mallo corresponde al historiador y crítico de arte Juan Pérez de Ayala (Mar del Plata, 1948 – Madrid, 2022), considerado el mayor experto en la artista. Su labor resultó decisiva para la recuperación de Mallo en las últimas décadas del siglo XX. Pérez de Ayala no sólo rescató numerosas obras dispersas y olvidadas, sino que también reconstruyó con rigor su biografía y su inserción en las vanguardias españolas e hispanoamericanas, ofreciendo una lectura compleja, alejada tanto de los tópicos biográficos como de las simplificaciones ideológicas. Gracias a sus investigaciones y catálogos —entre ellos la primera gran retrospectiva dedicada a Mallo en los años noventa— se consolidó la imagen de la artista como una figura clave de la modernidad hispánica. Junto a Guillermo de Osma Antonio Gómez Conde realizó el catálogo razonado de la artista, referencia indiscutible.

Maruja Mallo. Detalle de una verbena Foto: J. Cámara

Una mujer adelantada a su tiempo

Maruja Mallo trasciende su obra pictórica. Mujer radicalmente libre en un contexto histórico que no lo permitía dominado por convenciones sociales rígidas. A finales de los años veinte y treinta, participó de forma activa en las tertulias de la vanguardia madrileña, junto a Lorca, Dalí, Neruda, José Caballero o Alberti, y nunca aceptó un papel secundario: vistiendo y comportándose con una libertad desafiante. Su independencia intelectual, su firmeza y su humor la convirtieron en una figura emblemática. Eligió vivir y crear con absoluta y peculiar independencia. Su actitud —moderna, libre, provocadora— retaba los estereotipos de género y su vida era un manifiesto de autonomía.

Su mirada fue adelantada no sólo en términos formales, sino también conceptuales: abordó el cuerpo, la identidad femenina, la ciencia, la ecología y la cultura popular desde una perspectiva visionaria.

Esa libertad se refleja en su pintura: las Verbenas y Máscaras son celebraciones de la identidad mutable, del disfraz y del juego como formas de emancipación. En los años treinta, Mallo abordaba ya cuestiones que hoy consideramos centrales —el cuerpo, el deseo, la relación entre lo humano y lo natural— desde una mirada crítica pionera. Durante su exilio americano, mantuvo esa misma inquietud progresista, abriéndose a los campos de la ciencia, la astronomía y la simbología universal.

Maruja Mallo fue, en definitiva, una mujer que vivió adelantada a su tiempo. Máscara y compás no sólo la redescubre: la confirma como una creadora imprescindible para entender la modernidad desde una mirada femenina, audaz y luminosa, cuya libertad personal y fuerza intelectual siguen interpelando al presente.

Maruja Mallo. Máscara y compás

Desde el 8 de octubre de 2025 hasta el 16 de marzo de 2026

Museo Nacional  Centro de Arte Reina Sofía

Edificio Sabatini, Planta 1

Jesús Cámara

Jesús Cámara ha desempeñado cargos de presidencia en asociaciones artísticasconservación de colecciones pictóricasdirección de museos y exposiciones, y ha participado activamente en el ámbito de la crítica de arte a nivel nacional e internacional. Trabajó en el Ministerio de Cultura como cordinador de exposiciones y en el Museo Nacional Reina Sofía. Ha sido Conservador de la Colección de Pintura de Unión Española de Explosivos desde 1995 hasta 2005, Director del Museo Salvador Victoria durante el periodo 2003-2010, Director de Exposiciones del Distrito de Ciudad Lineal entre 2009 y 2012, Ha sido Patrono de la Fundación Caballero-Thomás de Carranza.

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