Genealogías y fragmentos del arte contemporáneo

David G Torres. El ojo espejo. La autoría: del collage al comisariado de exposiciones.

Anagrama Argumentos. 397 páginas.

Por Rafael López Borrego

El libro de David G. Torres se presenta como una obra de teatro donde diferentes personajes que forman parte de la historia del arte desde las vanguardias hasta nuestros días, entran y salen del escenario para ir contando anécdotas o aclarando conceptos sobre los pasos que vamos dando para configurar el arte contemporáneo.

Tal vez más que una obra de teatro se trate de una performance, aunque los dos términos tienen una raíz común, ya que según dice Amelia Jones el verbo perform en inglés tiene el sentido de hacerlo bien, de entretener. Una performance sería representar a un personaje en una obra. Performing indica una actuación ante el público.  Así que como vemos, dentro de este movimiento performativo-teatral contamos con una serie de actores y con un público que participa activamente observando a cada unos de los personajes que desfilan por el libro y que forman parte de la línea histórica que delimita el arte del siglo XIX y el siglo XX.

Baudelaire nos habla entre otras cuestiones de la figura del flaneur, que nace al mismo tiempo que las ciudades comienzan a albergar mayoritariamente a una población que viene del campo y que deja de conocerse y de saludar a otros. Son tantos los que llegan que la intimidad del pueblo se pierde por completo. La imagen del paseante desocupado enlaza con la figura de Guy Debord y la deriva situacionista. Debord, que terminó con su vida en 1994, quería convertir la conversación en un arma política capaz de cambiar las cosas, el diálogo como elemento revolucionario. Junto a ello no hacer nada. Esta idea de no hacer nada aparece de forma constante en el libro, centrándose en algunos autores como por ejemplo Marcel Duchamp, el cual después de presentar varios ready-made, parece dedicar su vida al ajedrez y a realizar obras en las que trabaja por períodos superiores a veinte años, cuando no les dedica toda la vida. Parece mentira que sea un autor tan alabado, tan recurrente, tan discutido, con un número de obras tan reducido como el que fue capaz de presentar.

Picasso y Braque no se dan cuenta de lo que está sucediendo, quieren cambiar el rumbo del arte. Lo consiguen. Su idea principal era mantenerse fieles a la realidad, pero no fueron capaces de conseguirlo. El desarrollo del cubismo dará origen a otros movimientos cruciales en el desarrollo del arte del siglo XX y del XXI. Intentando buscar una nueva forma de representar la realidad, los cubistas dan los primeros pasos hacia la abstracción que comienza a desarrollarse en la segunda década del siglo XX. Algo parecido sucede con el ready-made. La incorporación de objetos se lleva a cabo en los primeros collages. Estamos en el año 1911. Duchamp realizó su primer ready-made en 1913. Eso por no citar la importancia que el objeto tiene durante los años sesenta en algunos de los movimientos más representativos de esa década. Estoy hablando del minimalismo, el arte pop o el arte conceptual. El cuarto de los grandes movimientos de esa década, la performance, también incorporará en objeto pero como imagen fetiche de cara al mercado.

Joseph Beuys resulta una figura crucial en el comportamiento artístico de la segunda mitad del siglo XX. Decía Beuys que cualquier hombre es un artista, enlazando con los planteamientos del movimiento Fluxus. Activista viajero, su aventura cuando fue capturado durante la segunda guerra mundial, cuando se recuperó gracias al uso del fieltro y la grasa, marcarán la mayoría de sus trabajos artísticos, en un proceso que le llevó siendo púber de las juventudes hitlerianas al partido verde en su madurez.

Jackson Pollock es, junto a otros autores americanos, determinante en el trasvase artístico que se produce entre París y Nueva York tras la Segunda Guerra Mundial. Su manera de “danzar” mientras compone sus obras más famosas contrasta con un comportamiento extraño, marcado por el alcohol, al violencia y un accidente de tráfico que terminó con su vida en 1956.

Citamos sólo algunos autores pero hay muchos más nombres que desfilan por el libro y repasan algunos otros momentos del arte del siglo XX. Carl André como representante del minimalismo, su esposa Ana Mendieta reclamando un papel para la mujer que ni siquiera pudo mantener en casa. La omnipresencia de Clement Greenberg como el nuevo modelo de crítico que emerge al mismo tiempo que avanza el siglo XX y cuyo ensayo “Vanguardia y Kitsch” aparece como una idea seminal de los avances que se producen en el ámbito artístico con unas representaciones que se alejan de la realidad para experimentar no solo nuevas formas, sino también nuevos ámbitos de representación artística.

Repasar el siglo XX y tratar de resumirlo en un solo libro resulta harto complicado, pero David G. Torres revisa muchas de las cuestiones cruciales que plantea este siglo prolífico en ideas y en formas de percepción del arte, con momentos de mayor libertad creativa y otros de regresión representados por las dictaduras totalitarias que asolaron Alemania y la ya extinta Unión Soviética.

Y sobrevolando el ambiente la figura del comisario que va ganando importancia en el sistema del arte desde los años 70 y que actualmente aparece como la figura clave, el que realmente marca el ritmo de las exposiciones que se hacen y de las obras que son elegidas para ser mostradas. Desde Harald Szeemann hasta nuestros días, el comisario ha ido ganando importancia, asumiendo papeles que en ocasiones no le corresponden como la crítica de arte, pero reuniendo en su persona el anhelo de otros miembros del sistema por ejercer el comisariado de exposiciones.

Torres logra algo poco común en la historiografía artística: mostrar cómo los “fracasos” y las contradicciones han sido más productivos que los éxitos programáticos. Su genealogía del comisariado no es solo una crónica del poder cultural, sino una reflexión sobre cómo se construye el canon artístico. En un momento donde el sistema del arte mantiene todavía el debate entre la democratización y la elitización, “El ojo espejo” ofrece claves para entender que quizás la tensión sea el motor real del arte contemporáneo.

Rafael López Borrego

Rafael López es licenciado en historia del arte por la Universidad de Salamanca y ha trabajado como docente en diferentes centros. También ha sido coordinador de exposiciones y actividades de un centro de arte contemporáneo y dirigió una feria de arte contemporáneo. Sus intereses se centran en el mundo del arte, la estética y el pensamiento contemporáneo. Tiene una canal de YouTube con 40.000 seguidores y miles de visitas mensuales.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.
Privacidad